“The Disaster Artist: Obra maestra” (Enrique Buchichio)

Al artista, con cariño
Tommy Wiseau es esa clase de personaje de la vida real que, si no existiera, habría que inventarlo. De lugar y fecha de nacimiento desconocidos (se supone que nació en algún país de Europa del este, probablemente Polonia, hacia 1955, aunque él nunca lo ha reconocido públicamente), se sabe que vivió algunos años en Francia antes de radicarse en Estados Unidos, donde adoptó su nombre actual e intentó convertirse en actor y cineasta. No tuvo suerte, pero alentado por su amigo, el también aspirante a estrella Greg Sestero, dio el salto a escribir, producir, dirigir y protagonizar su propia película. “El gran drama americano”, le llamaba. No tenía la menor idea de lo que estaba haciendo.

El resultado se llamó The Room, una película que costó la increíble suma de 6 millones de dólares (algo disparatado, considerando la calidad del producto) y que es considerada una de las “mejores peores” películas de la historia. Basta ver apenas unos fragmentos (los hay en YouTube) para comprobar que las actuaciones son todas espantosas, empezando por la del propio Wiseau (que se reservó el rol protagónico, obviamente), alguien que pretendía emular la intensidad dramática de sus dos actores favoritos (James Dean y Marlon Brando). Además, la construcción narrativa es un caos, abundan las escenas donde los personajes hacen o dicen cosas que no tienen ningún sentido en la trama, y lejos de ser un drama como él pretendía terminó logrando una suerte de comedia delirante que rápidamente se convirtió en un film de culto. Algo así como lo que sucedió en Uruguay con Acto de violencia en una joven periodista (1988), del misterioso cineasta Manuel Lamas, una película tan pero tan mala que tiene – cómo no – su grupo de fans que cada tanto llenan alguna sala para volver a verla entre risotadas cariñosas.

Lo mismo sucede con The Room, que fue un fracaso de crítica y público cuando su estreno en 2003, en una sala de Los Ángeles, pero que hasta hoy se sigue exhibiendo en funciones especiales en todo el mundo, convirtiendo a su director y protagonista en una verdadera estrella. Su amigo Sestero – coprotagonista en la película – publicó en 2013 el libro “The Disaster Artist” (El Artista del Desastre), en el cual narra los entretelones del rodaje. El libro cayó en manos de James Franco, actor y director para quien un personaje como Wiseau (que parece estar todo el tiempo bajo los efectos de alguna droga) es un anillo al dedo.

The Disaster Artist, la película, es una comedia en clave de homenaje al mejor estilo Ed Wood (1994), aquel fascinante retrato del director de Plan 9 del espacio sideral (1959), considerado el peor cineasta de la historia (algo difícil de afirmar, más con gente como Tommy Wiseau o Manuel Lamas haciendo películas por ahí). Solo que carece del rigor cinematográfico de Ed Wood (James Franco no es Tim Burton), un film hermoso desde todo punto de vista que no sólo recreaba el estilo visual de su homenajeado (en poderoso blanco y negro) sino que derrochaba cariño por sus personajes, incluyendo a un decadente Bela Lugosi (inolvidable Martin Landau).

The Disaster Artist también demuestra cariño por sus personajes (la película está narrada desde el punto de vista de Sestero, interpretado por Dave Franco, hermano del actor y director), pero no dista mucho del tipo de comedia de amigos más o menos alocados en que hemos visto a Franco y a su socio Seth Rogen – que aquí encarna al asistente de dirección – hasta el hartazgo (Piña Express, Este es el fin, Una loca entrevista). Claro que Wiseau es probablemente el personaje más jugoso que le ha tocado en este tipo de comedia, al menos desde el dealer fumado de Piña Express (2008).

Es probable que su reivindicación del artista como perseguidor de sueños, más allá de conceptos como el “talento”, la “calidad” y las opiniones de los demás – sean productores, agentes, críticos o espectadores – le haya valido el entusiasmo del jurado del Festival de San Sebastián, que le otorgó la Concha de Oro a la mejor película sin ser, precisamente, una gran película. Pero Tommy Wiseau es una estrella y The Room una película de culto, así que, ¿quién soy yo para opinar?

Enrique Buchichio (Cartelera, 21/01/2018)

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