“Sombras del paraíso” (Homero Alsina Thevenet)

Esta es una obra singular en la carrera de Marcel Carné y no debe ser confundida con los títulos clásicos en los que el realizador obtuviera antes su fama: Muelle de las brumasHotel del NorteAmanece (1936-39). Estos fueron los títulos de lo que ha dado en llamarse “realismo poético”, e integran el gran conjunto del cine francés de pre-guerra, caracterizado en general por un tono de amargura, por la frustración del amor, por una muerte final, por una abundancia de dictámenes cínicos pronunciados por personajes cercanos a la villanía (Michel Simón, Louis Jouvet, Jules Berry), y por una aureola poética que en parte se debía a los diálogos, y en parte a la selección y al tratamiento de escenografía y fotografía. De ese estilo debió apartarse Marcel Carné al comenzar la guerra que interrumpió sus planes. Al trabajar bajo el gobierno de Vichy, sus temas se hicieron necesariamente escapistas, y aunque se ha visto una alegoría política en Los visitantes de la noche (1942) su clara intención es poética. En un sentido, ese film renovó el estilo del realizador, que apareció consagrado a un arte formalista, preocupado de la decoración y del vestuario, con una manera verbal y a menudo teatral para su lenta exposición; en su peculiar estilo, el film tenía grandes momentos, y un constante afán de artesano por la obtención del truco, del efecto original en su manejo de tiempo y espacio.

En perspectiva, parece más sólida la renovación de Carné en Sombras del paraíso, cuya filmación le llevó casi dos años (1943-45) y cuya originalidad de concepción admite escasas comparaciones en el cine contemporáneo. Se ha destacado el esfuerzo colosal que suponía esta producción, que utiliza centenares de extras, reconstruye el París de un siglo atrás, se desarrolla durante tres horas, narra un extenso e intrincado argumento, y da intervención principal a varias primeras estrellas (Arletty, Barrault, Brasseur, María Casares, Pierre Renoir). Su peculiaridad es sin embargo la del enfoque, porque el film no se contenta con recordar la vida teatral de aquel París del siglo XIX, sino que sus personajes se conducen y se tratan en una forma deliberadamente teatral: de allí la existencia de epigramas en el diálogo, el borde de caricatura para algunas escenas y personajes, el tema y la manera del melodrama con que se puebla el asunto. Se ha dicho que éste es “un caso de verdad artística a un segundo grado” que busca incorporar al cine temas y formas de otros órdenes; en ese sentido se ha entendido como adecuada la comparación con Iván el Terrible de Eisenstein, otro raro ejemplo de incorporación y traducción. La traslación de formas teatrales, con la continua conducta para sus personajes (varios de ellos representan a actores, e interpretan dentro y fuera de las tablas) no debe ser confundida empero con la mera traslación del teatro a la pantalla: la ambición del film no es recrear una obra teatral sino un mundo teatral, sobre una zona ambigua en que ficción y realidad se confunden y se superponen.

El film fue estrenado en Montevideo en abril 1949, con cortes tremendos, efectuados diversamente en Francia y en el Uruguay. El resultado, después de tan amplia poda, sólo permitía un cauteloso cálculo del plan de Carné y de su libretista Jacques Prévert, a quien se atribuyó entonces la principal responsabilidad de una tendencia que muchos juzgaron anti-cinematográfica, aunque en verdad el mismo Prévert había sido el autor de casi todos los libretos anteriores del realizador. Los pasos posteriores de Carné, que se imitó a si mismo en los años de post-guerra (Las puertas de la nocheLa favorita del puertoJulieta o la clave de los sueñosTeresa Raquin) han motivado una abundante teoría sobre su decadencia de hoy; hace muy pocos meses, un distinguido visitante del Tercer Festival de Punta del Este llegó a sostener, con originales fundamentos, que Carné nunca había existido como realizador, y que su mejor fama era la de sus colaboradores, a los que sindicaba como verdaderos autores de sus films. Esa última etapa debe ser ajena sin embargo a la ajustada reconsideración de Sombras del paraíso, una obra ambiciosa que dura tres horas y que Cine Arte del SODRE exhibe hoy en lo que se anuncia como versión completa, desconocida anteriormente en el país.

“Sombras del paraíso” (Les enfants du paradis) Francia, 1945. Director: Marcel Carné.

Homero Alsina Thevenet (El País, 1955)

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *