“15:17 Tren a París” (Guilherme de Alencar Pinto)

Guerrero solitario

El apoyo de Clint Eastwood a la candidatura presidencial de Trump lo convirtió en persona non grata en el círculo ideológicamente hegemónico en Hollywood. Sin que haya un movimiento explícito de boicot, el clima viene de distancia y silencio (Sully: Hazaña en el Hudson fue relegado en las nominaciones al Oscar 2017, y el homenaje prestado a Meryl Streep en el recientes Globo de Oro omitió alevosamente a Los puentes de Madison, que le había valido a la actriz una de sus candidaturas al Oscar). Definida la situación, el veterano director reaccionó haciendo la suya, sin ningún intento de acercamiento a quienes están incómodos con él: ésta es una de sus películas más “republicanas” (junto a El guerrero solitario, de 1986, y Francotirador, de 2014). La hizo con su equipo técnico-artístico habitual, pero no usó ningún actor medianamente conocido, trabajó sobre el guion de la primeriza Dorothy Blyskal y la está lanzando en el momento menos oscarizable del año (es decir, el período entre que se difunden las nominaciones y previo a la premiación).

La temática es casi una fusión de sus dos lanzamientos previos, Sully (Sully: Hazaña en el Hudson, 2016) y American Sniper (Francotirador, 2014). Como ambas, cuenta una historia real. Es, como Sully, el enaltecimiento del heroísmo y de la iniciativa que en una ocasión salvaron vidas inocentes. Como American Sniper, es una biopic que tiene como tópico muy importante el enaltecimiento del ejército estadounidense, del militarismo y de las virtudes del Occidente desarrollado frente al mundo islámico. Aquí se trata de los tres jóvenes estadounidenses, amigos de infancia, dos de ellos militares, que durante unas vacaciones por Europa lograron anular y capturar a un terrorista musulmán preparado para cometer una masacre en un tren que viajaba de Ámsterdam a París. Eso ocurrió en 2015.

Una de las particularidades de la película es que los tres héroes están actuados por ellos mismos. Stone, Skarlatos y Sadler deben haber colaborado para la reconstitución, que, de todos modos, coincide puntillosamente con los registros que se pueden leer en internet. La película no resulta “republicana” o “derechista” porque fabrique una anécdota adecuada para apoyar las premisas de ese marco ideológico, sino sencillamente porque Eastwood elegió recortar un incidente real que, en forma casi irrebatible, apoya algunos de sus argumentos. El terrorista irrumpió de pronto en actitud de ataque, portando un fusil de asalto AK-47 con cargadores suficientes como para 270 disparos, una pistola semiautomática y un cuchillo. Seis o siete pasajeros intervinieron para impedir la carnicería, y entre ellos había un británico y por lo menos un francés, pero la mayoría de quienes dieron pelea fueron estadounidenses. El entrenamiento militar de dos de ellos fue probablemente decisivo, sobre todo el de Stone, entrenado en el SERE (Supervivencia, Evasión, Resistencia y Escape) de las fuerzas armadas de Estados Unidos, lo que implica dominio de jiu-jitsu, excelente forma física y formación como paramédico —esto fue fundamental para salvar la vida del único pasajero herido de bala en el episodio—. Stone es católico, y al igual que sus amigos se formó en una escuela cristiana en Sacramento, California, y se lo ve en dos ocasiones en la película rezando la oración de Francisco de Asís, lo que acentúa la diferencia con el islamismo del terrorista marroquí Ayoub El-Khazzani. Ni Stone ni Skarlatos están especialmente teñidos con el aspecto fascista o imperialista asociable al ejército estadounidense: el primero se enroló inspirado sobre todo en actividades de rescate, es decir, salvar vidas, mientras que el servicio de Skarlatos en Afganistán consistió esencialmente en actividades de rutina en el cuartel. Los dos son blancos, pero su amigo Sadler es negro, así que no es cuestión aquí de supremacía blanca sureña. Stone y Skarlatos fueron criados por madres solteras, que hicieron los esfuerzos correspondientes por darles la mejor educación posible, y de todos los tutores militares de Stone, al que más vemos es a una oficial —la que le trasmite los conocimientos de paramedicina y protagoniza el episodio de la falsa alarma en el centro de entrenamiento—, así que tampoco se trata de defensa a ultranza de la familia estándar o de desconsiderar a la mujer. Es decir, la película muestra la eficacia del ejército estadounidense, la forma como dota a sus profesionales de coraje y de un sentido ético que, llegado el momento, resultan esenciales para defender la civilización y la libertad encarnadas en un principio tan elemental como el de que uno tiene el derecho a viajar tranquilo sin ser ametrallado por un lunático resentido. A la vez, disocia expresamente el militarismo y la defensa de nuestra forma de vida de algunos valores negativos con los éstos se suelen confundir (conservadurismo, intolerancia, discriminación, intervencionismo con efectos nefastos para los demás, abusos prepotentes, etcétera). La única escena en que la narrativa carga un poco en las tintas ideológicas es en las abluciones de El-Khazzani antes del ataque: suena música incidental siniestra, vemos su mirada seria aislada en el espejo, acentuando su propósito asesino.

Filmar historias reales es siempre un lío, ya que los eventos de la vida no suelen organizarse en la estructura narrativa que uno espera de una película de corte clásico. Aquí tenemos una situación similar a la de Sully: la acción ocurrió en unos pocos minutos. Pero ni siquiera tenemos las controversias y el juicio que constituyeron lo grueso del film de 2016. Sully está resuelta en forma magistral; esta película resulta muy rara. Poniendo todo el esfuerzo de apertura estética y el respeto que Eastwood se merece como cineasta, podríamos intentar verla como una propuesta de naturalismo radical, en el sentido de que en la enorme parte del metraje “no pasa nada” o, dicho en forma más precisa, pasan cosas poco significativas que no tendrán consecuencia alguna, y que sólo resultarán interesantes para un krishnamurtiano muy consecuente. Seguimos a los tres personajes cuando se conocieron, todavía púberes, en una escuela en Sacramento en 2005. Luego acompañamos el entrenamiento de los dos militares. Finalmente tenemos el relato de su viaje por Europa y, en los quince o veinte minutos finales, el episodio del tren.

Sólo en la primera escena hay un intento de dramatizar un episodio prosaico, y es patético: la directora del colegio intenta convencer a las mamás de Alek y Spencer de que los niños tienen síndrome de déficit atencional, y éstas, en forma algo exagerada, desmotivada y apresurada, se sienten escandalizadas ante la idea de que sus críos tengan un trastorno psiquiátrico que deba ser tratado con medicación, y se retiran ofendidas. Por lo demás, la película luce casi bizarramente prosaica, siguiendo la inusual premisa de que no se muestra nada que no sea históricamente cierto. Mientras Spencer, Alek y Anthony son gurises, vemos indicios de su fascinación con lo militar (y pocos directores atribuirían la poesía del movimiento de grúa ascendente y la música bucólica a los tres niños jugando a dispararse unos a otros con sus armas de plástico que reproducen fielmente las reales). Luego el entrenamiento militar es más o menos el que vimos en decenas de películas. Y el viaje: debe haber como cuarenta minutos de los tres jóvenes recorriendo los mojones turísticos de Roma y Venecia, y una extensa nochada en una discoteca loca de Ámsterdam. Contemplan y se vinculan con varias italianas, alemanas y holandesas muy hermosas, pero no parece que hubiera sexo con ninguna. Los diálogos tienen el siguiente tenor: “Bueno, decidido, iremos a París.” “Sí, pero mientras tanto, disfrutemos de Venecia.” “¡Claro! Bueno, entonces, ¿qué elegimos?” “¿Qué les parece si pedimos pizza?” “¡Eso, pizza!”. (Cito de memoria, pero no caricaturizo: es aproximadamente eso.)

El rasgo peculiar, y que es muy de Eastwood, es la imparcialidad con que aborda algunos conflictos: los profesores y los tutores militares tienen que aplicar disciplina, contra la que se rebelan los estudiantes (luego reclutas). Siempre entendemos las dos partes, no hay víctima y villano, simplemente una tensión (a la larga productiva) entre diferencias y roles. Ni siquiera está tratado como caricatura el director de la escuela que recomienda que la custodia de Alek sea confiada a su padre (porque así se lo recomendó la voz de Dios, alega).

Luego la escena de acción, relativamente breve, es intensa, y está filmada y montada con la pericia habitual con que Eastwood suele manejar esos elementos, así como el clima de agradecimiento y homenaje emotivo que sigue. Una vez que actores y personajes son los mismos cuerpos, el pasaje entre las imágenes de archivo y las reconstituciones resulta muy natural.

15:17 tren a París” (The 15:17 to Paris), dirigida por Clint Eastwood. Basado en libro de Anthony Sadler, Alek Skarlatos, Spencer Stone y Jeffrey E. Stern. Con Stone, Skarlatos, Sadler. Estados Unidos, 2018. Ejido, Casablanca, Grupocine Punta Carretas, Movie Montevideo, Portones, Las Piedras Shopping, Punta Shopping, Colonia Shopping, Shopping Paysandú, Siñeriz (Rivera)

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 13/02/2018)

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