“Trazos familiares” (Soledad Castro Lazaroff)

La vida se abre camino

La última película de José Pedro Charlo explicita de entrada el vínculo de su mirada íntima, subjetiva, con las historias que está contando. En el año 1983 llegó un avión al Uruguay trayendo 154 niños hijos de exiliados y presos políticos. Charlo estaba preso, así que se perdió la venida de los niños, pero hoy, 35 años después, repasando las imágenes de ese momento le llamó la atención una pancarta que decía «Bienvenidos, Camilo y Federico», porque él sabía muy bien quiénes eran esos niños. Punto de partida afectivo para la curiosidad del director, es el primer anclaje de un mapa de relaciones que la película irá trazando, con voluntad de articular la gran historia del pasado reciente con una memoria más pequeña, de dimensión humana.

Varios testimonios dan forma a esa especie de árbol genealógico donde cada uno cuenta desde su lugar cómo fue afectado por el trauma de la prisión, el exilio o la desaparición de los seres queridos. Aparecen varias generaciones, pero el foco está puesto en esos hombres y mujeres jóvenes que eran niños durante ese tiempo y que luego tuvieron que reconstruir sus vidas. La conexión entre las familias Salvo y Celiberti, abuelos de Federico y Camilo, funciona como metonimia para intuir el tipo de relaciones humanas que se vivían en esa época, y delimita una forma de pertenencia sutil, profunda, que se teje entre quienes fueron parte de la resistencia y que, en cierto sentido, sobrevive hasta hoy. Esos vínculos implícitos son los que permiten al director entablar una relación entrañable con sus personajes, con los que practica una amable insistencia para conseguir testimonios realmente fuertes por su simpleza y honestidad.

La historia de Mariana Zaffaroni, que en realidad no forma parte de ninguna de estas dos familias pero que se conecta con la de Federico porque, cuando ambos eran muy pequeños, ella le regaló un osito de peluche (el mismo que el niño sostiene en sus manos en las imágenes del viaje del 83 a Montevideo), es realmente muy impactante. Ese osito de peluche es evidencia en el terreno de la materia, de lo visual y por lo tanto de lo cinematográfico, de esos vínculos invisibles que Charlo mapea. Las experiencias que cuenta Mariana, su forma de reflexionar y su propio vínculo con la maternidad, se muestran en la película de un modo sereno, sensible. En el solo hecho de contemplarla, de escuchar su voz, hay una interpelación para el espectador, que estará obligado a enfrentarse con la materialización de una persona en el presente que fue, durante tanto tiempo, solo retrato, idea o recuerdo.

Las entrevistas a Camilo y Federico, donde piensan sobre el pasado pero también sobre su situación actual, son igualmente reveladoras: demuestran cómo la generación siguiente a la directamente afectada también tuvo que sufrir las consecuencias de haberse desarraigado, de haber lidiado con situaciones vitales tan extremas. En todos los casos, para poder vivir, fue necesario hacer algo con lo sucedido: pensarlo, dejarlo venir, cuestionarse una y otra vez. Ser sobreviviente también es tener padres desaparecidos, o haberse exiliado de niño, o haber tenido una madre presa política. Tal vez el aporte más contundente de la película sea ese: decir una vez más que el pasado traumático de un pueblo no puede enterrarse y pensarse como superado, porque continúa vivo en las siguientes generaciones.

De hecho, esos vínculos familiares que existían fueron cortados, ya no existen. Las vidas de Mariana, Camilo y Federico se muestran desde un marco individual, personal y en solitario; ya no político, ya fuera de ese sentido de pertenencia social que es notorio en el resto de los personajes. La película no arriesga demasiadas opiniones en ese sentido, y no toma una posición directa sobre el futuro, dejando entrever un tono algo nostálgico y todavía derrotista con respecto a la función social de la generación militante de los sesenta. De todos modos, constituye un documento fundamental y la propuesta viva de un método recontra potente para reconstruir lazos rotos: el cine.

Soledad Castro Lazaroff (Brecha, 01/06/2018)

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