«Grito de libertad» (Jaime Costa)

Vivir y morir en Sudáfrica

El tema es importante y hay que agradecer al director y productor Richard Attenborough (Gandhi) la audacia para denunciar el régimen racista y represor de Sudáfrica legalizado bajo el nombre de Apartheid, por el cual un 10% de población blanca somete, explota y desprecia al 90% restante, negros nativos sin derechos civiles. El inequívoco compromiso de Attenborough se refleja en su voluntad de contar una historia real, desde el punto de vista de un periodista blanco (Donald Woods) que ha conocido a un líder negro y proscripto (Stephen Biko), que lucha por los derechos de su gente, pregonando la no-violencia y el orgullo de su raza. El problema es que Woods, liberal que se opone al Apartheid, no comprende en principio cuál es la verdadera motivación de Biko. Porque él pertenece a una familia que ha vivido en Sudáfrica durante cinco generaciones y se considera tan nativo y tan integrado a esa tierra como los mismos negros. Sin embargo, Woods vive en una casa palaciega, con piscina y vista al mar, gozando de todos los privilegios que un negro, por más educación que reciba, no tiene derecho a poseer. La relación entre el periodista y el proscripto Biko, servirá para aclarar las ideas de Woods (e informar de paso al espectador), sobre la verdadera situación de un pueblo oprimido, ante lo cual las autoridades (blancas) son cómplices. Una entrevista con el cínico jefe de policía, despejará las dudas de Woods acerca de quién tiene en sus manos el poder de hacer cumplir la «ley».

Durante 90 minutos, Attenborough y su libretista John Briley se dedican a mostrar la realidad social y política de Sudáfrica, inspirados en los libros que Woods logró publicar fuera del país, luego de escapar de allí tras el asesinato de Biko a manos de la policía del régimen. Con filmación en Zimbabwe y asesoramiento del propio Woods, Attenborough logra una creíble ambientación y mueve escenas de masas con la misma espectacularidad que lo había hecho en Gandhi. Como en ese filme laureado, aquí hay otro líder pacifista que lucha por la libertad de su pueblo, ilustrando su vida con el entorno colectivo adecuado, que haga sentir al público el apoyo popular de ese hombre y la honestidad de su prédica. Tal vez haya que reprocharle al director su esquematismo en el diseño de los personajes y la facilidad con que decreta conductas y actitudes con fines más didactista que dramáticamente creíbles. Pero el balance es positivo en lo que se refiere a su mensaje, compartible por todo espectador sensible, si bien éste luce (como en Gandhi), lineal, sin matices, confiado a la propia fuerza del tema pero sin la grandeza que un director más creativo hubiera sabido extraer de él.

Lo malo es que Grito de libertad dura una hora más de lo necesario. Luego de la muerte de Biko, Attenborough se dedica a un largo epílogo con falso suspenso, ya que todo el mundo sabe, que Woods escapó de Sudáfrica, publicó sus libros y gracias a ellos se hizo esta película. Dedicar tanto espacio a los pormenores de la huída de Woods (que había sido declarado proscripto y su libro considerado como traición) parece no solamente un exceso de metraje sino una concesión comercial que deja un poco de lado el verdadero tema del filme y especula con resortes más aventurescos y accesibles para plateas populares. Con ello se rebaja la calidad de un filme que había dicho cosas muy graves y condenables sobre un régimen que la mayor parte del mundo repudia y contra el cual el director toma partido. A fin de cuentas, parece tanto o más importante la fuga de Woods, la reunión con su familia, ya fuera de Sudáfrica, y la mirada nostálgica que todos dirigen desde la ventanilla del avión sobre la querida tierra que abandonan para siempre, que la tragedia de todo un pueblo que se queda allí y deberá seguir sufriendo la opresión y la injusticia con o sin Woods que la denuncie.

En los papeles centrales, Kevin Kline (Woods) y Denzel Washington (Biko) cumplen adecuadamente con lo que les marca el libreto, pero sin mayor convicción dramática. Mucho mejor están Penelope Wilton (Wendy Woods), Juanita Waterman (la señora Biko) y Josette Simon (la Dra. Ramphele), cuya máscara refleja más acertadamente los verdaderos alcances de esos hechos tan trágicos. Si Grito de libertad no alcanza la grandeza que su tema requería, es por las limitaciones de Richard Attenborough como realizador cinematográfico, a pesar de que sus buenas intenciones estén inequívocamente fuera de toda sospecha. Hay que confesar que sus dos horas y media no pesan, lo que sin duda revela una calidad artesanal que no se puede desconocer.

«Grito de libertad» (Cry Freedom). Inglaterra, 1987. Director y productor, Richard Attenborouh. Libreto de John Briley sobre «Biko» y «Asking for Trouble» de Donald Woods. Fotografía en pantalla ancha y color, Ronnie Taylor. Música, George Fenton y Jonas Gwangwa. Diseño de producción, Stuart Craig. Intérpretes: Kevin Kline, Denzel Washington, Penelope Wilton, Juanita Waterman, Josette Simon, Kevin McNally, Timothy West, John Matshikiza, John Thaw, Miles Anderson, Alec McCowan. Producción Marbie Arch para Universal. Estreno: Censa, 11/4/88.

Jaime E. Costa (Últimas noticias, 15/4/1988)

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