«El gemelo» (Jaime Costa)

Divo por partida doble

En las primeras escenas, Mathias Duval (Pierre Richard) pierde hasta el reloj en un juego de póker, peor no se amilana. Tiene amigos en la Costa Azul que pueden alojarlo durante varios días para que el hombre lamente su ruina económica entre mansiones opulentas, piscinas fabulosas y mujeres apetecibles. La bancarrota es muy llevadera. Pero Duval es además un mujeriego y, lo más sorprendente, gusta a las mujeres, por lo que no tiene problemas cuando una rubia provocativa y multimillonaria le hace la corte y se muestra encantada con su nueva conquista. Cualquier individuo sin un franco en el bolsillo estaría más que satisfecho con semejante éxito, pero resulta que Duval es curioso y no puede resistir la noticia de que esa rubia (Carey More) tiene una hermana gemela, idéntica a ella como dos gotas de agua, e igualmente provocativa (Camilla More). Entonces Duval inventa la descabellada idea de presentar a su vez un hermano gémelo, Mathieu, más forma que él y que usa anteojos (él, en cambio, usa lentes de contacto). Las dos parejas marchan viento en popa, aunque con un inconveniente, claro: Duval no puede desdoblarse simultáneamente, por lo que debe improvisar excusas para no comparecer jamás al lado de su hermano, turnándose en la cama de cada una de las chicas.

Las excusas que el individuo utiliza para disimular el engaño, no convencerían ni a un ciego, pero el libreto sigue adelante, pensando que todo es muy divertido y que Richard es un gran cómico, dúctil e ingenioso.

Ese error posibilita que el espectador tenga que hacer un esfuerzo de abstracción y suponer que esas dos chicas, tan monas como malas comediantes, puedan elegir a Duval como futuro marido a fin de cumplir con una cláusula del testamento, que les exige casarse, pero también porque se enamoran verdaderamente de él (o de ellos), obligando al pobre tipo a realizar maratónicas corridas de una alcoba a la otra a fin de cumplir con sus dos papeles. En cierto momento, se produce la impresión que el tema se ha agotado, mientras el libreto sigue estirando las situaciones hasta el límite de lo tolerable, con lo que el asunto se convierte en reiterativo, majadero y convierte en reiterativo, majadero y absurdo. Lo que pasa es el director Yves Robert (La guerra de los botones, Buenas noches, Alejandro, Alto, rubio y con un zapato negro) nunca ha definido un estilo en su larga carrera. Ignora lo que es el ritmo cinematográfico, no sabe explotar el factor sorpresa, confía demasiado en su argumento y no se entera de que hasta los mejores vaudevilles de Feydeau han fracasado en la pantalla (La pulga en la oreja, Hotel Paradiso), por falta de una dirección apropiada, que entienda el asunto y domine los mecanismos del humor. Aunque todo sea increíble, puede resultar regocijante si funciona con el debido control de entradas y salidas, montaje intencionado y elenco adecuado. Aquí no existe nada de eso. Las escenas se tornan lánguidas, el ritmo decae permanentemente y Pierre Richard pretende dominar el panorama con su presencia de divo, pero sin merecer la constante atención de la cámara, que no le saca la lente de encima en el 99% del metraje. Es cierto que el cómico está más sobrio, más contenido que otras veces, pero eso no lo convierte en más eficaz. Habría que ser muy indulgentes para creer que El gemelo es una comedia graciosa. El ingenio, si lo hay, está en el tema, no en su pedestre realización.

«El gemelo» (Le jumeau) Francia, 1984. Director, Yves Robert. Libreto del mismo y de Elisabeth Rappeneau, sobre el libro «Two Much» de Donald Westlake. Fotografía en color, Robert Fraisse. Música, Vladimir Cosma. Intérpretes: Pierre Richard, Carey More, Camilla More, Jean-Pierre Kalfrón, Andrea Ferreol, Jacques Frantz, Jean-Claude Bouillaud. Producción Films de la Gueville. Productor ejecutivo, Xavier Gelin. Director de producción, Jean-Claude Bouriat. Estreno: Metro y Beta, 4/7/85.

Jaime E. Costa (Últimas noticias, 05/07/1985)