“¡Así se quiere en Jalisco!” (Homero Alsina Thevenet)

Está sorprendentemente bien

No nos interesa cómo se quiere en Jalisco: aparentemente, la modalidad amatoria no es tan típica como el título pretende, pues consiste en querer con firmeza y en reiterar el amor, en hechos y en palabras, cuando la duda asoma. En principio, tampoco nos interesaba cómo se hace cine en Jalisco, ni a propósito de Jalisco: la intención de la película es argumento elementalísimo, una continua intercalación de canciones y cuadros típicos, una utilización de colores aún imperfectos, imperfectamente manejados.

Pero en cambio nos interesa cómo se habla en Jalisco. Son dos las virtudes fundamentales de su riquísimo lenguaje. La primera es la calidad de sus metáforas, el ingenio de sus comparaciones, la sola enunciación de algunos de sus divertidos términos, que producirán en el Río de la Plata una gracia suficiente para oír la película con papel y lápiz a mano (esa gracia no desvirtúa nunca al idioma, no inventa términos: usa uno y de sus posibles sinónimos). La segunda virtud debiera estar en todo el cine sonoro, pero rara vez es encontrada con tanta fijeza como aquí: personajes tan verbosos como éstos, no suele hablar de más, sino hablar simplemente de todo lo que en cada momento les interesa, sin preocuparse de que ello tenga directa cabida en el argumento, y si a través de su movido diálogo se plantean y discuten con naturalidad las alternativas de cada momentánea situación, esa discusión nos convence, idealmente, de que el conflicto nace de los personajes, de la contraposición dramática de éstos, y no del mero capricho del argumentista. Tales virtudes del lenguaje encuentran su origen en Carlos Arniches, argumentista, hombre de teatro sabedor de diálogos, y encuentran su expresión en Fernando de Fuentes, director, quien se puso al ritmo del primero reparando en la necesidad (rara vez satisfecha en el cine argentino) de que cada situación se resuelva en varias escenas sucesivas, y no en la quietud teatral que precisa discursos.

Por estas maneras en el hablar, por la verosimilitud de sus simples personajes, por la convicción que impensadamente ostenta su elemental argumento (con excepción de las precipitadas escenas últimas), por la validez con que el libreto refuerza al pintoresquismo de sus cuadros típicos, es que recomendamos al lector ¡Así se quiere en Jalisco! Y si este género de la comedia musical obliga a un cine menor y a repetir el uso de los elementos siempre usados (canciones, tema, forzadas escenas cómicas), no está de más anotar que rara vez Hollywood realiza tal cine menor con la gracia y la convicción que aquí consigue el cine mexicano, merced a libretista, director e intérpretes.

¡Así se quiere en Jalisco! México, 1942. Director: Fernando de Fuentes.

Homero Alsina Thevenet (Marcha, 1945)

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