“Belmonte” (Hugo Acevedo)

Vidas a la intemperie

La dicotomía entre el universo cuasi onírico del arte y los afectos a la intemperie, constituye el más importante eje argumental de Belmonte, el cuarto largometraje del realizador uruguayo radicado en España Federico Veiroj, que acaba de ganar el premio al Mejor Guión en el Festival Internacional de Cine de Mar del Plata.

Esta es la nueva producción cinematográfica de un prolífico director y guionista, cuyo debut se registró en 2008 con Acné, un retrato bien realista sobre los problemas de la adolescencia.

Posteriormente, en 2010 presentó su segunda película titulada La vida útil, la cual reflexiona sobre las vicisitudes de un individuo que ha quedado desocupado, cuyo desafío es redefinirse desde el punto de vista existencial.

Empero, tal vez su propuesta más controvertida y provocadora sea El apóstata (2015), que narra la radical rebelión de un hombre contra el inmutable dogma de una religión inmovilizante y congelada en el tiempo.

En ese contexto, el protagonista es un joven criado en un hogar conservador, quien decide desafiar al statu quo y emanciparse de la pesada carga de la opresiva herencia espiritual paterna.

Esos valiosos antecedentes- que han transformado a Veiroj en un cineasta de impronta personal e intransferible- permitían aguardar con expectativa este nuevo film, cuya presentación coincide en el tiempo con la preparación de El cambista, una nueva película que el cineasta filmó durante el primer semestre del año, con Daniel Hendler, Benjamín Vicuña y Dolores Fonzi. Belmonte, que fue rodada en 2017 en diversas locaciones de Montevideo, se presentó previamente en el Festival de Cine de Toronto y en el Festival Internacional de Cine de San Sebastián, antes de ser estrenado, en octubre pasado, en el Festival Internacional de Cine de Montevideo.

En tal sentido, la historia plantea los conflictos derivados de la convivencia cotidiana, a partir de las vicisitudes de Javier Belmonte (Gonzalo Delgado), un pintor cuarentón de cierto prestigio que prepara una exposición en el Museo de Artes Visuales del Parque Rodó.

Empero, la muestra pictórica no constituye naturalmente su única preocupación, en la medida en que simultáneamente afronta una compleja situación familiar.

En efecto, está separado de Jeanne (Jeannette Sauksteliskis), quien está embarazada de su nuevo compañero. Esa fractura le genera dificultades para seguir vinculado a su hija Celeste (Olivia Molinaro Eijo), de apenas diez años de edad.

Pese a que la relación del protagonista con su ex pareja es cordial, la tenencia compartida suele provocar a la niña recurrentes problemas de desarraigo, al punto que, en plena madrugada, clama por ser reintegrada al hogar de su madre.

Aunque el hombre concurre con asiduidad a buscar a su hija a la escuela, la cuida y le prodiga todo el afecto necesario, la falta de sintonía entre ambos es claramente perceptible.

En efecto, Belmonte parece estar demasiado imbuido en su trabajo de creación y tal vez no advierte que la pequeña Celeste, en función de su edad, requiere de mayor atención.

Otro de los núcleos de preocupación es el transcurso del tiempo. No en vano el protagonista le explica a su hija que está en cuarentena, lo cual parece estar relacionado irónicamente con sus cuatro décadas de vida y alegóricamente con su aislamiento voluntario de la sociedad.

El director y guionista Federico Veiroj construye las diversas contingencias de una vida cotidiana inexorablemente rutinaria, apenas alternada por la concurrencia a conciertos de música en el Teatro Solís, asiduos paseos por la rambla capitalina y alguna aventura amorosa de ocasión, que no trasciende a lo meramente coyuntural.

Esa vida de ritmos sosegados es planteada por el cineasta mediante un lenguaje austero, moroso y si se quiere hasta asordinado, que define a un personaje que tiene mucho de gris y depresivo.

En efecto, más allá de lo regocijante que supone estar esporádicamente con su hija, Belmonte vive sumergido en su pintura, como una suerte de vital experiencia de emancipación personal.

Ese arte, que tanto fascina a las aburridas mujeres maduras con ínfulas intelectuales que pagan lo que sea menester, es una suerte de metáfora de la vulnerabilidad humana en toda su explicitud. Son cuerpos desnudos pintados mediante una estética deliberadamente desmesurada, que trasuntan angustia y visceralidad.

Tal vez esos lienzos, que son preparados para ser exhibidos en el Museo de Artes Visuales, representen una suerte de código oculto de una persona que, más allá de lo meramente artístico, afronta la peor encrucijada personal, afectiva y emocional de su vida.

En este film bien uruguayo por sus lenguajes, Federico Veiroj reflexiona sobre las grandes incertidumbres y dilemas de nuestro tiempo, la soledad, la crisis de los afectos, la paulatina pérdida de la juventud y el transcurso del tiempo.

La selección musical de la banda sonora, que está en sintonía siempre con los estados de ánimo del protagonista, incluye fragmentos de obras de los inconmensurables compositores Johann Sebastian Bach y Ludwig van Beethoven y canciones de Carlos Gardel, Leo Maslíah y Diane Denoir, entre otros.

Es muy plausible la actuación protagónica de Gonzalo Delgado, quien también es pintor como su personaje de ficción, y de la niña Olivia Molinario Eijo, que es toda una revelación.

Belmonte es un retrato sin dudas potente y de impronta entrañable, cuya virtud es la frontalidad del planteo dramático y la singular trascendencia de un mensaje humanista de dimensión existencialista.

Belmonte” Uruguay- España- México 2018. Dirección: Federico Veiroj. Guión: Federico Veiroj. Fotografía: Arauco Hernández. Holz y Analia Pollio. Música: Johann Sebastian Bach, Ludwig van Beethoven, Pedro Dalton, Alfredo Le Pera, Leo Maslíah y Buenos Muchachos. Reparto: Gonzalo Delgado, Olivia Molinaro Eijo, Tomás Wahsmann, María Noel Gutiérrez, Giselle Motta, Jeannette Sauksteliskis y Raquel Eliazer.

Hugo Acevedo (Revista Onda Digital)

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