“Ausencia de mí” (Martín Imer)

Inmortal voz del Uruguay

Luego de que la familia de Alfredo Zitarrosa entrega al Estado todas las pertenencias materiales del famoso cantante, comienza la ardua tarea de catalogar y ver los archivos que dejó atrás al morir. Estos datan de la época de los 70, particularmente sobre los años en los que se halló exiliado luego de que la dictadura militar prohibiera sus canciones. La tristeza, la amargura y la impotencia generan un combo explosivo en la autoestima y la creatividad del uruguayo, el cual hallará un escape en las cintas que va grabando día a día, en donde deposita sus sentimientos más íntimos y se muestra totalmente desnudo del mito que lo rodea. Melina Terribili va construyendo los pasos del exiliado, con un gran respeto hacia la intimidad del protagonista, ya que si bien se ve mucho de su soledad los tiempos en familia son muy limitados en pantalla, reduciéndose a algunas llamadas o alguna situación puntual.


El documental usa dos líneas temporales para contar la historia, y ambas hablan en definitiva del espacio vacío: en primer lugar el detallado exilio de Zitarrosa, donde se puede apreciar de qué manera lo llega a deteriorar en su espíritu el irse, y en segundo lugar el descubrimiento del material en el presente; los múltiples significados que termina adquiriendo el archivo tanto para la familia como para el interés público. Se hallan aquí poesías, intentos de canciones nuevas y reflexiones profundas, de un dolor profundo sobre las esperanzas rotas con respecto al futuro del país. Es importante remarcar también al Uruguay como un gran protagonista en este documental, ya que la voz de Zitarrosa es la voz del país, de todos sus intentos de prosperar y sus errores, aferrándose a la esperanza. Los caminos de ambos pueden estar separados físicamente pero se encuentran unidos en lo más privado del corazón; por ende no es ninguna sorpresa que el interés del cantante y el enfoque del documental sean políticos, reflejen tan bien una época y un sentimiento de enorme represión pero también de libertad.


Uno imagina que, debido a lo interesante del archivo y la extensión de este, debe haber sido un trabajo descomunal para la directora el seleccionarlo, encontrar una línea narrativa coherente y fuerte que abarque lo más importante, y es un gran logro de Terribili y la montajista Valeria Racioppi el haberlo encontrado: la película logra tener sus objetivos muy claros pero a su vez cierta soltura que permite un análisis más amplio de la vida en represión del país (y el continente) además de entrar de lleno en la mente de un exiliado, sea famoso o no. Es por eso que cuando suena, en la parte final «Adagio en mi país» uno no puede evitar sentir al escucharla el mismo dolor que seguramente sintió Zitarrosa al cantarla al volver al país, e incluso peor aún al ver como las cosas no han cambiado tanto. El problema es que efectivamente la memoria parece no servir en la modernidad, ser tan solo un estorbo, una imagen tan borrosa como las fotos más malgastadas que aparecen durante el metraje. No es un deber sino una obligación de todos nosotros mantener vivo en el recuerdo todo aquello que nos caracteriza y nos define como uruguayos: nuestras tradiciones, formas de ser y nuestros íconos, totalmente golpeados y bastardeados por el paso del tiempo.



«De los sos oios tan fuerte mientre lorando
Tornaua la cabeça e estaua los catando:
Vio puertas abiertas e uços sin cannados,
Alcandaras uazias sin pielles e sin mantos,
E sin falcones e sin adtores mudados.
Sospiro Myo Çid ca mucho auie grandes cuydados.
Ffablo Myo Çid bien e tan mesurado:
Grado a ti Sennor Padre que estas en alto,
Esto me an buelto myos enemigos malos.»


Se ve que el sentimiento de angustia hacia el exilio es tan fuerte en la época del Mio Cid (no me pregunten por qué, pero pensé en este cuento luego de ver la película) como en la de Zitarrosa y seguramente también como en la actual. Es arrancar al ser humano de parte de su esencia, de lo que lo hace sentirse implicado en la sociedad y en definitiva de su lugar en el planeta. Es tan profundo el lugar al que llega Ausencia de mí que es imposible no salir algo triste de la sala, pensando en cómo reaccionaría uno ante el alejamiento, especialmente si se es un símbolo tan importante de la libertad como lo fue el cantante. Esta tristeza podría jugar una mala pasada y socavar en la memoria del espectador los méritos de una película valiosa, dura y reveladora, que no para de sorprender y emocionar. Un gran homenaje a una figura inmortal de nuestro país.

Ausencia de mí” (Ídem, Uruguay/Argentina, 2018) Fotografía, guion y dirección: Melina Terribili. Montaje: Valeria Racioppi. Sonido: Gaspar Scheuer.

Martín Imer (13/05/2019)

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