“Un lugar en silencio” (Enrique Buchichio)

Gritos y susurros

Los primeros planos de la película nos ubican en un territorio conocido: el de un mundo post apocalíptico como ya hemos visto en películas o series como Exterminio (2002), Soy leyenda (2007), La carretera (2009) o The Walking Dead (2010-). Calles vacías, comercios y vehículos abandonados, y unos pocos sobrevivientes intentando seguir, pues, sobreviviendo. En este caso no hay zombies ni hordas salvajes amenazando a la gente de bien; aquí la amenaza es otra cosa. Una suerte de criatura monstruosa y ciega, cuyo origen no se explica (aunque casi seguramente sea extraterrestre), que ataca todo aquello que hace ruido. Tamaño desafío para cualquiera, mucho más para una familia con tres hijos, dos de ellos pequeños…

Lo más interesante de esta propuesta (que nos permite conocer las habilidades del actor John Krasinski como director) es cómo construye su tensión en base al silencio. Y es una tensión constante, literalmente, porque muy pronto queda clara la premisa (no hacer ni un solo ruido que se destaque por sobre la armonía sonora del ambiente) y a partir de allí el espectador casi no tiene respiro, a la espera de cuándo se producirá el próximo ataque. Ese silencio sólo se ve interrumpido algunas veces por cambios diegéticos (sonidos o música que aparecen dentro del espacio narrativo de la película), que dan cuenta del asombroso silencio que predomina; otras veces por sobresaltos típicos del género, que por supuesto hacen saltar al espectador (y de los que parece casi imposible prescindir a esta altura), y otras veces por música extradiegética (compuesta por Marco Beltrami), necesaria para subrayar emocionalmente el relato. Hubiese sido interesante ver cómo se las arreglaban el director y su diseñador de sonido para mantener el suspenso y la emotividad sin apelar a un recurso tan obvio, pero sería absurdo pedirle eso a una producción de Hollywood.

Hay quienes han observado cierta similitud con el cine de M. Night Shyamalan, sobre todo con Señales (2002), en la que también había una familia aislada, progresivamente acechada por criaturas extraterrestres, que debía trabajar como equipo para descubrir, casi al final y como por casualidad, que la mágica solución a sus problemas estaba en ellos mismos, casi como si hubiesen estado destinados para eso. Por suerte Krasinski no es Shyamalan, lo cual quiere decir que no tiene la necesidad de ponerse más trascendente de lo necesario. Lo suyo es apegarse a un relato concreto, conciso, 90 minutos bien ejecutados en los que no falta ni sobra nada, y que concluyen con gran intensidad, sin moralinas ni epílogos innecesarios.

Si la película funciona, más allá de una premisa interesante y una ejecución cinematográfica virtuosa, es porque hay un puñado de personajes que nos importan, y esto sólo alcanzaría para ubicarla varios escalones por encima de casi todo el cine de terror y suspenso que se estrena habitualmente. Pero además esos personajes están impecablemente defendidos por un elenco estupendo, empezando por la siempre eficaz Emily Blunt y continuando con dos jovencísimos y talentosos actores como Noah Jupe y Millicent Simmonds, quien es realmente sorda y brinda una actuación compleja, desafiante y emocional, como la de cada uno de sus compañeros de elenco.

Enrique Buchichio (Cartelera, 16/04/2018)

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