«Garage Olimpo» (Jaime Costa)

Un sumiso vínculo de hace 20 años

La relación entre una prisionera y su torturador es lo único novedoso de Garage Olimpo, un filme dramáticamente inconvincente pero valioso en el registro de los métodos represivos.

En las primeras escenas, que parecen no guardar relación con el resto de la historia, una joven militante guerrillera pone una bomba debajo de la cama de quien se supone es uno de los jerarcas de la dictadura militar argentina. El mecanismo es particularmente cruel, pues el artefacto se acciona por medio de un resorte cuando la víctima se acueste a descansar y apoye su cuerpo en el detonador fatal. Ese hombre que va a morir tiene una hija con la cual intercambia frases de afecto y el espectador se cuestiona en ese momento la forma atroz de aniquilamiento a traición que utiliza el terrorismo para liberarse de sus enemigos. Más tarde sin embargo, cuando ese mismo espectador ya ha visto el horrible sistema de tortura y exterminio que practica la dictadura contra la guerrilla, las primeras escenas cobran repentinamente sentido y explican el doloroso escenario de matanza y horror que se vivió por estas latitudes hace apenas 20 años.

Ese apunte inteligente, que plantea una situación, la abandona por otra y vuelve a retomarla casi al final, para cerrar coherentemente el relato cuando los datos que faltaban han sido proporcionados, no es en cambio lo habitual en esta película de Marco Bechis que plantea una extraña historia de sumisión entre una prisionera y su carcelero.

Burocracia cruel

Desarrollada en un centro de detención que bien podría ser el tristemente célebre de Automotores Orletti, se muestra el sufrimiento de María (Antonella Costa), torturada y luego alojada en un sucio calabozo donde descubre que el encargado de interrogarla es nada menos que Félix (Carlos Echevarría), un novio tímido que alquilaba una habitación en su propia casa y que en realidad era un infiltrado en la organización clandestina. Como el sujeto todavía la ama, María cede a un explicable sentido de supervivencia y busca la protección de su torturador para intentar seguir viva, sea como sea. Lo único que se sabe de ella es que enseñaba a leer y escribir a trabajadores muy pobres en las villas miserias de Buenos Aires, lo que resalta su idealismo y lo contrasta con la otra guerrillera dedicada a poner bombas.

Eso no es muy inteligente, porque muestra a María como una víctima inocente cuando la cuestión es otra: su martirio sería igualmente condenable aun si fuera responsable de actos terroristas, pero como en ningún momento de la película se informa sobre los otros detenidos sino simplemente se muestra que son torturados y luego drogados para arrojarlos desde un avión militar sobre el Río de la Plata, hay que pensar que la opción de Bechis es voluntaria. También se quiere mostrar a los torturadores como seres que hacen su trabajo con toda naturalidad, como si fuese una tarea burocrática, lo que pone bien en claro el grado de descomposición moral que reinaba en esos tiempos.

Obviamente no se quiso hacer nada similar a La noche de los lápices, que movía resortes emotivos, ni tampoco a La historia oficial, que planteaba dramáticamente el caso de los niños desaparecidos. Hay un tono semi-documental, casi frío, ciertamente distante, salvo en sus picos de horror que tienen que ser naturalmente conmocionantes.

La película se centra en ese siniestro Garage Olimpo y sale de allí solamente para mostrar la inútil búsqueda que emprende la madre de María (Dominique Sanda), un personaje igualmente inútil, o un Buenos Aires indiferente y distante que festejaba los triunfos de la selección de fútbol en el Mundial de 1978.

Salvo el elemento documental que contiene el filme, bastante explícito en lo que se refiere a los métodos de tortura y en los vuelos de la muerte donde desapareció tanta gente, su mórbida historia de amor y sumisión no es dramáticamente sólida y no agrega nada a la parte testimonial, que es la que supuestamente se quiso resaltar. Por eso en realidad sólo se suma a un tema que ya ha sido tratado varias veces por el cine argentino y que, a la distancia, merecía una aproximación más profunda, más reflexiva, tal vez más cuestionadora. Claro que es un documento valioso por lo que muestra y por cómo lo muestra, pero lo que dice ya fue dicho (mejor o peor, no viene al caso) y sus personajes no tienen calor humano ni convicción dramática.

«Garage Olimpo» Origen: Argentina/Italia/Francia, 1999. Director: Marco Bechis. Libreto: Marco Bechis y Lara Fremder. Intérpretes: Antonella Costa, Carlos Echevarría, Dominique Sanda, Chiara Caselli, Enrique Piñeyro, Pablo Razuk. Duración aproximada: 100 minutos. Estreno: Cinemateca 18. *** (Buena)

Jaime E. Costa (El Observador, 04/06/2000)

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