“Bohemian Rhapsody” (Mathías Dávalos)

Una especie de magia

Bohemian Rhapsody se centra en la persona de Freddie Mercury en lugar de hacerlo en Queen, la banda de rock que compartió con Brian May, Roger Taylor y John Deacon y que lideró como cantante de 1970 a 1991, año de su muerte. Fue una accidentada producción de casi diez años en la que desfilaron directores y actores. Stephen Frears y Sacha Baron Cohen fueron el primer director y actor elegidos respectivamente para liderar el proyecto. Diferencias con la productora Fox y con los miembros sobrevivientes de la banda los dejaron a ambos fuera. Fueron sustituidos por Bryan Singer detrás de cámara y por Rami Malek como Freddie. Singer (Los sospechosos de siempre, X-Men) filmó la mayoría del film pero fue despedido por diferencias con Malek y parte del elenco, sumado a acusaciones de abuso sexual que lo han convertido en la actualidad en un paria de Hollywood. Dexter Fletcher tomó su lugar.

La película, de 134 minutos de duración, retrata y acumula varios clichés vistos con anterioridad en biopics del estilo musical. Artistas que se hacen de abajo. De la nada a la gloria. Éxitos. Fracasos. Excesos. Tragedia. Todo esto acompañado por canciones emblemáticas de la banda y reconocidas por millones. En Bohemian Rhapsody la figura de Freddie se aborda por momentos como la de un genio incomprendido entre un carácter extrovertido y una temeraria soledad, que a la distancia vincula al personaje con el Amadeus de Milos Forman (1984). Por otra parte, desde el guion se pronuncia la condición de un vacilante Freddie en discretas escenas vinculadas a su distanciamiento con su familia de origen indio, y en otras con los miembros de la banda, similar recurso narrativo utilizado por Oliver Stone en The Doors(1991).

Pero a pesar de la cantidad de lugares comunes que transita la película,desde el comienzo plantea una estructura narrativa clásica (introducción al posible clímax, largo flashback y regreso a la escena inicial para cerrar la historia) que depara una sorpresa: dejar de lado la figura de Freddie. La música ante todo.Un momento de sinergia entre personaje y banda. Freddie, Brian, Roger y John: Queen en vivo en el festival Live Aid de 1985, considerado uno de los conciertos más impactantes en la historia del rock, que duró poco más de veinte minutos en un estadio de Wembley colmado de público. Para apreciar el mérito de esta recreación durante las canciones “Bohemian Rhapsody”, “Radio Ga Ga”, “Hammer To Fall” y “We Are the Champions”, uno simplemente puede comparar el resultado viendo el concierto original en YouTube.

El mayor logro de Bohemian Rhapsody fue haber sido fiel a su propósito primario: una historia con Freddie Mercury como eje. Para ello, la interpretación de Malek fue clave. Un equilibrio entre introspección y extravagancia bajo una constante construcción de personaje. En su actuación jamás deja de transmitir a un Freddie solitario, sea en el escenario ante la multitud, en sus fiestas o en su casa junto a sus gatos. El retrato parcial que escoge la película descarta el énfasis en detalles sobre la vida hedonista del músico que le provocaría el sida y sus últimos años de lucha contra la enfermedad, su pasado como Farrokh Bulsara (su nombre de nacimiento), su infancia en Zanzíbar y su adolescencia en Bombay donde comenzó a formarse como músico. Pero esto Malek no lo desconoce y lo añade en un silencio intenso a su performance. Entre los millones de espectadores que han manifestado emocionarse hasta las lágrimas al terminar la película está Brian May, quien le escribió al actor lo que resulta la bendición final a su tarea: “De estar vivo Freddie, no podría estar más orgulloso de lo que hiciste”.

Mathías Dávalos (28/11/2018)

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