“Ant-Man: El hombre hormiga” (Mathías Dávalos)

La unión hace la comedia

Ant-Man es la materialización del género comedia en una película del sello Marvel, en estos últimos años factoría de sucesivos films sobre sus célebres superhéroes. Iron Man: El hombre de hierro (2008) resultó un atractivo inicio de una saga que en tres entregas descansa en el talento de Robert Downey Jr. como comediante en su rol del excéntrico magnate Tony Stark, pero hubo que esperar siete años —con mención especial en el recorrido para Los Vengadores (2012) y para Guardianes de la galaxia (2014)— para que la comedia desde su condición de género recayera más como parte esencial en la realización de una película que en los dotes de un actor o en un superhéroe determinado. En Ant-Man esto se ha logrado por una dedicada labor en conjunto.

Una tarea que lidera desde la dirección Peyton Reed, quien cuenta con cuatro películas previas: Bring It On (2000), Abajo el amor (2003), Viviendo con mi ex (2006) y ¡Sí, Señor! (2008). Todas comedias. En sus films, Reed ha retratado con acierto narrativo épocas (comienzos de los años 60 en Abajo el amor) y sacado rédito a actores afines al género como Renée Zellweger, Ewan McGregor, Vince Vaughn, Jennifer Aniston, Zooey Deschanel y Jim Carrey.

Por el tratamiento y desarrollo de la comedia en su filmografía, no sorprende que Reed haya sido escogido por Marvel para dirigir esta película sobre el superhéroe Ant-Man, creado por Stan Lee, Jack Kirby y Larry Lieber. Este personaje no cuenta con superpoderes naturales, sino que, a la manera de Tony Stark en Iron Man: El hombre de hierro, sus aptitudes se las debe a la tecnología, a un traje y casco especial, creación del veterano científico Hank Pym (Michael Douglas). Cuando se coloca y activa su traje, puede hacerse diminuto como una hormiga y aumentar su agilidad y fuerza. Pero esto no es todo: deberá aprender a comunicarse con hormigas a través de sensores.

La película trata con acierto la dualidad entre el antihéroe y el superhéroe con una particularidad: un noble enfoque del lado humanista de su personaje central. Scott Lang es un hacker recién salido de prisión que será elegido por Pym para ponerse en la piel de Ant-Man. El objetivo es pacífico: robarle a Darren Cross (Corey Stoll), un empleado de Pym que ahora lidera su empresa, una mejorada tecnología para reducir personas (el Yellowjacket) con el objetivo de utilizarla con fines militares y criminales.

Una de las claves fundamentales para que funcione la película es la elección del actor Paul Rudd como personaje central. Con dilatada experiencia en la comedia, Rudd asume el rol pero además actúa como eje en el desarrollo del resto de los personajes. Todo gira a su alrededor, y él asimismo gira en torno al resto de los actores. Retroalimentación de las partes. Incluso, Rudd es uno de los guionistas junto con Edgar Wright, Joe Cornish y Adam McKay. Todos con experiencia en películas del género.

Otro acierto del film es la elección de un elenco que trabaja en conjunto y no desentona dentro de una trama sencilla, que apunta a varios frentes: la pérdida y nostalgia de un pasado ya lejano (los casos del Dr. Pym y de su hija Hope Van Dyne, interpretada por Evangeline Lilly); una redención personal (el acercamiento de Lang a su pequeña hija); y el comportamiento y relacionamiento entre los adultos (la evolución y tolerancia del oficial Paxton, pareja de la exesposa de Lang). Si de actores se trata, más allá de la presencia de Rudd como Ant-Man, se destacan la química entre Douglas y Lilly en su vínculo conflictivo entre padre e hija; el trío de ladrones amigos de Lang, liderado por el desfachatado Michael Peña; y la actuación de la encantadora niña Abby Ryder Fortson como Cassie, hija de Lang.

Los mejores momentos de Ant-Man no radican en la acción al estilo grandilocuente de Marvel, con explosiones, velocidad, peleas coreografiadas y efectos especiales y digitales de avanzada. Lo mejor aquí está en la pausa: el balance y el timing del sobrio humor en los diálogos y en la asociación de éstos con las escenas y con el efecto sorpresa de la imagen para la sonrisa (un trencito de juguete se convierte en un ferrocarril que destruye una casa, un enano de jardín, un llavero y una hormiga que multiplican sus tamaños). Esta película nos recuerda que todo es cuestión de cómo se mire, de la real importancia de los problemas, de las segundas oportunidades, del tamaño de las esperanzas, de los diferentes puntos de vista en busca de una aquiescencia compartida. El propósito elemental de Ant-Man radica en un ejemplo didáctico y de camaradería: el diminuto superhéroe, al ejecutar su tarea, nunca es más que una parte. No sería nada de este líder si no lo acompañan sus compañeras hormigas, siempre soldados, solidarias y sacrificadas.

Ant-Man: El hombre hormiga” (Ant-Man) Estados Unidos, 2015. Dirección: Peyton Reed. Guion: Edgar Wright, Joe Cornish, Adam McKay, Paul Rudd. Fotografía: Russell Carpenter. Música: Christophe Beck. Elenco: Paul Rudd, Michael Douglas, Evangeline Lilly, Corey Stoll, Abby Ryder Fortson, Michael Peña, Bobby Cannavale, Judy Greer. 117 minutos.

Mathías Dávalos (Uypress, 27/07/2015)

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