“Dolor y gloria” (Mathías Dávalos)

El primer deseo es el cine

En cuarenta años de carrera, Pedro Almodóvar siempre recurrió a la autobiografía. El cine, las mujeres, la sexualidad. La contracultura de la movida madrileña en los años 80 tras el franquismo. Nunca fue tan directo como en Dolor y gloria, su película número 21. Las metáforas y simbolismos de la película jamás subrayan o dispersan sentimientos de sus protagonistas o del autor, sino que componen un relato de largo aliento y lleno de gracia. Un testamento del manchego.

Antonio Banderas interpreta a Salvador Mallo, álter ego de Almodóvar. En los años 80 fue un reconocido director, pero a sus 60 años es un recluso entre recuerdos, varios problemas de salud y descreído de su talento. El cuerpo aqueja y el alma se acopla al dolor. Banderas, quien en los últimos años ha sido operado tres veces del corazón, compone el personaje con astucia y precisión.

Ante un entorno decadente y pasivo que rodea a Salvador, una excusa dispara la acción: la Filmoteca Española vuelve a exhibir una de sus películas fundamentales,Sabor —guiño de Almodóvar a La ley del deseo (1987)—. Personajes secundarios se cruzan en la vida del autor, donde se destacan el actor Alberto Crespo (Asier Etxeandía) y su expareja Federico (Leonardo Sbaraglia), con quienes ha perdido el contacto durante 30 años. La presencia de Alberto puede referirse al distanciamiento de Almodóvar con Eusebio Poncela, intérprete de La ley del deseo. También Banderas estuvo 21 años sin trabajar con Almodóvar, desde ¡Átame! (1990) hasta La piel que habito(2011), dos películas fundamentales del director español.

Dolor y gloria es un film de interiores, marcado por dos hogares de importancia estética para Almodóvar. Una cueva convertida en casa durante su niñez y un apartamento moderno, ambientado a semejanza de su piso actual en Madrid. Obras de arte, muebles y objetos de valor. “Parece un museo”, le dice Alberto a Salvador durante una visita. Vemos en la pared un cuadro referente a la película 8 y 1/2 de Federico Fellini (1963), influencia ineludible de la película, sobre el bloqueo creativo de un director, entre la nostalgia, los sueños y la vacilación. En un sentido más indirecto y melodramático está la de La noche americana de François Truffaut (1973), sobre la crisis de un autor durante la filmación de una película.

El manejo del tiempo es circular, en favor de la narración y del espectador. El consumo de heroína de Salvador le dispara la novedad, mediante el recurso del flashback: recuerdos de la infancia, donde fluye y arremete con vigor la luz en la vida del niño, con su don para el conocimiento y la sensibilidad. Una vida pobre, donde el sol domina y el cielo siempre está limpio como las sábanas blancas de la primera escena del film, con las lavanderas cantando a la orilla del río. Su madre Jacinta, interpretada en su juventud por Penélope Cruz y por Julieta Serrano de anciana, es otro de los ejes en que se sostiene Almodóvar para abrazar y dar forma a un sentimiento que en un plano final revela sorpresa, oficio y el origen del primer deseo.

Dolor y gloria” (España, 2019). Guión y dirección: Pedro Almodóvar. Elenco: Antonio Banderas, Leonardo Sbaraglia, Penélope Cruz, Asier Etxeandía, Nora Navas, Julieta Serrano, Cecilia Roth, Raúl Arévalo. Fotografía: José Luis Alcaine. Música: Alberto Iglesias. Montaje: Teresa Font. 113 minutos.

Mathías Dávalos (09/06/2019)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *