“Roma” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Adiós machos

Solidaridad de clases; lo que Marx no previó.

La vida familiar en un México de hace casi medio siglo, a la luz de actuales reivindicaciones femeninas.

Roma es actualmente un barrio residencial de clase media-alta de la ciudad de México, en el que abundan las mansiones art-nouveau y art-decó, hogar de las familias más pudientes en la primera mitad del siglo XX.

Allí vive un matrimonio, sus tres hijos (dos varones, una niña), la abuela materna y dos sumisas empleadas domésticas provenientes de lejanos pueblos.

Una impactante fotografía en blanco y negro, evocadora de la expresividad dramática del legendario Gabriel Figueroa (ahora con un cielo uniformizado por la polución), recrea lo que parece convertirse en un documental sociológico, acerca de las inter e intro relaciones de dos nítidos estamentos. El de los patrones, imponiéndose sin cuestionamientos, y el de ambas domésticas, compartiendo estrecha habitación, en un permanente acatamiento que no conoce de horarios.

Siempre apoyándose en imágenes sorprendentes (articulándose entre elocuentes claroscuros y barroquismos provenientes de Max Ophüls), Alfonso Cuarón, indiscutido autor del film (al margen de los elementos autobiográficos que se afirma están incluidos), redondea ese fresco con un doble estallido sentimental: uno, el de la pareja marital, y el otro, entre una de las domésticas y su novio.

El tono distante que hasta el momento envolvía al relato, se sumerge en las líneas melodramáticas características del cine mexicano, especialmente el de las primeras décadas del período sonoro, desplazándose luego a los teleteatros de esa procedencia.

Cuarón amenaza sumergirse en aquellos desmelenados excesos, a la vez que confiere una cierta solemnidad propia de la ópera italiana –otra forma del melodrama-, dotando a su relato de un curioso equilibrio.

La adecuada banda sonora, primordialmente diegética, determina la ubicación cronológica (años 1970/71), determinada asimismo por hechos históricos (la matanza de inocentes por parte del grupo parapolicial conocido como “Halcones”) y referencias más concretas existentes en el diálogo cotidiano. Lo externo sirve de marco a este “a puertas adentro”, desde el que se concretan los rasgos y conductas individuales.

Son un par de personajes autosuprimidos, los que acaban posibilitando el mundo femenino protagonista del film. Allí continúan, firmes, solidarias con su género, al punto de ofrecer cierta acotada eliminación de las fronteras de clase: la abuela, la madre de los niños (vástagos cuya corta edad les hace ángeles casi asexuados) y las dos “sirvientas” (peyorativa denominación que hasta no hace mucho tiempo en la sociedad uruguaya se utilizaba para las trabajadoras domésticas “con” y “sin cama”).

Roma nos muestra a un extraordinario Alfonso Cuarón que quizás no sea dueño de un estilo propio, pero ha sabido imprimir el estilo adecuado a una dispar filmografía que transitó las comedias críticas (Solo con tu pareja, Y tu mamá también), las comerciales remakes (Grandes esperanzas), el plúmbeo cine industrial (Harry Potter y el prisionero de Azkaban) o un trepidante thriller sideral (Gravedad).

Cuarón también es políticamente correcto. El cine mexicano ha reflejado una sociedad machista, dándole al término todo su potencial censurable –también presente en la canción mexicana, al igual que en el tango y buena parte del cine argentino- y Roma se asegura de no hacerlo.

Este magnífico film se acopla a posicionamientos sociales en plena efervescencia (ver recuadro “Para no leer antes de ver”), y juega, con intensidad pocas veces alcanzada, con el “physique du rôle” de sus actores.

PARA NO LEER ANTES DE VER

Procurando fundamentar algunas aseveraciones presentes en la nota central de esta página, en este apartado revelaremos aspectos argumentales que el lector quizás no desee conocer antes de ver el film. De ahí el título. Queda hecha la advertencia.

El esposo burgués abandona a su cónyuge y pequeños hijos a los que no dispensaba mayor atención, llevándose “sus” bibliotecas del hogar familiar, que es a su vez la casa de su suegra, la generosa anciana que adquirirá para el bebé por nacer de una de las empleadas domésticas, muebles idénticos a los que oportunamente había comprado para sus propios nietos.

La joven e inexperta doméstica fue “seducida y abandonada” por quien será un asesino al servicio de un comando parapolicial. La solidaridad de género es la que pasa a ser sustento de una sociedad hasta entonces dominantemente machista.

La figura masculina ha sido demonizada en su conducta signada por la lascivia –escena del “refriegue” a la esposa abandonada- y menosprecio por la mujer. Emergiendo como excepción el individuo que ayuda a la doméstica a hallar a su exnovio.

Los comportamientos, harto frecuentes, de esposo y novio, son sobredimensionados por contraste con la idealización del mundo femenino, alcazando una justicia social que no consiguieron los viejos revolucionarios y las aguerridas soldaderas.

En una encrucijada histórica como la actual, donde se difuminan las fronteras entre justicieros reclamos igualitarios y un “revanchismo” signado por la “ley del Talión”, el magnífico título que es Roma contribuye bienvenido aporte.

Cine de dos reinos

Netflix y Cinemateca

La empresa norteamericana Netflix, ofrece una plataforma signada por la abundancia de films y series en los que es fácilmente detectable la preocupación por satisfacer requerimientos de un público “masificado”. Ello no impide la presencia en su catálogo de un cine destinado a franjas restringidas del mercado, ofrecido desde su plataforma en carácter de estreno.

De ahí que las “salas de estreno” rechacen toda competencia con “Netflix”, evidentemente desigual, negándose a programar esas producciones.

Esa prescindencia tiene una excepción en nuestro país. Cinemateca Uruguaya inaugura sus nuevas salas, con el estreno de Roma, film que 48 horas más tarde se incorpora a la oferta de Netflix.

Ello se explica ya que la Cinemateca, entre otras loables metas, procura recuperar a un público que hace de la contemplación cinematográfica un disfrutable acto cuasi religioso, donde la aprehensión sensorial e intelectual del cine, posee acólitos complacidos en el aislamiento –y la comunión entre film y espectador- que solamente esos templos que son las salas oscuras pueden brindar.

Roma” México 2018. Dir. y guión: Alfonso Cuarón. Fotografía: Alfonso Cuarón y Galo Olivares. Con: Yalitza Aparicio, Marina de Tavira, Diego Cortina Autrey, Daniela Demesa, Nancy García García, Verónica García.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas)

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