“Todo el dinero del mundo” (Hugo Acevedo)

Riquezas y miserias

La mezquindad, el poder económico y la miseria moral son las tres vertientes que explora Todo el dinero del mundo, el impactante thriller del avezado y versátil realizador británico Ridley Scott, uno de los cineastas más talentosos, prolíficos y exitosos de los últimos cuarenta años.

Bastante antes de su estreno, esta película fue contaminada por la aureola del escándalo ya que su actor protagónico, Kevin Spacey, fue acusado públicamente de acoso sexual.

A raíz de esta grave imputación, Scott decidió despedir al intérprete y reemplazarlo por el octogenario Christopher Plummer, lo cual impuso el desafío de volver a rodar numerosas escenas en tiempo récord y así cumplir con los plazos estipulados para el estreno.

Empero, si la circunstancia del rodaje fue controvertida, más aun lo es el tema que aborda el film, que recrea el caso real del secuestro del nieto del hombre más rico del mundo acaecido en 1973.

La complejidad del proyecto no arredró en modo alguno al experimentado director y guionista, quien, a esta altura, es una suerte de leyenda viviente capaz de embarcarse en cualquier producción por más ambiciosa que esta sea.

No en vano su vasta carrera cinematográfica presenta resonantes éxitos de taquilla algunos de superlativa calidad, que conjugan una obra tan variada como creativa.

En ese marco, su extensa filmografía incluye, entre otros recordados títulos, Los duelistas (1977), Alien, el octavo pasajero (1979), Blade Runner (1982), Thelma y Louise (1991) y la galardonada Gladiador (2000).

En ese marco, Scott elabora, con su habitual oficio, un producto que mixtura el thriller con el drama y hasta con el testimonio, en tanto los personajes evocados son, más allá de la mera controversia, protagonistas de la historia de la segunda mitad del siglo pasado.

Aunque obviamente el guión se toma algunas libertades, el relato evoca, en lo sustantivo, el desgarrador drama de los integrantes de uno de los grupos económicos más poderosos del planeta en los ya lejanos años setenta.

La familia damnificada fue el clan Getty encabezado por el magnate petrolero John Paul Getty, uno de cuyos nietos, Paul Getty III, fue secuestrado por la mafia calabresa que exigió un millonario rescate por su liberación.

La historia está ambientada en 1973, en momentos que el mundo árabe desafió al occidente capitalista con un embargo petrolero, a raíz de apoyo militar y logístico suministrado por las potencias a Israel, durante la denominada Guerra Yom Kippur.

La decisión de los productores de crudo reunidos en la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP) provocó efectos inflacionarios y una grave crisis en el mundo desarrollado, que debió apelar al racionamiento y a modificar sus políticas económicas para adecuarlas a la compleja coyuntura.

Obviamente, la situación afectó particularmente a John Paul Getty, quien observó la multiplicación de sus cuantiosas ganancias a raíz del descomunal aumento del barril de crudo por la disminución de la oferta.

Otro acontecimiento histórico que describe no tal subliminalmente la película es la irrupción en Italia de la organización revolucionaria de ultra-izquierda Brigadas Rojas, que por entonces enfrentó al estado italiano.

No es casual que la historia real se haya desarrollado precisamente en Italia, a donde se mudó Paul Getty II con su esposa e hijos, a los efectos de trabajar en una de las empresas de su poderoso padre.

Aunque la película comienza con una breve reseña biográfica del multimillonario, la trama se centra naturalmente en la angustia originada por el secuestro del adolescente Paul Getty III (Charlie Plummer).

En ese contexto, la tensa narración se desarrolla en dos planos: en el de los mafiosos que mantienen cautivo al joven burgués y en el denodado esfuerzo de su madre Gail Harris (Michelle Williams) por convencer a su suegro que pague el rescate, con la ayuda de Fletcher Chase (Mark Wahlberg), un ex agente de la CIA y empleado del millonario.

Mientras retrata descarnadamente la mezquindad del anciano magnate que se niega a cumplir con las demandas de los secuestradores, la cámara también se adentra en el dantesco cautiverio del atribulado joven.

Ridley Scott maneja el suspenso con su reconocida sabiduría, trasuntando además el drama de una familia fracturada por la falta de afecto y la hipocresía, situación que puso en serio riesgo la vida de uno de sus miembros.

Empero y más allá de una trama cinematográfica no exenta de convencionalismos, el film indaga en la vida de un hombre poderoso e implacable, que no duda en invertir en la compra de un valioso cuadro mientras se niega a pagar por la libertad de su nieto.

Si bien puede aducirse que los mafiosos en este caso están bastante estereotipados, el personaje de John Paul Getty con todas sus miserias, logra ser sumamente convincente merced a la magistral actuación de Christopher Plummer, quien, a los ochenta y dos años, luce su talento intacto como en la cima de su ya dilatada carrera cinematográfica.

No le va en zaga Michelle Williams, quien interpreta con singular brillo y realismo a una madre angustiada por el secuestro de su hijo y por la insólita actitud de un suegro tan rico como insensible.

Todo el dinero del mundo mixtura el thriller con el drama, logrando conformar un producto cinematográfico nada memorable pero plausiblemente elaborado y muy bien actuado, acorde con el prestigio y la trayectoria de un legendario director como Ridley Scott.

Todo el dinero del mundo” (All the Money in the World). Estados Unidos 2017. Dirección y producción: Ridley Scott. Guión: David Scarpa. Reparto: Michelle Williams, Christopher Plummer, Mark Wahlberg, Romain Duris, Charlie Plummer, Tomothy Huton, Andrew Buchan, Olivia Grant, Marco Leonardi, Andrea Piedimonte, Roy McCrerey, Giulio Base y Stacy Martin.

Hugo Acevedo (Publicada en Revista Onda Digital, 30/01/2018)

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