«El gusto de los otros» (Alina Dieste)

Sobre la tolerancia y otras yerbas

Excelente ópera prima de la franco-tunecina Angès Jaoui.

¿Qué nos gusta? ¿Qué les gusta a quienes nos rodean? ¿Qué somos capaces de soportar del gusto ajeno? ¿Qué se vuelve difícil de tolerar de nuestros propios gustos? Aceptar a los demás sin traicionar nuestra individualidad no es, ni fue nunca, poca cosa. Pero El gusto de los otros, el exquisito, inteligente y audaz, debut como directora de la también actriz y libretista franco-tunecina Agnès Jaoui, demuestra con eficacia que superar los prejuicios no sólo es una aventura muy recomendable, sino una forma de enaltecer nuestra pequeña humanidad. Sólo por esto, bien otorgados están los cuatro premios César 2001, el principal galardón del cine francés, y la nominación al último Oscar como mejor película extranjera, que esta comedia dramática recibió, además de la aclamación de la crítico y el éxito de taquilla: solamente en Francia fue vista por cuatro millones de personas.

Pero aunque la exclusión es el tema central, este filme propone mucho más que la aceptación de lo diferente. Envolvente, su intensidad crece a medida que avanza la historia y así surgen, como si se desmadejara un novillo, asuntos tan actuales como candentes: reclamos feministas, planteos éticos sobre las drogas ilegales, quejas sobre el esnobismo de los intelectuales, cuestionamientos sobre la fidelidad a la pareja, desencantos por la corrupción del poder, incertidumbres por la inestabilidad laboral. Todos, sin embargo, están presentados sin pretensiones ni maniqueísmos, delineados con sutileza en diálogos, silencios y situaciones, con detalles hilvanados con gracia, que permiten revelar al mismo tiempo lo patético y lo maravilloso de la cotidianidad. Gran mérito del guión, también obra de Jaoui y de su marido, el actor Jean-Pierre Bacri, protagonistas de la película. Al dúo, que ya demostró su capacidad para crear personajes entrañables en películas como Un aire de familia de Cedric Klapisch, y en Smoking/No smoking y Conozco la canción, de Alain Resnais, le llevó diez meses de trabajo escribir este tratado sobre la convivencia humana. Su lograda galería de gustos y disgustos muestra que se tomaron en serio el trabajo.

Claro que un buen libreto necesita de buenos actores -y de buena dirección de actores- para lucir sus bondades. Aquí ambas cosas confluyen, haciendo que la profundidad del guión se vuelva sustancia. Estrenándose como directora, Jaoui, una judía nacida en Francia de padres emigrados de Túnez, crea el clima justo a cada situación con un elenco que no le es desconocido (ella y su esposo pensaron en el reparto al escribir), explotando así las ricas aristas del libreto. Su método -reconoció- radicó en transmitir confianza y seguridad a los actores, algo que ella misma aprecia en un director cuando actúa. Tuvo éxito. Porque esa sonrisa bien colocada allí, ese gesto bien logrado allá, esa torpeza al andar acullá, todo suma y le da vuelo a una anécdota aparentemente menor: un empresario exitoso pero culturalmente poco cultivado (impresionantemente interpretado por Bacri) que se enamora de una actriz descontenta con su vida que da clases de inglés para llega a fin de mes (Anne Alvaro).

Como buena película coral, otros relatos se entrelazan: el del chófer enamorado e idealista (Alain Chabat), el del guardaespaldas desconfiado y escéptico (Gérard Lanvin), el de la moza del bar que trafica marihuana y hachís para completar el sueldo (papel que se reserva para sí la bella Jaoui), el de la mujer abandonada por su esposo (Brigitte Catillon), el del ama de casa decoradora (Christiane Millet), el de la vestuarista que busca el amor (Anne Le Ny). La trama también se nutre de sus ilusiones y desilusiones, de sus encuentros y desencuentros, y sobre todo, de su afán por hacer lo que le gusta, por descubrir otros mundos, por forjarse un destino. Sus problemas se exponen sin miramientos y muchos se sentirán identificados con el hombre que teme que su novia lo engañe, con el marido harto de que su esposa le controle la comida para que no engorde, con el veterano que intenta pronunciar correctamente en inglés, con la mujer que encuentra el mundo demasiado cruel.

Después de ver esta película uno seguramente sonría la próxima vez que se cruce con una pareja despareja o que conozca gente fuera de su círculo. El gusto de los otros despierta un optimismo sereno y realista, esperanzador en momentos en que el mundo está en guerra -aunque en Uruguay nos parezca lejana-. Al fin y al cabo, a veces se pueden saltar las vallas que nos aíslan del resto de la humanidad. Nunca dejaremos de estar muy solos en esta vida, pero por momentos quizás nos sintamos algo más acompañados.

«El gusto de los otros» (Le goût des autres). Francia, 1999. Dirección: Agnès Jaoui. Guión: Jaoui y Jean-Pierre Bacri. Fotografía: Laurent Dailland. Música: Jean-Charles Jarrell. Con Jaoui, Bacri, Anne Alvaro, Alain Chabat, Gérard Lanvin, Christiane Millet. Cines Plaza Libertad, Casablanca, Grupocine Punta Carretas y Alfabeta.

Alina Dieste (Búsqueda, 06/12/2001)