“Las horas más oscuras” (Enrique Buchichio)

Sin novedad en el frente

Las horas más oscuras a las que hace referencia el título de esta película son, obviamente, las que tuvo que atravesar el primer ministro británico Winston Churchill a poco de asumir el cargo, en mayo de 1940, en pleno asedio de la Alemania nazi, mientras el ejército de Hitler se expandía al oeste de Europa y amenazaba con invadir Gran Bretaña. Mientras algunos dentro del propio gobierno insistían con la necesidad de negociar, Churchill debía tomar una de las más trascendentes decisiones de su carrera política. El resultado es conocido: el primer ministro enfrentó con decisión a su enemigo y, a través de encendidos discursos y firmes estrategias tanto políticas como militares, levantó el espíritu y la moral de su ejército y de su pueblo.

Y eso es todo. Las horas más oscuras no es una biografía del carismático y polémico líder (algo probablemente imposible de abarcar en una película), sino el retrato de un breve aunque decisivo capítulo en su vida y la del pueblo británico. Del mismo modo que Lincoln, de Steven Spielberg (2012), no era una biografía del presidente estadounidense sino una versión de cómo logró, políticamente, aprobar la abolición de la esclavitud y cambiar con ello el curso de la historia. Los historiadores podrán reprocharle al guion de Anthony McCarten que se haya tomado algunas libertades, lo mismo harán quienes consideren a Churchill un personaje mucho menos heroico y noble de lo que aquí se presenta. Pero no se trata de un documental histórico de la BBC, del mismo modo que The Crown (la serie de Netflix cuya primera temporada narra la relación entre Churchill y la joven reina Isabel II) no pretende ser una lección de historia sino una dramatización inspirada en personajes y hechos reales.

Desde el punto de vista dramático, la película funciona a medias. Si bien se agradece que la anécdota se concentre en un episodio puntual y no pretenda abarcar más de lo posible en un largometraje de dos horas, es casi imposible que no luzca algo superficial y reduccionista. El relato se limita a presentar la curiosa personalidad de su personaje (nada que sorprenda a quienes hayan visto, de nuevo, The Crown), sus debates con correligionarios y opositores (muchos de los cuales, tanto de un lado como del otro, no veían con buenos ojos su designación), y un par de momentos que contribuyen a su toma de postura. En este sentido, esa secuencia del viaje en subte luce algo forzada e inverosímil, y denota demasiado su lugar de artilugio dentro del relato que busca acercar al personaje a la gente, de la que se siente bastante alejado.

El guion tampoco evita echar mano al clásico lugar de la esposa fiel y comprensiva (aquí bien encarnada por Kristin Scott Thomas) y, por supuesto, como buen cine patriótico, a un discurso final que termina de redondear el estatus casi heroico de su personaje. Claro, tenía con qué: el histórico discurso (“Lucharemos en las playas”) pronunciado por Churchill ante la Cámara de los Comunes el 4 de junio de 1940. Aún el más férreo antibelicista encontrará difícil no emocionarse un poco ante esas palabras, sobre todo al ser pronunciadas por Gary Oldman como parte de una transformación actoral no sólo física sino también vocal que es, cuando menos, admirable.

Enrique Buchichio (Cartelera, 18/03/2018)

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