“La noche de 12 años” (Pablo Delucis)

Soñando y resistiendo

No es una película más. En especial para los uruguayos no es una película más. La etapa del levantamiento armado del MLN-Tupamaros, su derrota, la posterior dictadura militar, y sobretodo, las personas sobre cuya peripecia el filme refiere, forman parte de manera demasiado notoria del presente. Esa porción de la historia, tiene una vigencia que la hace mucho más cercana que lo que dice el almanaque.

El peso incuestionable que el filme conlleva hace que, más allá de la subjetividad natural con que a cada persona puede llegarle una obra, sea casi inevitable que no falte a quienes les resulte difícil no contaminar su juicio por asuntos ideológicos, estratégicos o por la percepción que se pueda tener – a favor o en contra – acerca del papel jugado en distintos ámbitos por las personas que participan de lo que se cuenta. Tampoco puede dejarse de lado la influencia de la información que se disponga sobre los hechos narrados o hasta meras cuestiones de edad, ya que seguramente esta película no sea lo mismo para las generaciones más jóvenes en relación a las que si vivieron aquellos momentos.

En 1987, dos años después de recobrar la libertad, Mauricio Rosencof y Eleuterio Fernández Huidobro publicaron el libro Memorias del Calabozo en el que relatan cómo se las ingeniaron para resistir y sobrevivir ante las especialmente duras condiciones de reclusión y asilamiento que sufrieron 9 de los principales dirigentes del MLN. En grupos de a 3- junto a Rosencof y Huidobro estuvo José Mujica – recorrieron los cuarteles del interior del país, en calidad ya no de presos sino de rehenes del régimen militar. En ese libro se basó el director Álvaro Brechner para su tercer largo luego de la notable Mal día para pescar (2009) y de la atendible pero no tan lograda, Mr. Kaplan (2014).

Es conveniente subrayar que no estamos ante un drama eminentemente efectista, al estilo de aquellas películas argentinas de la década del 80 donde la cámara se regodeaba con largas escenas de torturas que para lo único que servían, era para alimentar el morbo y/o el sentimiento de venganza del espectador. Aquí, si bien se muestran imágenes en consonancia a las peripecias vividas, la esencia y el núcleo principal pasa por costados más humanos y espirituales. Por ejemplo, en las intensas y muy bien logradas escenas en que se recrean a manera de flashbacks las capturas de Mujica y Fernández Huidobro, se expone la violencia hasta con cierto cuidado en el estilo.

Brechner sabiamente, alterna momentos en los que predomina el clima angustioso y sofocante – los movimientos de cámara circulares y en base a primeros planos, son un acierto para ese fin –, con otros donde los toques poéticos y oníricos van de la mano con lo que los cautivos se propusieron como principal y decisivo aliciente: resistir, sobrevivir, y en lo posible, no volverse locos. En este sentido, los pasajes en que recuerdan buenos momentos vividos en familia o el preciso instante en que caen en la cuenta que inventaron un alfabeto, con el cual pueden comunicarse con golpes de nudillos sobre las paredes, son especialmente liberadores.

Tampoco faltan algunos momentos de humor. La genial escena en la que se va armando una especie de junta militar para decidir hasta donde se le aflojan las esposas a Huidobro para que pueda hacer sus necesidades, o el reclamo urgente de Mujica en pos que le devuelvan su “pelela”, son momentos además de graciosos, necesarios.

La película se ve y escucha de manera formidable. La fotografía de Carlos Catalán y la música de Federico Jusid están al servicio del guión, y aportan de buena manera para que generalmente se encuentren los climas buscados. En el elenco también encontramos grandes méritos. El español Antonio de la Torre, y el argentino Chino Darín aportan credibilidad a su Mujica y a su Rosencof respectivamente, pero los puntos más altos están en un terceto de uruguayos. Alfonso Tort compone de manera consagratoria la figura de Fernández Huidobro. Sus matices, expresiones y movimientos corporales, lo ubican a la altura de lo mejor que ha dado el cine uruguayo en materia de interpretación, mientras que lo de César Troncoso en su rol de militar represor y lo de Mirella Pascual, como la madre de Mujica, son actuaciones si bien no demasiado extensas, realmente sensibles, potentes y de gran importancia en la historia.

Comencé este comentario señalando las razones por las que creo que esta no es una película más. Las virtudes apuntadas potencian esa valoración. A la ficción uruguaya le faltaba esa gran película que abordara temas vinculados al período de la lucha armada y de la dictadura militar. Aquí, sin dudas, estamos ante esa gran película.

Pablo Delucis (Cartelera, 24/09/2018)

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