«Gosford Park» (Eduardo Alvariza)

76 años y tan campante

Ha sido definido como un cineasta certero, ácido y despiadado para retratar la sociedad americana. Y es verdad. Algunas de sus películas injustamente olvidadas como Del mismo barro, o de las más destacadas de los últimos tiempos como Ciudad de ángeles, de los primeros tiempos como El volar es para los pájaros y de todos los tiempos como Tres mujeres, Un adiós peligroso y Un día de boda, poseen una visión dura y pesimista, y por suerte irónica, no precisamente del ser americano sino del ser a secas, al menos del ser occidental y cristiano.

A este asombroso viejo de 76 años le encanta, como a un boxeador bien entrenado, pegarle duro a la bolsa de la humanidad y matarse de risa, una y otra vez. Su visión del mundo no es simpática, pero cuando uno encuentra el humor y saborea el estilo con que Robert Altman hace las cosas, goza como un condenado.

En Gosford Park vuelve a jugar con un impresionante elenco, esta vez ambientando la historia en una fastuosa finca de campo británica, en los años ’30, con muchos aristócratas, sirvientes y un asesinato. Semejante laberinto de voluntades sólo puede funcionar si la orquesta la dirige una mano certera. El propio Altman dijo que la película era un cruce entre Agatha Christie y Jean Renoir. Qué va. Es Altman puro. Desparramar personajes y hacerlos interactuar es su marca de fábrica.

«La industria no quiere hacer siempre la misma película. Yo sí, y además estoy muy viejo para cambiar», dijo el viejo una vez.

Tomen nota del desfile actoral: Kristin Scott Thomas, Maggie Smith (que se lleva los mejores chistes), Alan Bates, Michael Gambon, Emily Watson (que está mejor que nunca), Derek Jacobi, Richard E. Grant, Jeremy Northam, Helen Mirren, Bob Balaban, Ryan Philippe y Charles Dance, que hace apenas un papelito pero la gasta. Dance había sido un malo soberbio de diente dorado en El último gran héroe y había sucumbido ante la bestia en Alien, la resurrección. El hombre aparece brevemente pero se hace notar. Merece protagónicos destacados.

Lo que más llama la atención en las películas de Altman es la cantidad de niveles que despliega. Las cosas suceden en un primero, segundo y hasta tercer plano, porque los personajes se mueven para un lado, para el otro, entran y salen de cuadro, dicen cosas y ponen caras y el espectador no se pierde. Es el sello del maestro, un sello con garra y para gargantas fuertes. El viejo tendría que hacer un aviso de Johnny Walker más pesado que el de Harvey Keitel derribando paredes y enfrentando leones. Luciría ideal con esa perita blanca y la mirada penetrante de un demonio. Meta pata y meta energía y meta películas.

«Es muy difícil encontrar gente decente en el mundo de los negocios. Todos responden a una estructura corporativa, y además, el arte no les interesa», dijo una vez.

Bueno, también hay que ser sinceros y justos, Gosford Park dura dos horas y media. Si el viejo le hubiera quitado media hora seguro que la mejoraba. Y me animo a decírselo. Debo reconocer que últimamente he sido contagiado por el virus de la media hora, y es que a muchas películas les sobra media hora, siempre al final. El hombre que nunca estuvo, de los hermanos Coen (que se estrena este viernes), está bárbara, pero también se llega a estirar… media hora.

Gosford Park tiene siete nominaciones para el Oscar, incluyendo mejor película y dirección, pero muy pocas posibilidades de ganarlo. Los chistes del viejo no son para el salón hollywoodense. Si le diesen un Oscar tal vez iría a recibirlo, pero no se encontraría demasiado a gusto en la fiesta, le vendrían ganas de borrarse, llegar rápido a su casa y sentarse a escribir un guión sobre miserias insalvables, siempre con inteligencia y humor, siempre igual a sí mismo.

Es cierto que a veces la Academia sorprende y premia películas realmente valiosas, como Belleza americana. Pero mientras la película de Sam Mendez habla del largo camino hacia la libertad, que es en el fondo la odisea que recorre el personaje de Kevin Spacey, Gosford Park, desde otra época y otro ámbito, condena al ser humano a padecer miserias insalvables, y semejante visión es más desagradable para el público, aunque no menos cierta.

«Hacer cine es una forma de vivir muchas vidas», dijo el viejo alguna vez. Y gracias a Dios tiene más vidas que un gato.

«Gosford Park» (Gosford Park). EE.UU. – Gran Bretaña, 2001. Dirección: Robert Altman. Escrita por Julian Fellowes, sobre idea original de Bob Balaban y Robert Altman. Cines Moviecenter Montevideo Shopping y Portones y Hoyts Punta Carretas.

Eduardo Alvariza (Búsqueda, 14/03/2002)

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