“Toy Story 4” (Martín Imer)

Woody busca su destino

Debido al estreno de su más reciente entrega, he observado por ahí varias veces la misma pregunta. ¿Que conquistó tanto al público en Toy Story para que sea incuestionablemente la saga más importante que ha construido el estudio Pixar? Se han esbozado varias respuestas y me permito aquí aportar la mía. Creo que lo que más enganchó al público sobre la propuesta es un elemento fundamental: la sensación de más pura inocencia que emana directamente de la idea de los juguetes de un niño cobrando vida. Es una idea tan infantil y simple que toma un carácter universal y remite tal vez al primer anhelo de un ser humano, su primera fantasía. Todos jugamos de niños con distintos juguetes e interactuábamos con ellos como si fueran humanos, compartiéndoles nuestros pensamientos y frustraciones diarias mientras esperábamos en silencio la respuesta que tal vez si uno la deseaba con muchísima fuerza íbamos a recibir. Pero no era el único componente que influía sobre el éxito de la película, y posteriormente la saga, ya que también contaba con una dirección muy ágil, un riesgo constante a la hora de mostrar los avances tecnológicos de la animación por computadora y un fenomenal libreto que apuntaba tanto a chicos como a grandes contando las particulares aventuras del cowboy Woody, el astronauta Buzz y sus amigos los cuales cobraban vida cuando nadie los veía y revelaban personalidades de lo más variadas, enfrentándose a lo largo de los años con distintos villanos y un sinfín de contratiempos que en definitiva tapaban el mayor de los peligros: el paso del tiempo. Esto se representaba siempre en segunda línea pero de forma implacable en la figura de Andy, el dueño de la simpática banda que comenzaba como un niño pero película a película iba creciendo hasta llegar finalmente al adulto que es en la tercera entrega. Aquí le regalaban al personaje y al público que había crecido mirando esta saga una conclusión catártica y profundamente emotiva que indicaba que los creadores estaban dando un mensaje: es hora de seguir adelante y dejar el pasado atrás, especialmente cuando es tan bonito.

O eso parecía, ya que no pasaron ni diez años y tenemos en cartel Toy Story 4. Se especuló durante mucho tiempo que podría tratarse de un reboot (un reinicio de la franquicia, tan popular hoy en día) pero eso hubiese sido mucho más infiel para el público que había pasado página en la anterior, por lo que ahora se hizo una continuación que invita a pasar página de nuevo, esta vez definitivamente. Para ello vuelve a seguir los pasos de Woody y sus amigos quienes ahora tienen una nueva dueña. La niña ama sus juguetes pero de un día a otro parece ya no sentir ningún deseo de jugar con nuestro protagonista, relegándolo a un frío armario en el que quedan los juguetes olvidados. Para el cowboy es un golpe terrible, considerando que era la figura favorita de su anterior dueño, y decide remediarlo acompañando a la pequeña al jardín en donde ella crea un nuevo juguete a partir de elementos de la basura. La creación se llama Forky e intenta desesperadamente huir de su nueva dueña, algo que cumple cuando ella y su familia se embarcan en un mini viaje. Entendiendo que la niña necesita a su amigo inventado el protagonista va en su búsqueda, encontrándose con un antiguo personaje que había desaparecido de un momento a otro (Bo Peep) y haciendo nuevos amigos en el camino aunque su mente esté puesta en la idea de volver al grupo y salvar el día.

Si hay algo en lo que Pixar ha destacado a lo largo de su extensa filmografía es en la capacidad de agarrar conceptos simples o extraños y usarlos para hablar de un montón de cosas muchas veces muy adultas con envoltorio infantil. Quedará para la historia del cine el demoledor arranque casi mudo de Up: Una aventura de altura o el componente psicológico complejo que pretende presentar Intensa-mente; dos ejemplos mayores del alcance de la productora. Toy story en cierta forma también habló de asuntos más humanos como el valor de la amistad y la aceptación, el paso del tiempo y la madurez poniendo a los juguetes como personajes casi humanos, con inquietudes y miedos que le resultaban al espectador muy identificables aunque nunca había presentado un aspecto bastante interesante que aquí tiene una importancia fundamental: el individuo eligiendo su camino a seguir, o su destino. El ser humano es o pretende ser dueño de sus decisiones, marcar a partir de sus experiencias la forma en la que vivirá su vida; entonces ¿por qué estos juguetes tan humanos no podrían tener el mismo poder? En todas las anteriores los protagonistas estaban directamente ligados a las arbitrarias decisiones de Andy, quien sí tenía ese poder y finalmente elige deshacerse de ellos, pasándolos a otra niña. En definitiva el chico era la razón de la existencia de estos personajes y todo giraba respecto a él, ya que la razón que hacía que volvieran a casa (o se perdieran) era para que no se diera cuenta que faltaban, o se pusiera triste. El primer planteo diferente de este libreto está en ese punto de vista: los juguetes ahora funcionan para sí mismos y no en orden del infante de turno quien en esta oportunidad queda relegado a un segundo lugar a pesar de que la anécdota comience con esa excusa. Es sin dudas muy interesante y hasta tiene su punto existencial: el cowboy ahora debe pensar en sí mismo y el futuro que le espera al lado de la niña o con sus nuevos amigos, dejándolo construir su propia vida. Esto es incluso más importante y dramáticamente más interesante que el final que habían planteado anteriormente, por lo que podría decirse que está perfectamente justificada la vuelta al cine de la saga…

Y sin embargo, lo que se ve en pantalla no refleja del todo esa justificación, aunque esto no quiere decir que estamos ante una mala película. El guion se toma su tiempo para insertar esta idea pero a su vez se ve obligado a meter algún tipo de conflicto que mantenga enganchado al público, agregando una aventura que nunca deja de ser simpática pero que termina consumiendo la mayoría del metraje, muchas veces conspirando contra el resultado global. Una gran virtud de las primeras tres (y sobre todo de la tercera) era su capacidad de combinar la parte más movida con los momentos más emocionales, construyendo algunas escenas puntuales de alto dramatismo que no chocaban con el resto sino que se fundían con enorme resultado. Aquí se pretende hacer lo mismo pero por primera vez comienzan a observarse los hilos de los realizadores, siendo el espectador capaz de distinguir en cada escena la intención o la función que tiene y respondiendo con algo de frialdad, por lo que la fusión no se logra: existen grandes momentos llenos de acción que de repente frenan para presentar alguna aislada escena lenta dentro de un conjunto que favorece el desarrollo de la trama a la reflexión. Cada situación tiene que llevar a la otra con un ritmo que es muy disfrutable pero que ya no permite desviaciones ni momentos más auténticos sino que todo está planeado, calculado. Es cierto igual que los personajes presentan un cambio gradual a lo largo de la trama que termina haciendo más convincente la resolución; es ahí donde se nota que no se descuidó del todo el aspecto emocional.

Hablar a esta altura de los aspectos visuales de las producciones animadas estadounidenses resulta ya una redundancia, especialmente cuando uno considera que tocaron un techo de genialidad y buen nivel, pero aun así esta empresa se las rebusca para ofrecer productos que sigan maravillando en ese sentido y esta no es la excepción. Hay un trabajo muy interesante no sólo en las texturas de los personajes sino en los fondos y la iluminación de las escenas, resultando cada vez más difícil de creer que se trata de algo hecho por computadora. Mientras el espectador más repara en los minúsculos detalles que llenan la pantalla más complacido queda ante el resultado; una absoluta delicia que merece verse en la sala de cine. También es muy simpática cuando decide hacer referencias cinematográficas o directamente del propio universo animado que han construido a lo largo de los años, con algún cameo particular como ejemplo más notorio. Pero tal vez dejando de lado las simpatías casuales o la maravillosa experiencia técnica lo que más resalta de la película es un elemento clave: Pixar parece dejar sentada la idea de una madurez creativa, lo que implica dejar de lado el elemento central de la saga: la inocencia. Aquí comienza a tomar forma la importancia de seguir la voz interna (explicitado con un ingenioso gag continuado protagonizado por Buzz) y comenzar a explorar otros rumbos, lejos de la comodidad de la zona de confort, enfrentándose a nuevos retos que en definitiva son ese futuro contra el cual no podemos luchar sino seguir adelante.

Que este mensaje no se logre del todo no habla de incompetencia sino tal vez de una indecisión a la hora de presentar la película al público. Hay un gran hincapié en los peligros que afrontan los personajes pero sin embargo carecen de tensión al no contar con un villano fuerte, entre otros temas, pero a pesar de esto Toy story 4 es un producto que si bien no está en el mismo nivel que sus predecesoras ofrece un entretenimiento digno y confiable que además invita a algunas reflexiones más que interesantes. Con un destacado aspecto visual y un ritmo constante y ágil se llega a una conclusión que si bien carece de la efectividad emocional que tenía el final de la anterior es tal vez más importante por lo que implica no sólo para la historia sino para el propio espectador. Es valioso que en un género cada vez más básico se sigan intentando generar ideas para reflexionar a la salida de la sala.

PD: Hay una jugarreta del guion bastante curiosa y es que por primera vez en la historia de la saga esta entrega no sucede en la actualidad sino que sigue inmediatamente los acontecimientos de la tres. No hay mucha justificación de esto en la propia película, pero si uno se pone a analizar un poco descubrirá un aspecto clave por el cual se pudo haber tomado esta decisión: en ningún momento de esta película se ve a los personajes humanos usando un teléfono celular, o al menos de una forma que afecte a la trama. Con esto se justifica mucho más que un niño aún siga jugando con juguetes en vez de con alguna aplicación digital, pero también se podría objetar que es una manera de Pixar de decir que el tiempo pasado era mejor, o que ese tipo de infancia era mucho más valiosa que la actual, lo que resulta profundamente irónico en un film que trata justamente de afrontar el futuro…

Toy Story 4” (Ídem, EE.UU, 2019) Dirección: Josh Cooley. Guion: Andrew Stanton, Stephany Folsom. Música: Randy Newman. Edición: Axel Geddes. Con las voces (en inglés) de Tom Hanks, Tim Allen, Christina Hendricks, Keanu Reeves, Tony Hale, Joan Cusack.

Martín Imer (24/06/2019)

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