“A 47 metros” (Guilherme de Alencar Pinto)

Terrores primarios

Esta peliculita británica que costó menos de 6 millones de dólares fue concebida originalmente para lanzamiento directo en DVD y video a demanda, con el título In the Deep. A mediados de 2016, sin embargo, la estadounidense Entertainment Studios compró los derechos de la obra, canceló el modesto plan de lanzamiento inicialmente previsto y la programó para exhibición en cines en el verano (boreal) de 2017. Demostraron olfato comercial y tuvieron suerte (por ejemplo, con el estatus que ganó Mandy Moore a partir de la serie This Is Us, difundida a partir de fines de 2016). Nadie hubiera previsto la magnitud del éxito. Recaudó más de 60 millones (es decir, decuplicó el costo de la realización) y todavía falta la taquilla del hemisferio sur, donde recién está siendo lanzada. Esto implica más público que casi todos los títulos independientes de alto perfil de 2017 (incluidos algunos oscarizables como Tres anuncios para un crimen, Lady Bird o La forma del agua), con las excepciones de ¡Huye! y Las horas más oscuras. Tanto así que ya se encuentra en preparación una continuación, anunciada como 48 Meters Down.

Los diálogos son pobres y los actores hubieran tenido que ser geniales para arreglarse con ellos. Uno desearía que la película omitiera todo aquello que parece cumplir la función de parecer mejor que lo que es: algún simbolismo muy choto (Kate asusta a Lisa en la piscina y ésta deja caer su copa de vino, que se desparrama en el agua aludiendo a la sangre que vendrá más adelante) o el intento de delinear las personajes principales. Es decir, es interesante, para el desarrollo de la acción, eso de que Lisa es insegura y Kate es intrépida, pero las situaciones y parlamentos del prólogo para exponernos eso y para generar un mínimo de antecedente a la acción central, son burdos (tipo: “Lisa, estamos en México y vos y yo somos las únicas personas que no estamos en la noche”; corta a terrible fiestonga tropical donde un montón de personas jóvenes, bonitas y bien vestidas bailan divertidísimas, con los brazos en alto y en cámara lenta, al sonido de una canción pop bobota). A veces es mucho más digno asumir la propia precariedad conceptual y pasar directo a la acción.

Las hermanas deciden hacer una excursión marítima que ofrece una zambullida en una jaula desde la que pueden apreciar, con aparente seguridad, a los muchos grandes tiburones blancos que infestan la zona. El negocio es sumamente precario, probablemente irregular, y por más que Lisa tenga altas dudas antes de entrar a la tal jaula, uno no puede dejar de sentir que son medio tontas de meterse en ese lío (incluso es tonto que se suban al barco sin testigo o recibo alguno: perfectamente podría ser una trampa para secuestrarlas.) En fin: la grúa del barco se rompe, la jaula se hunde hasta el fondo del mar, a 47 metros de la superficie. A ellas les queda nomás una horita de oxígeno en los tanques, la comunicación radiofónica con el barco es complicada, los voraces escualos asechan a su alrededor y el riesgo de salir de la jaula es aun mayor porque el ascenso debe ser pausado, para evitar embolías potencialmente letales.

El planteo es interesante, sobre todo para quien sabe poco o nada de buceo: quienes sí saben han insistido en una serie de errores respecto de cuánto tiempo de oxígeno les habría quedado a Kate y a Lisa, qué ocurriría con su salud en esa situación, de qué modo hay que lidiar con los tiburones, cuál es el protocolo de rescate, y cómo es posible que las dos hermanas puedan dialogar en el fondo del agua (cómo se trasmite la señal de una a otra, y cómo hacen para escucharla si no tienen nada parecido a auriculares).

Hay que hacer caso omiso de todo eso y vivir la película desde el mundo posible, pretendidamente naturalista, que tenga las reglas planteadas en la propia narrativa. Ahí hay situaciones originales, un efectivo trabajo de filmación subacuática y de efectos especiales, y da para pasar un buen rato.

Casi toda la acción tiene lugar bajo el agua. Se inventan varias situaciones, escollos, esperanzas que se frustran, pequeños progresos. Quitando a los conocedores de buceo que se sientan bloqueados por los errores o quienes tengan un sentido crítico destructivo con respecto a los diálogos malos, supongo que todo el mundo sufrirá unos golpes adrenalínicos y sentirá miedo y angustia, y ni que hablar de quienes sean especialmente sensibles a algunos de los miedos primarios que esta anécdota maneja.

Hay un recurso narrativo interesante: se generan como dos finales distintos, uno sensacionalista y otro más naturalista: uno piensa que todo se acabó y resulta que no. No me puedo explayar para no quitar la sorpresa, pero el recurso genera un efecto de frustración (positivo en el contexto de una película de suspenso y miedo). La película es muy menor y bastante mala, pero verla no es un tiempo totalmente perdido.

A 47 metros” (47 Meters Down), dirigida por Johannes Roberts. Con Mandy Moore, Claire Holt, Matthew Modine. Reino Unido, 2016.

Movie Montevideo, Nuevocentro, Portones, Costa Urbana, Punta Shopping, Stella (Colonia)

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 12/02/2018)

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