“En guerra” (Taller de crítica: Camila Mussini)

1100 in lutte

Por un lado 1100 trabajadores de una fabrica de autopartes francesa, por el otro lado una multinacional Alemana, dueños de la fabrica.

Un problema: la fabrica no es competitiva para el mercado globalizado.

Una solución: cerrar la fabrica.

El director francés Stephane Brizé, nos interioriza en una ardua lucha sindical que pasa por todas las etapas posibles, desde la negociación hasta la ocupación.

Vincent Lindon, el actor fetiche de Brizé, encarna perfectamente en el papel de Laurent; con sus duros gestos, sus rasgos curtidos, su tono de voz que se adecua perfectamente a cada situación y su mirada desafiante.

Laurent, un líder sindical carismático y honesto, lleva en sus hombros la responsabilidad de representar a los trabajadores en las negociaciones. Un personaje tenaz que no se detiene ni se calla ante nadie, porque cuando se trata de defender los intereses y el bienestar de los trabajadores, hay que recordar que solo la unión hace la fuerza. Cuando las multinacionales se unen a los gobiernos y son amparados por leyes y subsidios, los números de los balances adquieren mas fuerza y preponderancia que la vida y el porvenir de miles de trabajadores y sus familias. Una problemática social y pólitica contemporánea que se ve reflejada mundialmente.

El director crea perfectamente una atmósfera angustiante, utilizando efectos musicales y sonoros, como por ejemplo la voz de los periodistas de los noticieros de fondo para algunas escenas, asi como un estilo de filmación de cámara en mano desenfocado, movido, veloz -como si fuera un documental-, lo que acentúa el sentimiento de desesperación y agitación.

Todo esto, sumado a un guión y actuaciones muy naturales, una trama muy atrapante y coherente que logra que el espectador se traslade a la pantalla, y sienta en carne propia la lucha apremiante de los trabajadores contra el tiempo, en pos de la resolución de un conflicto que parece nunca terminar, nos mantiene en suspenso hasta el final.

Lamentablemente en este mundo de dividendos, accionistas insaciables y leyes injustas, no hay lugar para seres humanos idealistas.

Un drama violento, agudo y cortante, como una herida que no deja de sangrar.

Excelente.

Camila Mussini (22/02/2019)

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