“La forma del agua” (Andrés Caro Berta)

A ver… este… mmmm… eh…

No sé cómo empezar este comentario… Muchos se pueden enojar, otros quizás coincidan…

El filme de Del Toro tiene todo para ser un éxito de taquilla… Ahora, ¿es una buena película?

En la era de Black Mirror, u Orphan Black surge este cuentos de hadas, cursi, con todos los guiños para sensibilizar a las almas buenas, roba de aquí y de allá, hace un mundo de malos muy malos y buenos, muy buenos, de corazones solitarios, de… para construir sí, un cuento de hadas… O de sirenas… O dioses acuáticos y posible princesa que fue encontrada a orillas de un río, sin saber quiénes eran sus padres y que tiene unas rayas en el cuello que parecen branquias… Y con eso y una nostalgia de tiempos de guerras frías que tienen algunos parecidos con el presente, construye un cuento…

Además, claro, hay menciones a la actualidad. En el comienzo un gran incendio ocurre en alguna parte de la ciudad pero parece que nadie le da importancia; el diferente (de Latinoamérica) es traído para ser estudiado y maltratado por un corrupto civil ligado a un corrupto militar norteamericano; los rusos están ahí (como ahora) influyendo en la política de Estados Unidos, buscando robar el muchacho descubierto; la muchacha, muda, de la servidumbre es la sensible, y forma parte de la minoría dreamers, que sólo accede a los trabajos de limpieza, sumado todo esto a un científico espía ruso, bueno, bueno, bueno, que al final lucha contra los suyos para salvar a esa criatura, pero a último momento traiciona, delata a quien la raptó; además su compañera negra (minoría maltratada) es la que la apaña en esa extraña aventura (casada con un marido atorrante y machista); la protagonista vive con un veterano dibujante gay que se angustia por estar solo e intenta conquistar a un encargado de un café, comprando horrorosas tortas que acumula en su heladera con tal de conquistarlo, hasta que este lo expulsa por homosexual; en fin… Todo, todo, todo traído de los pelos.

Tanto se estira de la cuerda, que las cosas más inverosímiles ocurren entre sonrisas y llantos. Ella descubre su goce sexual compartido inundando el baño donde tiene refugiado a ese muchacho, que es hermoso, con tremendo cuerpo y parece bien dotado entre piernas.

Esa inundación, que llega hasta el cine que hay abajo del apartamento, apenas es una picardía que se soluciona enseguida, abriendo la puerta del baño y dejando correr el agua hasta que se agote y ya está; la criatura se escapa, va a la calle, entra a la sala cinematográfica vacía, pero donde se ve una película, y nadie se percata; en fin, podría seguir relatando secuencias…

Todo es traído de los pelos. Claro, esa fantasía, que se remite a miles de películas musicales, cuando Estados Unidos era otra cosa, no como en los 60 y en el presente, con la Guerra Fría de por medio, y experimentos secretos de rusos y norteamericanos… Y metiendo a China, por las dudas.

Todo es lacrimógeno, busca el golpe bajo de los sentimientos, y lo consigue. Si le gusta esta película, va a llorar mucho y luego se sentirá reconformada o reconfortado con el final feliz, donde hasta el malo, malo, malo es asesinado por la criatura y… Bueno, no sigo, pero mire que todo termina bien. Hasta el vecino gay (buenazo) logra recuperar el pelo y curar una herida cuando la forma del agua, dios amazónico lo acaricia…

Esta no es una película en serio. Está hecha para conquistar las almas sensibles, que mastican palomitas de maíz mientras dejan de lado todas las incoherencias del libreto y aceptan todo lo que pasa sin preocuparse mucho de la realidad y los absurdos en los que cae La forma del agua.

Una curiosidad. Cuando entra al laboratorio secreto ese muchacho amazónico y escamoso suenan los acordes de Guerra de Galaxias… mmmmmm

En fin… Ah, sí, para darle un toque actual hay alguna masturbación femenina, algún acto sexual explícito del malo con su mujer y muestra al enamorado veterano gay, frustrado en su intento de conquistar al encargado de la cafetería.

Sally Hawkins, buena actriz inglesa da credibilidad a su Elisa Espósito (Espósito porque es huérfana… ¿entendió?)

Michael Shannon se repite en su enésima presentación de hombre sin expresión (Si lo vio en Boardwalk Empire, lo encontrará igual, igual, a su actuación en esa magnífica serie)

Richard Jenkins, muy buen actor acá juega y se divierte como sensible gay.

Octavia Spencer, como Zelda Fuller, está bien.

Duck Jones está oculto, atrás del escamoso personaje principal.

Y Michael Stuhloarg como el Dr. Hottstetler está muy bien. Es un gran actor que también vimos en Boardwalk Empire, como un delicado gánster de Nueva York.

En fin, sé que voy contra la corriente. Va a ganar todos los premios y será record de taquilla, pero no es una buena película. Es una película bien hecha, aprovechando todos los tics posibles para sensibilizar al espectador.

Si puede huya… Del Toro es así. Un pésimo y manipulador director de cine.

Andrés Caro Berta (Diario Cambio, 27/01/2018)

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