«Rocketman» (Pablo Delucis)

Más allá de los lentes

Dexter Flechter, el director de la película, ya estaba metido en este proyecto cuando lo llamaron de apuro para sustituir a Bryan Singer en Bohemian Rhapsody. Y lo primero que vale aclarar es que Rocketman es un trabajo encarado de manera notoriamente distinta al que centraba su historia en Freddie Mercury. Aquí estamos ante un musical bastante clásico, con canciones que están interpretadas por los actores, y que la mayoría de las veces están al servicio de lo que la película cuenta en esos momentos. Abundan números musicales con escenografías móviles, decenas de extras y continuos cambios de vestuario. En esos momentos, el film muestra una potencia narrativa arrolladora, lo que sumado, a las en general buenas versiones de los temas, hace que la parte musical esté más que decorosamente defendida.
Bien puede decirse que la película es un largo flashback desde el momento en que Elton entra de forma ampulosa y vestido con un multicolor disfraz de diablo, a una sesión de terapia grupal donde se apura a reconocer que es alcohólico, bulímico, y adicto a las compras y a todo tipo de drogas. De ahí en adelante, en un ir y venir constante en el tiempo, acompañaremos a Reginald Dwight (el verdadero nombre del cantante), desde que era un niño con grandes aptitudes para el piano – pero carente y reclamante de muestras de amor de sus padres – hasta estos días. El énfasis se pone en esa fecunda etapa de las décadas del 70 y 80 en que compuso una gran cantidad de temas que aunaron calidad y popularidad. Por aquellas épocas, también estuvo sumido en crisis depresivas – generalmente debidas a sus problemas con sus vínculos más cercanos como padres y parejas – que lo llevaron a sumergirse en excesos que la película si bien de alguna forma justifica y comprende, no elude en absoluto.
Un detalle no menor es que el propio Elton es el productor del film y todo lo que se cuenta tiene su aval y asesoramiento. Quizás a eso se deba la mayor flaqueza de la película, que tiene que ver con que por momentos se hace demasiado notorio el afán de victimizarse, con culpables marcados a fuego. Por ejemplo, el personaje de John Reid, productor musical y pareja del cantante por muchos años, está presentado de manera casi caricaturesca en su rol de villano.
Además de lo estrictamente musical y coreográfico, lo mejor está en el elenco y en la forma en que se recrea el vínculo de Elton con quien fuera, el autor de la mayoría de las letras de sus canciones, Bernie Taupin. Referido a esto, es sabida la devoción que siente Elton John por la película Billy Elliot (2000), seguramente sintiendo que la historia del personaje principal, puede asemejarse claramente con las primeras etapas de su vida en que el medio en que se movía recibía de manera hostil sus inquietudes. De hecho, el actor que ocupa el rol de Taupin es Jamie Bell, el mismo que protagonizara aquel recordado film de Stephen Daldry. Lo que comenzó como una colaboración musical, y un amor no correspondido, dio lugar a un vínculo que trascendió lo meramente creativo, y que hasta hoy se mantiene vigente; la película lo refleja con sensibilidad y eficacia.
Otro punto alto es la labor de Taron Egerton como Elton. Además de cantar bien, no imita ni se parece demasiado al artista, pero logró captar su esencia en sus poses y mohines extravagantes, pero también en sus inflexiones dramáticas.
Entre la veintena de canciones que se interpretan, los mejores momentos musicales están en Goodbye yellow brick road, Your song, Bennie and the jets, siendo un momento de gran intensidad, el pasaje en que se recuerda la interpretación de Elton como genio del pinball en la memorable ópera rock Tommy (1975), dirigida por Ken Russell (su estilo es una clara referencia en varios pasajes del film) y con música de The Who.
En resumen, estamos ante un musical disfrutable, prolijo y que bien puede oficiar de sentido y justo homenaje a la figura de alguien que luego de contratiempos y sinsabores, ha podido compatibilizar los brillos de su carrera con su vida más allá del piano.
Pablo Delucis (Cartelera, 11­/06/2019)

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