“Paraíso” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Artífices del odio

En las últimas décadas del siglo XX, las cinematografías soviética y rusa (que poseen sus diferencias) renuevan su prestigio internacional con la irrupción de un cine a caballo entre las aperturas del comunismo de la perestroika, y la posterior producción de corte capitalista. Los por entonces jóvenes directores, formados en institutos oficiales, insuflan nuevos brios formales a películas de temas comprometidos con la variable situación política y social de las etapas finales del comunismo.

Entre estas “nuevas” figuras destacan los hermanos Nikita Mijalkov-Konchalovski y Andrei Mijalkov-Konchalovsky, luego convertido en Andrei Konchalovski. A grandes rasgos el cine del primero hace prevalecer la impronta cultural rusa, y el segundo, sin abandonar totalmente sus raíces, impone una línea de mayor eclecticismo, ampliando el espectro al cual está dirigido el film de que se trate. Ese eclecticismo, ahora se vuelca sobre una temática frecuentada por las cinematografías del Este: la 2da Guerra, el nazismo, la resistencia, los judíos y los campos de concentración, el colaboracionismo y otros ítems con estos vinculados.

Una cámara fija, recoge testimonios de varios personajes, sucesivamente registrados en un primer plano, con neutra pared como fondo; es la encargada de conferir carácter documental a todo cuanto se dice ante ella. La realización se inicia con estas declaraciones, retomadas a lo largo de dos vibrantes horas de proyección. El significado de estas imágenes es testimonial y reflexivo. El costado testimonial se construye con la presencia aislada de los testigos –impecable recurso dramático-, en un estilo que remite directamente a Carl Th. Dreyer y La pasión de Juana de Arco con sus primerísimos primeros planos, llevando la historia por una ruta en la que ideas y motivaciones de los participantes del juicio, son abstraídas de su entorno, convirtiéndolas en imágenes de potente significado, con un uso dramático de las mismas, de manera que lo emocional deje espacio a la reflexión, que sectores de la critica, han calificado de Brechtianos.

Las declaraciones testimoniales –de víctimas y victimarios-, de buscada apariencia de registros precarios –las deficiencias de iluminación se encargan de imponer esa pátina-, quiebran su distanciamiento cuando la palabra se convierte en imagen, surgiendo con una reconstrucción de las masacres de los alemanes, cuya lacerante existencia alcanza y sobrepasa los límites de cuanto mostrara el cine de ficción al respecto. Irrumpe de este modo el clásico film de “campos de concentración nazis”, con la perversidad (indiscutida) de los germanos y los comportamientos de miles de prisioneros, solidariamente unidos en su infortunio. Kapó (Pontecorvo, Italia 1960), El gheto Terezin (Radok, Checoslovaquia 1950) y Noche y bruma (Resnais, Francia 1956), impactantes en su reconstrucción (ficción o documental) de los campos nazis, brutales testimonios, y otros films populares sobre el tema (con La lista de Schindler ese Jurassic Park en torno a la Shoah a la cabeza), apenas si rozaron un asunto que Paraíso aborda frontalmente: las divergencias entre judíos, que, incitados por los nazis y un atávico instinto de conservación, luchaban entre ellos, por una “sopa aguada”, un cigarrillo, o la entrega sexual como “seguro de vida”.

Paraíso agrega así una perversión mayor del nazismo: la mutua eliminación y lucha entre unos prisioneros dispuestos a salvar su vida a cualquier precio. El colaboracionismo en sus más diversas expresiones, los límites entre la traición y la claudicación ineludible,… y otros puntos aún peligrosamente existentes, denotarían la pervivencia de un ideario satánico, disfrazado de cierto aire de locura imperante, propia de quienes construyen su futuro y evocan su pasado sobre valores tan monstruosos como la religión, la “raza”, y el destino ineluctable.

Con su dramática fotografía en expresivo blanco y negro, y su “imposible” convergencia de estilos narrativos, Konchalovski nos deja un notable trabajo sobre valores morales y su ausencia, traiciones y claudicaciones… Sobre la fragilidad de los hombres. Ha contado para ello con clásicos referentes del cine ruso, soviético y alemán de todas las épocas.

Admirable y conmovedora. Genial.

Paraíso” (Ray). Rusia / Alemania 2014. Dir.: Andrei Mijalkov-Konchalovsky. Con: Yuliya Vysotskaia, Victor Sukhorukov, Jean Denis Romer.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 12/01/2018)

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