21er Festival Internacional de Cine de Punta del Este – FilMusic Fest (Guilherme de Alencar Pinto)

Así, como suena

Por tercer año consecutivo, el Festival de Punta del Este incluye la sección FilMusic Fest, coordinada por Juan José Morialdo. Consiste en una selección de ejemplares de esa veta cada vez más extendida de documentales sobre música (sobre algún individuo o banda, o sobre algún movimiento). Por supuesto, ese tipo de trabajos involucra pericia cinematográfica, pero la clave siempre estará en el interés que susciten el personaje y su música para el espectador.

Charco / Canciones del Río de la Plata (Julián Chalde, Argentina) lidia con la corriente de afecto y entendimiento entre las músicas de Montevideo y Buenos Aires. El músico argentino Pablo Dacal se va encontrando, sucesivamente, con músicos de ambas orillas, con quienes dialoga y a veces interactúa musicalmente. Hay muchas versiones cruzadas (Franny Glass canta a Dino, Jorge Drexler a Fernando Cabrera, Fito Páez a Charly García) y el recurso sirve para traer a la película algunos músicos ya fallecidos (Cabrera canta a Osiris Rodríguez Castillos, Hugo Fattoruso a Mateo, Mandrake Wolf al Príncipe, Sofía Viola a Gilda, Vera Spinetta a su padre Luis Alberto Spinetta, Ana Prada a Darnauchans). Hay conversaciones y/o números musicales además con Gustavo Santaolalla, Juan Campodónico, Luciano Supervielle, Melingo, Miguel Grinberg, Pipo Lernoud, Eduardo Da Luz, Edú Lombardo, Washington Benavides, Jorge Serrano (de Auténticos Decadentes) y Pablo Lescano (de Damas Gratis). La idea parece haber sido pintar un panorama, pero de pronto fue tan grande la amplitud que se buscó que algunas áreas quedaron confinadas a un solo representante, lo cual, por supuesto, es poco. La película termina teniendo el aire de una colección de postales, con conversaciones entrecortadas e insuficientes, reducidas a frases sueltas que pretenden valerse por su swing, recurso que nunca llega a compensar una enunciación más extensa y articulada. Para peor hay varios episodios ensayados donde las personas hacen de sí mismas (pero lo actúan, por lo general, muy mal), tipo “¡Bienvenido al Uruguay! Tenía el mate acá, preparadito.” Hay imágenes muy bonitas de los paisajes urbanos de ambas ciudades, y además del Tigre y la pampa, de algunos cafés porteños, de los estudios Sondor y del teatro Solís. El vínculo entre los dos países, quitando el hecho de que es un argentino el que hace las entrevistas, nunca llega a realmente delinearse, porque esencialmente los argentinos hablan de sus antecedentes argentinos y los uruguayos, de uruguayos (Hugo hace la deferencia de referirse a Manal, y Cabrera a los folcloristas argentinos). Al final Martín Buscaglia y Dacal hacen una payada/duelo en broma, en la que cantan respectivamente las virtudes de las propias culturas. Pero el vínculo y la interinfluencia son mucho más ricos que lo que da a entender esta realización. Musicalmente hay algunos grandes momentos (destaque especial para Mandrake haciendo “Ángel de la ciudad”). (Martes 20 a las 21:40 hs, Cantegril, con la presencia de Andrés Mayo, idealizador, productor y sonidista del proyecto)

Ábalos: una historia de cinco hermanos (Josefina Zavalía Ábalos, Argentina) no es precisamente lo que dice el título. La historia y la calidad del famoso grupo folclorista Los Hermanos Ábalos (activo de 1939 a 1999) es el trasfondo de mucho de lo que vemos, pero la película gira más bien alrededor de Vitillo Ábalos, quien es, desde 2008, el último sobreviviente de los cinco hermanos. La película se filmó entre 2013 y 2017, y ese hombre nonagenario sigue tocando como los dioses el bombo legüero, canta bárbaro, baila chacareras e incluso zapatea. Es un ser entrañable, de esos señores cuyo vestir, siempre formal e impecable, no es sino la expresión exterior de una manera de ser, cuidadosa, modesta, gentil, caballerosa. Recuerda y narra con precisión muchísimas anécdotas, pero no vive en el pasado ni lamenta la juventud perdida, quizá porque nunca la perdió: agradece lo vivido y sigue haciendo planes para seguir haciendo cosas. En una ocasión nombra a los Beatles y su interlocutor no entiende qué dijo, y don Vitillo explica: “Los Beatles, los chicos de Liverpool, de los cerquillitos…” Su sobrino nieto Juan Gigena Ábalos (guitarrista de Ciro y los Persas) se reencontró con él y decidió llevar adelante el proyecto de un disco en que el viejo versiona canciones del repertorio de Los Hermanos Ábalos, junto a grandes músicos de distintos ámbitos (Juanjo Domínguez, Jaime Torres, Jimmy Rip, La Bomba de Tiempo y un ensamble enorme —y excelente— integrado por descendientes de los Ábalos). La película muestra aspectos de su cotidiano, conversaciones con ese hombre con el que uno pasaría horas charlando en un boliche, y algunas de las grabaciones del disco y espectáculos. Esto va alternado con unas pocas filmaciones de archivo de Los Hermanos Ábalos, incluida la aparición, que los proyectó a la fama, en La guerra gaucha, de Lucas Demare (1942). (Miércoles 21 a las 22:15 hs, Cantegril, con la presencia de la directora y de Juan Gigena)

Yo Sandro (Miguel Mato, Argentina) aborda la vida del ídolo latinoamericano (1945-2010). Se apoya sobre todo en una grabación sonora de calidad técnica deficiente, en que el cantante contó de forma muy simpática su vida. Muchas veces lo escuchamos en voz over, en otras ocasiones las palabras de Sandro aparecen interpretadas en la voz de alguien con entonación y voz muy similares a las del locutor de las últimas propagandas de Macromercado. Algunos de los episodios de su infancia aparecen reconstruidos con actores. Ninguno de esos recursos aporta demasiado. Luego hay una abundancia de imágenes de archivo, de Sandro actuando, de fragmentos de sus muchas películas, de momentos cotidianos (Sandro en la piscina, Sandro caminando de un lado a otro), y de las multitudes que solían acogerlo y en especial de las mujeres claramente erotizadas por sus contorsiones corporales y la emocionalidad enfática, volcada con una formidable técnica vocal. Los realizadores trataron de hacer un montaje cuidado (varias secuencias de planos cortos vinculados a determinada temática, o alguna superposición significativa, como cuando el cantante describe sus orígenes muy humildes y la cámara se pasea por el decorado kitsch de su vivienda muy suntuosa). No hay análisis, no hay apreciación de su música, influencia o impacto, con la excepción, cerca del final del metraje, de una entrevista aislada a la cantante Lucecita Benítez. Incluso los datos quedan un poco confusos: ¿en qué ámbito actuaba en sus inicios?, ¿en qué año fue el festival internacional en que se proyectó?, ¿en qué países se proyectó?, ¿qué impacto tuvo el éxito en su vida y cuánto duró? La película se ocupa de su formación y la eclosión de su éxito, y no hay palabra sobre sus últimos años ni sobre su muerte. Vale para ver las muestras filmadas de esa figura algo bizarra, cuya popularidad mostró algo acerca de Argentina, Latinoamérica, los gustos masivos y la atracción erótica. (Jueves 22 a las 20:45 en la Casa de la Cultura de Maldonado, con la presencia del director)

Chavela (Catherine Gund y Daresha Kyi, Estados Unidos/México/España) cuenta la vida de la mejicana (nacida en Costa Rica) Chavela Vargas (1919-2012). El material básico es una extensa entrevista filmada a la cantante en 1991, que las directoras alternan con imágenes diversas de archivo y entrevistas tipo “cabezas parlantes”, filmadas especialmente, a testigos de su vida y colegas. La vida de la artista sugirió una estructura en cinco secciones —prólogo, formación, momento oscuro, renacer triunfal, epílogo—, donde el episodio central consiste en la debacle y los 12 años de inactividad debido al serio alcoholismo, y el renacer es su sorpresivo regreso a las tablas, de la mano de Liliana Felipe y Jesusa Rodríguez, justo en un momento en que sus canciones llamaban la atención del mundo al colorear películas de Pedro Almodóvar, quien cumplió un papel importante en presentarla al público español y luego al francés, hasta propiciar un regreso triunfal a México. Es de esa etapa la mayor abundancia de actuaciones filmadas, así que finalmente tenemos algunos ejemplares más o menos extensos de esas rancheras apasionadas y desgarradoras que sólo parecen ganar su pleno sentido luego del tercer vaso de tequila. Junto a la carrera propiamente musical, la película aborda las dificultades de Chavela con su familia por su actitud masculinizada, luego la constitución de su imagen pública como “mujer más macha que los más machos”, y finalmente su asunción pública (recién en los años noventa) como homosexual, y la importancia enorme que tuvo para las lesbianas de México. El retrato es vívido, emotivo y bien estructurado, la música es imponente, y entre lo mucho que se dice, merecen un destaque especial algunas frases llenas de poesía de Almodóvar, Miguel Bosé y la propia Chavela. (Viernes 23 a las 20 hs, Casa de la Cultura de Maldonado).

Dejo para último la película que abre el ciclo, esta noche, lunes 19 a las 21:30 hs en Cantegril. Vinicius (Miguel Faria Jr., Brasil) no es una película nueva (es de 2005) y ya tuvo exhibición en Uruguay en su momento, pero se incorpora al ciclo por cuenta de la oportunidad de tener a Mariana de Moraes, nieta del artista, ella misma una excelente cantante, presentándola al público de Punta del Este. Ninguna de las películas del ciclo refiere a una figura tan compleja: Vinicius (1913-1980) fue poeta, dramaturgo, diplomático, se sumó a una tendencia fascistoide cuando joven, luego se hizo de izquierda y finalmente un bohemio que, como dice el texto hablado de la película, “era un ateo materialista que decidió creer en el misterio sensual de los orishás” y fue a vivir a Bahía. Como letrista de canciones, tuvo su presencia en la “época de oro” de la canción brasileña, fue uno de los fundadores e ideólogos de la bossa nova y luego de algunas de las escapadas de la bossa nova (la música de influencia nordestina con textos políticos asociada con la segunda etapa de Carlos Lyra, los afro-sambas asociados a Baden Powell, la veta bahianista asociada con Toquinho). En su etapa final con Toquinho hizo más de mil presentaciones mundo afuera como cantante, convirtiéndose, además de en un autor reconocido, en una estrella y personaje muy conocido. Era una figura extremadamente calurosa, generosa, desprendida, que vivió la vida tratando de sacarle todo el provecho posible en cuanto a amor, amistades y belleza. De todas las películas del ciclo es la única que analiza con alguna profundidad el alcance de su obra, gracias a una colección de invitados de una inteligencia y sensibilidad envidiable: Antônio Cândido y Ferreira Gullar hablando de su literatura, Tonia Carrero, Maria Bethania y tres de las hijas de Vinicius hablan de su vida, y de ambas cosas más la música, gente como Caetano Veloso, Chico Buarque, Francis Hime, Gilberto Gil, Edu Lobo, Toquinho. Estos últimos, como parte de las entrevistas, hacen versiones exclusivas de algunas canciones de Vinicius (imponentes, porque todos cantan bien y los tres últimos son eximios guitarristas). Una representación teatral de estatus indefinido (¿preparada especialmente para la película?) da pie a que dos actores lean textos suyos y narren aspectos de su evolución y, al parecer en el mismo contexto, varios otros músicos invitados hacen canciones suyas en arreglos preparados especialmente. En paralelo a la vida del Poetinha, imágenes documentales retratan la evolución del país y de aspectos de la cultura que informan su papel en todo eso. Y hay además imágenes de archivo con el propio Vinicius. Así que la película conceptualiza, informa y además implica un baño de música y poesía.

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 19/02/2018)

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