«La gran estafa» (Eduardo Alvariza)

Pandilla de amables estrellas

Ninguno de ellos desentona, ni es mal educado, ni prescinde de la elegancia incluso para insultar. Son once individuos amables, de esos capaces de gastar una considerable suma de dinero en una buena manicura y observar, con agradecida sonrisa y todo el tiempo del mundo, cómo la chica hace su trabajo. Pero son ladrones, y se les ha pasado por la cabeza hurtar 150 millones de dólares de las vóvedas de tres casinos en Las Vegas. Sí, algo insensato, en particular si no se repara en que el dueño de los tres casinos es el astuto zorro Andy García.

Además de García tenemos a George Clooney, Brad Pitt, Julia Roberts, Elliott Gould, Matt Damon, Don Cheadle y más… Sí, otras tantas bóvedas de casinos serían necesarias para pagar semejantes salarios. Pero según dicen, todas las estrellas redujeron su cachet por simpatía al proyecto y por trabajar con Steven Soderbergh, que comenzó como cineasta de talento innovador e independiente (Sexo, mentiras y video, El rey de la colina, Kafka), se fue corriendo hacia la industria hollywoodense con oficio pero no mucha originalidad en algunos casos (Un romance peligroso, Erin Brockovich), con mejores ideas en otros (Traffic), hasta aceptar La gran estafa, un megaproyecto que le ofreció la Warner y que está basado en Once a la medianoche (1960), con Frank Sinatra, Dean Martin y Sammy Davis Jr., una película que -casi todo el mundo coincide- era soporífera.

Luego de rodar esta superproducción estelar Soderbergh declaró que era tiempo de volver a realizar «algo pequeño, muy pequeño«, y metió mano y cabeza en una comedia de dos millones de dólares, Full Frontal, definida por el propio cineasta como una especie de continuación de Sexo, mentiras y video. Indudablemente necesitaba respirar un poco, algo así como la cura por la pobreza. Denme menos dinero pero déjenme en paz.

Bueno, en La gran estafa Soderbergh -también productor del proyecto junto a Clooney- se encarga de hacer rodar la historia con amabilidad, él también educado para decir las cosas, atento, servicial, las manos detrás de la cámara con una buena manicura, alguien que ha cuidado los detalles y lo tiene todo medido pero que no arriesgará absolutamente nada. Por eso, más allá de la simpatía generada por tantas estrellas que, según dicen, disfrutaron durante la filmación (a pesar de que antes de terminar el rodaje ocurrió el atentado del 11 de setiembre), una buena banda sonora, las deslumbrantes luces y la agitación de los casinos de Las Vegas, no hay demasiadas ideas frescas, humor ni cambios de ritmo, algo que debe tener una película que desarrolla paso a paso semejante atraco. Vamos, hombre, debería surgir un contratiempo, un imprevisto, algo que quebrase la linealidad. Y sin embargo, nada. Eso sí, seguimos disfrutando de una pasarela de famosos, porque allí están Clooney, Pitt, Damon, Roberts y compañía, que en definitiva son los verdaderos responsables de que la gente pague la entrada.

El señor Clooney se desempeña correctamente, pero esa corrección la viene arrastrando hace bastante tiempo. Aún está lejos de moverse dentro de los personajes y poder transmitir algo más que los diálogos bien entonados. Su mejor momento cinematográfico fue cuando se retira pausadamente hacia el interior del barco ya hundido en Una tormenta perfecta. Tampoco estaba mal, con ese bigotito a lo Clark Gable, en ¿Dónde estás, hermano?. Además, piensa debutar en la dirección con Confesions of a Dangerous Mind, sobre la CIA, donde también será protagonista.

Damon no desentona, pero tampoco entona. Una vez más aparece como el chico solitario y callado de la fiesta.

Cheadle está bien, siempre bien.

Pitt es ingenioso (al parecer inventó que su personaje comiera todo el tiempo) y sigue demostrando, con pequeñas diferencias y película tras película, que es un actor con gama para las caracterizaciones, aunque las que le ofrezcan vayan casi siempre por el mismo lado.

Gould se divierte, le sobra experiencia para divertirse.

Y García, que primero es un caballero imperturbable, luego un amante nervioso, más adelante un empresario sin paciencia y finalmente un mafioso enfurecido, está bárbaro, es el mejor de todos, lejos, precisamente porque es el único personaje que tiene cambio de ritmo, variación en la intensidad, sorpresa.

¿Y Roberts, nuestra chica en este exclusivo Club de Tobi?

Honestamente, y sé que muchos me matarían por esto, me tiene podrido.

«La gran estafa» (Ocean’s Eleven). EE.UU., 2001. Dirección: Steven Soderbergh. Guión: Ted Griffin. Con George Clooney, Brad Pitt, Julia Roberts, Andy García, Matt Damon, Don Cheadle, Elliott Gould, Carl Reiner. Cines Ejido, Moviecenter Montevideo Shopping, Punta Carretas y Portones.

Eduardo Alvariza (Búsqueda, 14/02/2002)

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