“La favorita” (Martín Imer)

Dios salve a Lanthimos

Yorgos Lanthimos es, sin lugar a dudas, uno de los realizadores más interesantes de los últimos años. Nacido en Atenas, el también director de teatro y anuncios de televisión saltó a la fama internacional con Canino, perversa historia de una familia muy especial cuyos hijos no tienen contacto con el mundo exterior, y luego se pondría cómodo en el Reino Unido donde dirigió joyitas como La langosta (que está actualmente en Netflix) y esta nueva película donde no oculta su posición ante las figuras de la corona e incluso se atreve a hacerles burla – y polémica – en sus propios rostros.

Es el siglo 18 y las cosas están complicadas en Inglaterra. La reina Anne está cada vez más débil y totalmente encerrada en el palacio, dejando que su amiga íntima, Lady Sarah, gobierne por ella, tomando crudas decisiones de guerra que ponen en jaque a todo el país. Anne y Sarah tienen una amistad desde la infancia donde una siempre ha estado bajo el cuidado de la otra, llevando a un dominio casi absoluto en todos los aspectos. Un día aparece Abigail, sobrina de Sarah quien ha conocido mejores días en su infancia aristocrática, pidiendo trabajo, y consiguiendo de sirvienta, aunque rápidamente debido a su astucia e implacable deseo de volver al lujo y la buena posición comienza a escalar más y más hasta llegar a un privilegiado lugar cerca de la reina. Es allí cuando Abigail y Sarah comienzan una guerra entre ellas para contentar a la reina y contar con su favor; en definitiva, tener la chance de controlar Inglaterra.

La favorita es una historia que en muchos aspectos es totalmente digna y consecuente con la carrera de su realizador, pero a su vez se siente bastante diferente, tal vez por el hecho de que ni él ni su habitual co-guionista metieron mano en el guion. Insólitamente se aprecian, en los momentos más íntimos de la película, ciertas emociones genuinas en los personajes que revelan una profundidad emocional desconocida en sus obras previas; hecho que podría resultar algo decepcionante si se busca algo más parecido a la reciente El sacrificio del cuervo sagrado. Sin embargo, el guion tampoco está tan alejado de los intereses del griego, y expone una historia cruel, desalmada con sus protagonistas, despiadada en la caracterización del poder y con un humor tan seco y retorcido que muchos espectadores pueden pasarlo por alto. Lathimos parece haberse consolidado definitivamente como un artesano de la decadencia, moviéndose en la delgada línea entre la lástima y la burla, moviendo los hilos de forma perversa para encontrar en cada esquina la suciedad y lo podrido. Aquí los enredos de la corte le van como anillo al dedo, ya que gracias al aceitado libreto todo el duelo entre las dos mujeres para ser la favorita de la reina es una demostración de que tan arbitrario y torpe puede ser quien maneje el poder; los altibajos del ser humano para alcanzarlo a cualquier costo y lo bajo que puede caer por éste. Este punto es además particularmente bien expuesto en esta producción, con sus personajes principales absolutamente carentes de escrúpulos y dignidad y sin ningún tipo de restricciones para alcanzar los objetivos — creando así una dinámica sanguinaria y una especie de guerra fría sin cuartel potenciada por el clásico toque bizarro de su realizador.

Una empresa así no podría funcionar sin el compromiso de sus involucrados. Las tres actrices protagónicas están fantásticas en sus respectivos roles, mostrando cada una un aspecto distinto que va variando según la escena. Weisz y Stone conforman una exquisita dupla de enemigas, con un ritmo a la hora de expresar sus diálogos y una colección de miradas y gestos que hace que ambas se complementen a la perfección y seduzcan al espectador. De la primera no es ninguna novedad su variado rango actoral, que le permite poder divertirse en el papel y tener cierta ambigüedad con sus sentimientos y que quede creíble, pero de la segunda no se esperaba realmente demasiado debido a que siempre hizo papeles totalmente diferentes y aquí sorprende con un tono siniestro y villanesco que se roba las miradas, usando incluso ese preconcepto de sí misma para engañar desde las primeras escenas con un look y una forma de hablar muy inocentonas, que terminan revelando a una mujer de armas tomar al mismo nivel que su rival. Pero la gran protagonista (al menos para los premios) es Olivia Colman, quien aquí muestra un grado de vulnerabilidad muy complicado de sacar adelante para un intérprete sin quedar totalmente expuesto, y lo logra sin dejar atrás una cierta fiereza que nos hace siempre estar atentos a su personaje; es obvio que el tono de la cinta es en clara burla hacia ella, pero la actriz sin embargo logra un poderío escénico que permite que cuando el director quiere que quede claro que es ella quien tiene el poder, queda totalmente claro gracias a la seriedad que saca de la nada, incluso cuando en una escena previa se la pueda ver insultando a un niño por mirarla. El resto del elenco, incluyendo un muy teatral Nicholas Hoult, cumple bien acompañando al poderoso trío de mujeres.

El hecho de que la película sea de época no significa que el director se haya aburguesado: como se dijo previamente, Lanthimos sigue teniendo las mismas obsesiones tanto estéticas como artísticas, aunque es cierto que aquí está en su versión más contenida — pero sigue firme en sus curiosos encuadres, su perfeccionismo estético (la fotografía es bellísima) y la perversión de sus personajes, exprimiendo cada aspecto negativo de sus protagonistas con hilarantes o repugnantes resultados, pero siempre de un modo fascinante que para el espectador resulta un auténtico viaje sin retorno. Todo el diseño de producción también es un enorme plus, con un inmenso abanico de vestuarios, locaciones, pinturas y banda sonora que sitúan la trama con facilidad y crean una sensación de realismo muy interesante para una producción de época. De hecho, esta es una de las historias de ese estilo más curiosas que han llegado a la pantalla; un retrato casi atemporal de corrupción, ambición y sociedad que no deja títere con cabeza.

Es reconfortante que en esta época de premios llegue algo como esta producción: valiente pero comedida, graciosa pero no hilarante, hiriente pero siempre con el punto justo para no descarrilarse. Una comedia muy interesante y un drama valioso que deja en evidencia la humanidad y frágil patetismo de los altos mandos; por ende, un importante estreno para tener en cuenta.

La favorita” (The favourite, Irlanda/Reino Unido/Estados Unidos, 2018) Dirección: Yorgos Lanthimos. Guion: Deborah Davis y Tony McNamara. Fotografía: Robbie Ryan. Montaje: Yorgos Mavropsaridis. Con Olivia Colman, Emma Stone, Rachel Weisz, Nicholas Hoult, James Smith. Calificación: 8/10

Martín Imer (Plataforma Digital Granizo, 17/01/2019)

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