“Sueño Florianópolis” (Taller de crítica: Camila Mussini)

Vacaciones, una ruta, una familia, un sueño, Florianópolis.

La actriz y directora porteña Ana Katz, un gran ejemplo de las mujeres directoras en el cine argentino, con varias películas en su haber, tales como Una novia errante, Los Marziano, Mi amiga del parque, alguna de ellas premiadas internacionalmente.

Katz dice que la película narra una travesía y, a la vez, es el relato de toda una transformación.

Con un gran reparto, Mercedes Moran y Gustavo Garzón, el film nos lleva en el tiempo a principios de la década del noventa, donde una típica familia porteña de clase media emprende un viaje para vacacionar en Florianópolis, un destino paradisiaco y muy elegido en aquellos años cuando el cambio era favorable.

Un matrimonio de sicoanalistas cincuentones en crisis, Lucrecia y Pedro, que están “técnicamente” separados, porque ya no están viviendo juntos pero aún no han tomado la decisión de separarse definitivamente. Junto a sus dos hijos adolecentes buscan un sueño de vacaciones que no es compartido ya que, aunque dicen querer estar en familia, en realidad cada uno quiere experimentar su independencia con la libertad que implica estar de turistas en otro país.

La locación para la película fue Armacao, una bellísima localidad agreste y natural, donde la vida cruza por azar a nuestra familia con Marco y su ex pareja Larissa, quienes le brindan hospedaje, desencadenando una peculiar interacción entre los personajes.

“La vida es corta” le dice Marco a Lucrecia -el personaje de Mercedes Moran por el que recibió el premio de mejor actriz en el festival de Karlovy Vary-, una mujer que, en las vísperas de su cumpleaños, busca con ansias salir de la estructurada comodidad y del tedio de la rutina porteña, a través del gozo de lo sencillo; encontrando en estas vacaciones una oportunidad para redescubrirse y definir el futuro de su matrimonio.

Los personajes se encuentran y desencuentran en el correr de la película, dejando entrever las distancias que los separan a pesar de estar allí, juntos.

Una comedia dramática, donde nos reímos de nosotros mismos al vernos retratados en los personajes, con características actitudes rioplatenses, como por ejemplo, quejarnos de nuestros compatriotas. Cuando al inicio de la película Pedro se queda sin nafta y varados en la ruta con su familia hacen dedo, un auto sigue de largo sin parar, a lo que finalmente exclama “Argentino tenia que ser”.

La directora usa con maestría las graciosas características distintivas entre argentinos y brasileros, así como las dificultades en la comunicación ocasionadas, por el idioma, con el uso del portuñol.

Una visión dulce y melancólica de los años del uno a uno, con una hermosa fotografía, buen uso de los recursos musicales, una ambientación impecable, colorida y alegre. Diálogos naturales tan fluidos que me hacen sentir como en familia.

Muy recomendable

Camila Mussini (21/02/2019)

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