“Tres anuncios por un crimen” (Hugo Acevedo)

La raíz del odio

El odio, el sentimiento de venganza, la violencia, el racismo y la peor exacerbación son los temas vertebrales que explora Tres anuncios por un crimen, el dramático film negro del realizador y dramaturgo británico Martin McDonagh, que tiene siete nominaciones al Oscar.

Realizador personalísimo y controvertido, Martin McDonagh ha cultivado en su carrera artística una vertiente extrema del teatro de la crueldad, impronta que ha trasladado también a su producción cinematográfica.

Su filmografía, que incluye recordados títulos como Escondidos en Brujas (2008) y Siete Psicópatas (2012), ha logrado cimentar una identidad que distingue al cineasta como una suerte de realizador incisivo e iconoclasta.

Como en sus películas precedentes, este director rupturista apuesta a un cine desencantado, que se desmarca claramente de los habituales clichés de la industria hollywoodense.

En ese contexto, Tres anuncios para un crimen sobresale por su tensión, singular realismo y crudeza, lo cual no obsta que apele en forma frecuente al humor, tan negro como sus personajes.

Ambientado en un pequeño pueblo del sur de los Estados Unidos, este relato se adentra en los orígenes de la violencia subyacente que aflora a la superficie, a partir de un acontecimiento impactante: la violación y el asesinato de una adolescente.

Tratándose de una comunidad donde habitualmente no sucede nada trascendente, el crimen se transforma en el detonante de otras situaciones de inusitada tensión.

Empero y más allá de su formato de thriller negro, Tres anuncios para un crimen es realmente un profundo retrato humano de un país enfermo de odio y brutalidad.

En ese contexto, los protagonistas de la narración son Mildred Hayes (monumental Frances McDormand), una mujer divorciada que comparte su vida con un hijo luego de perder a su joven hija asesinada, el rústico sheriff Bill Willoughby (Woody Harrelson), quien padece un letal cáncer de páncreas y Jason Dixon (Sam Rockwell), un agente de policía racista, autoritario y bastante paranoico.

El disparador de la historia es la concretada intención de la mujer de contratar un espacio publicitario en medio de una carretera desolada, en el cual denuncia la inacción policial en el esclarecimiento del asesinato de su hija.

Los tres anuncios, que acusan al sheriff con nombre y apellido de inepto o bien irresponsable en la investigación del crimen, genera una natural reacción de rabia en los uniformados.

Ese foco de insatisfacción, devenido por supuesto de una situación de violencia pre-existente y de un conflicto no saldado, constituye la materia prima de este relato de atmósferas agobiantes.

Empero, como el comisario es muy querido por los habitantes del pueblo y se sabe bien que padece una grave enfermedad terminal, la acusación se torna contra la propia acusadora, que comienza a experimentar el rechazo de todos.

A diferencia de otras películas que abordan una temática similar, en este caso la principal vertiente de la historia no es propiamente la pesquisa destinada a arrojar luz sobre el deleznable delito, sino el duelo de los deudos de la víctima y hasta su deseo compulsivo de venganza.

En ese contexto, la acción evoluciona mediante un ritmo moroso pero no menos sostenido, hacia un desenlace tal vez inesperado pero igualmente removedor por sus implicancias afectivas pero también sociales.

Salvo la madre de la joven asesinada, en este pueblo nadie parece reclamar justicia, como si el infausto acontecimiento no hubiera sucedido o sus pobladores carecieran de memoria. Sin embargo, sí les parece grave la publicación del aviso acusatorio.

En ese marco, la mujer padece la soledad y el aislamiento por su actitud de razonable rebeldía, que para la comunidad es un acto de osadía en la medida que desafía a la autoridad.

Evidentemente, nadie se pone en lugar de ella, ya que el dolor por el asesinato de la joven no es compartido ni genera expresiones de repudio, lo cual, naturalmente, abona la impunidad.

La falta de compromiso de la comunidad con la verdad sólo exacerba los sentimientos más oscuros de la mujer, que se debate entre el odio y el irracional pero comprensible deseo de venganza.

En Tres avisos por un crimen, el realizador Martin McDonagh administra con superlativa sabiduría las emociones de los personajes de la trama dramática, que desemboca en algunos picos de violencia extrema.

En tal sentido, resulta muy crudo el retrato de personajes alienados hasta el paroxismo, que definen descarnadamente las peores características de la condición humana.

Este film independiente, que parece haber sido dirigido por los célebres hermanos Joel y Ethan Coen, es la desaforada expresión de una sociedad enferma de odio e intransigente.

Martin McDonagh elabora una película intensa y de intrínseca brillantez, que mixtura el thriller con el cine negro y hasta la comedia, que en este caso se mofa sin piedad de determinados personajes prototípicos de un país que es gobernado nada menos que por un millonario delirante.

La magistral actuación de Frances McDormand al frente de un reparto actoral de alto quilates interpretativos, coadyuva a mejorar sustantivamente la calidad de un producto de por sí ambicioso.

Tres anuncios por un crimen es un film potente, de lenguajes demoledores y de magistral resolución creativa, que aspira, con suficientes credenciales, a ganar varios premios Oscar.

Tres anuncios por un crimen” (Three Billboards Outside Ebbing, Missouri). Estados Unidos – Reino Unido 2017. Dirección y Guión: Martin McDonagh. Fotografía: Ben Davis. Montaje: Jon Gregor. Música: Karen Elliot. Reparto: Frances McDormand, Woody Harrelson, Sam Rockwell, Peter Dinklage y Abbie Cornish.

Hugo Acevedo (Publicada en Revista Onda Digital, 05/02/2018)

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