“Isla de perros” (Guilherme de Alencar Pinto)

Fidelidad mutua

Esto es una exquisitez. Comparándola con otras películas animadas recientes, es cierto que no va a provocar las emociones y lágrimas de Coco, ni va a dar tanto que hablar y reflexionar como las obras maestras del animé en la línea de las películas de Miyazaki. Se trata de un placer más llano e inmediato, pero aun así memorable, como si cayera de regalo una caja llena de bombones surtidos confeccionados por las manos más expertas, y a cada descubrimiento de un gusto nuevo uno se quedara preguntando de dónde salió la inspiración mágica para combinar esos sabores en esa proporción. Una ilustración/comprobación sencilla de ello, previa a más detalles, está en la nómina de los actores que hacen las voces de los seis perros principales: son Bryan Cranston, Edward Norton, Bob Balaban, Bill Murray, Jeff Goldblum y Liev Schreiber. Aparte de ellos, otros personajes (caninos o humanos) tienen las voces de Greta Gerwig, Scarlett Johansson, Frances McDormand, F. Murray Abraham, Tilda Swinton, Harvey Keitel, Ken Watanabe y Yoko Ono. La película no tuvo un costo proporcional al valor estelar de ese reparto: Anderson es un director independiente altamente prestigioso y muy querido. Siete de los nombrados aparecieron en carne y hueso en su película previa El Gran Hotel Budapest (2014), y seis en la anterior a esa, Moonrise Kingdom (2012). En Estados Unidos se estrenó (al igual que aquí) en una cantidad muy chica de salas cinematográficas, lo que la dejó automáticamente fuera de la competencia por los campeones de taquilla, pero ganó el interesante récord de rendimiento económico por sala en lo que va del 2018.

Es la segunda película animada de Wes Anderson. Como la anterior (Fantastic Mr. Fox, 2009) está hecha con la casi abandonada técnica de stop motion (animación con muñecos y objetos tridimensionales). Eso implica que los movimientos de los personajes son un poco más hoscos que en la animación por computadora mainstream, pero las texturas visuales son más ricas. Creo que no pasan treinta segundos sin que uno se encuentre con alguna idea de encuadre, montaje, paisaje, luz, movimiento de cámara, artificio retórico visual o lo que sea, que no sea un deslumbre para los ojos y el espíritu.

El título en inglés, Isle of Dogs, si pronunciado en forma continua es homófono a I love dogs (“amo a los perros”). La película es esencialmente un doble homenaje: a la especie canina y al Japón. Son dos dimensiones independientes, pero la película establece sus puntos de conexión. Por un lado, la fidelidad de los perros mascotas a sus amos se asocia en la película con la dedicación del samurai a su señor. Y Japón es el país donde un perro fiel (el famoso Hachiko) fue homenajeado con un memorial, aludido aquí cerca del final de la película. La historia es expresamente enclenque: en un distópico futuro no muy lejano, luego de un surto de gripe canina, el intendente corrupto pro-gatos y anti-perros decide exiliar todos los canes de la ciudad a la isla donde la megalópolis tira cotidianamente su basura. Una cantidad de ex-mascotas tiene ahora que ganarse la vida disputando restos descompuestos y ratas. De pronto llega a la isla un niño de 12 dispuesto a rescatar su perro. El niño hace amistad con una banda de cinco perros y con ellos emprende la búsqueda de su amigo, mientras en la ciudad un grupo político pro-perros intenta revertir el decreto segregacionista.

No importa tanto la historia. Los personajes son entrañables, sobre todo los personajes perrunos. (El tratamiento de los humanos es más torpe, y la apariencia cadavérica del villano Major-Domo es el único aspecto realmente tonto de la película). Los diálogos son una delicia, y más aun hablados por esa colección de grandes voces (y no refiero sólo a las actuaciones, sino al mero timbre de esos actores privilegiados). La película usa ese tipo de humor quirky característico de Anderson, seco, en que todos los personajes son inteligentes, se expresan muy bien, suelen tener una actitud seria y sub-reaccionan a las ocurrencias o a los dichos de otros. Hay montones de chistes que tienen que ver con los hábitos caninos y los vínculos perros-humanos. Japón es aludido a través de emblemas culturales. Algunos los entenderán todos: ciudades híper-modernas, hackers, kabuki, samurais, Atari, culinaria, hojas de cerezo, haiku, Hokusai, escritura sinojaponesa, taiko y mucho más. La Isla de la Basura es un paisaje pos-apocalíptico con muchas alusiones al desastre de Fukushima. Lo que se pasa por alto es la tradición del animé. La cinefilia de esta realización pasa por otros lados: cuando se está armando el grupo de Atari (así se llama el niño) con los perros, escuchamos el tema musical heroico de Los siete samurais, que en la película de Kurosawa se vincula a la unidad del grupo en la lucha contra los bandidos. La residencia estudiantil donde se aloja Tracy (el único personaje occidental) se llama Kikuchiyo, como el personaje de Toshiro Mifune en Los siete samurais. Y luego hay nombres japoneses comunes que inevitablemente resuenan en los espectadores cinéfilos: Toshiro (por Toshiro Mifune), Kobayashi (por el director Masaki Kobayashi), Watanabe (por Ken Watanabe). Wes Anderson es un estilista que estableció criterios muy precisos de tratamiento visual, que el espectador puede apreciar casi como un discurso paralelo a las historias que cuenta. Su postura frente al estilo es tributaria del director japonés Yasujiro Ozu, de manera que, aun siendo el Anderson de siempre, ese vínculo se pone de relieve (especialmente en los planos-contraplanos de los personajes centrados mirando en la dirección de la cámara, y sustituyéndose uno al otro a cada corte en un mismo lugar gráfico en la pantalla).

Esta película no condice con lo que se suele producir para los niños muy chiquitos, ya que no hay carreras, ni canciones, ni sentimentalina, ni personajes desastrados. En cambio hay muertes, humanas y perrunas (nada de eso se muestra en forma agresiva). Quién sabe si los niños no se van a encariñar con algunos de los perros o con Atari, o sensibilizarse con esos lugares e imágenes increíbles. Para los adultos es un goce.

Isla de perros” (Isle of Dogs), dirigida por Wes Anderson. Animación. Estados Unidos/Alemania, 2018. Alfabeta

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 07/06/2018)

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