“Blade Runner 2049” (Guilherme de Alencar Pinto)

Replicante

Las continuaciones son siempre algo espinoso, pero más aun cuando se decide hacer la continuación de una película de hace mucho tiempo, de una época en que no era tan automático que un blockbuster exitoso tendría su continuación. Las películas no se concebían pensando en una segunda parte, y sólo se hacía una si aparecía alguna excelente idea, o si el estilo mismo estaba inspirado en las series (como fue el caso de La guerra de las galaxias y de Los cazadores del arca perdida). Hay demasiadas ansiedades en retomar, décadas después, una película glorificada por la historia del cine, que la mayoría de los espectadores asimilaron cuando niños o jóvenes, o que ya conocieron como algo consagrado: nada puede ser demasiado igual porque si no queda como llover sobre lo mojado, pero nada puede ser demasiado distinto porque se pierde el vínculo con el original; es fútil tratar de volver a algo que integró una cultura ya lejana y que es irrecuperable, pero por otro lado ese volver nostálgico es una de las razones de ser del proyecto. Además, en la ciencia-ficción una de las mayores gracias es entrar en contacto con las premisas de ese mundo posible, y las continuaciones tienen que arreglárselas sin eso, y normalmente lo sustituyen por el encanto nostálgico del reencuentro y el placer infantil de la repetición.

Se puso mucha cabeza, mucho talento, mucho esfuerzo y mucha plata en esta continuación tardía de Blade Runner (de Ridley Scott, 1982). Se rompieron el coco realmente para inventar una situación que transcurre pasados 30 años después de la anécdota original (para así poder usar algunos de los mismos actores, ya envejecidos, y caracterizar realmente una continuación, no un reboot). Se trata necesariamente de una línea de tiempo alternativa a la nuestra, porque en el 2019 en que transcurría Blade Runner los replicantes (androides) y la colonización del espacio ya eran elementos establecidos hacía varios años, y lo que era un futuro posible en 1982 ya no vale en 2017. La película juega con eso, proyectándose como un futuro todavía imaginable desde 1982: Atari figura en los avisos como una corporación tan importante como Sony y Coca-Cola, y hay alguna alusión gráfica a la Unión Soviética como una entidad política quizá todavía existente.

Aquí el personaje principal es un nuevo blade runner (cazador de androides). En una de sus misiones, casi de casualidad, se encuentra con evidencias que, por un lado, lo conectan con elementos de la primera película y, por otro, suscitan una intriga nueva e implican una serie de buscas y conflictos de intereses (el gobierno pretende destruir una evidencia potencialmente desestabilizadora, una poderosa empresa quiere encontrar dicha evidencia para sacar provecho, el protagonista se involucra y quiere salvar posibles víctimas de ese lío, y por ahí aparecen también rebeldes). El final es abierto porque, ahora sí, si a esta película le va bien, están previstas tres o cuatro continuaciones más.

Soy fan de Blade Runner y debo haberla visto, fácil, una decena de veces. Cuando se estrenó en 1982 corrí a verla, porque me había copado con Alien: El octavo pasajero, del mismo director. Quedé tan maravillado que me quedé a verla por segunda vez (era la época de las funciones continuadas). Nunca logré enganchar con otros fans que veían en ella una profunda reflexión filosófica y la revelación de quién sabe qué cuestiones sobre la esencia de la vida. Para mí siempre fue esencialmente una brillante combinación de film noir (que entonces estaba de moda, porque fue más o menos cuando estrenaron Investigación en el Barrio chino) con retrofuturismo y cyberpunk, con tremendas escenas de acción, una historia ingeniosa, los mejores efectos especiales desde 2001: Odisea del espacio, una original visión distópica del futuro, una dirección de arte sensacional, una banda musical de Vangelis que marcó época, un montaje de una agilidad como pocas veces se había visto, una de las actuaciones más carismáticas de Harrison Ford, la revelación de Rutger Hauer para el público internacional, con Sean Young y Darryl Hannah tremendamente interesantes con sus aires de muñeca (de estilos opuestos: una tendiendo a la femme fatale de los cuarenta con un toque japonés en el peinado, y la otra new wave). Fue además mi primer contacto con el nombre de Philip K. Dick.

Hay quien vea en la nueva entrega otra profunda reflexión sobre la vida. (¿Qué? ¿Que si se logra reconstituir artificialmente todas las condiciones que le hacen a la vida, a la inteligencia y a las respuestas emocionales, los sujetos resultantes serán suficientemente similares a los humanos como para merecer nuestra compasión y para que éticamente los consideremos dignos de derechos, sin necesidad de que medie un “alma” que, de todos modos, es indemostrable que exista? Chocolate por la noticia.) Lo que veo es otra muy buena película de ciencia-ficción, un poco embarrada por depositar demasiado empeño en vincularse con la otra película en vez de seguir su camino propio. Un emblema de ello es la música: a los excelentes compositores que son Hans Zimmer y Benjamin Wallfisch se les encargó que hicieran algo parecido a la música de Vangelis del primer film. No sé por qué no llamaron al propio Vangelis, o al menos no emplearon sus temas musicales. Entonces tenemos todo el tiempo el mismo tipo de timbres, el mismo tipo de gestos musicales, a veces los mismos acordes, pero en ningún momento el vuelo melódico-armónico del original, porque generar nuevos temas recordables nos apartaría de aquel referente. Es una especie de balbuceo musical que va pronunciando las emociones de las escenas, pero que ni es lo viejo ni es algo nuevo.

Mucha de la emoción de la película consiste en ir encontrando las referencias del pasado: un par de grabaciones con las voces de Rachael y Deckard diciendo diálogos que los fanáticos tenemos semi-memorizados, el característico edificio de la corporación Tyrell, una visita al ahora polvoriento apartamento de Deckard (con su piano de cola), una breve escena en que aparece Gaff (interpretado por el propio Edward James Olmos). En el último acto aparece el mismísimo Deckard (el propio Harrison Ford) y usa su característica pistola futurista, e incluso hay una especie de clonación de Rachael que aparece durante un minuto (la imagen es un efecto digital, pero la voz es de la propia Sean Young).

Otros ingredientes que sintieron que no podían faltar aparecen barajados. El primer plano de la película, luego del texto escrito explicativo, es análogo al correspondiente en la película original (una toma aérea, en movimiento hacia adelante), aunque muestra otro tipo de paisaje, porque estamos en la zona rural. K, el blade runner, es un poco Deckard (atributos de detective noir, enamorado de una chica artificial), pero es también un poco Rachael (porque es él mismo un androide y se pone a cuestionar la naturaleza de sus memorias, pero con un trayecto opuesto al de Rachael: aquella pensaba que sus memorias eran reales y de pronto descubría que eran implantadas, y K creía que eran implantadas y de pronto empieza a desconfiar que fueron reales). La nueva corporación que domina el mundo está dominada por un genio científico medio friqui, aunque distinto de Tyrell. Su secretaria es una androide con un peinado y estilo de vestir parecidos a los de Rachael, pero su personalidad es la de una asesina perversa. Hay otra replicante destacada que tiene un peinado y forma de vestir que recuerdan a Pris. Hay un replicante que hacia el final, gravemente herido, se sienta tranquilamente y mira el cielo, probablemente para morir, y en ese momento suena la misma música (acá sí, la original de Vangelis —¡qué diferencia!—) de la escena en que moría Roy, con similar actitud, en la película de 1982. Hay tecnologías más avanzadas que en la otra película, como corresponde, pasados 30 años en el mundo ficcional. Pero hay otras que se preservan en modo inverosímilmente similar (la baja definición de las pantallas) únicamente para preservar la sensación de un universo común. El cielo nunca aparece, y casi siempre hay lluvia o nieve.

La fotografía es de Roger Deakins, quizá el más magnífico (y sin dudas el más famoso) de los directores de fotografía vivos. Es una maravilla, como siempre. Difícil pensar en otra persona para competir con el trabajo de Jordan Cronenweth en Blade Runner. Pero el estilo visual de Villeneuve es distinto del de Ridley Scott hacia 1980. Villeneuve es mucho más austero, le gustan las escenografías más despojadas y efectos de iluminación más sencillos, poner a sus personajes solos contra un fondo esfumado, donde a veces se destaca nada más que una o dos líneas de algún objeto. Pero, de vuelta, entonces, en vez de que se genere aquí un estilo visual personalísimo como el de su anterior película Arrival (La llegada), queda algo a medio camino, atado al referente más barroco / neo-noir de Blade Runner, pero con ganas de ser un poco distinto y ayornado.

No entiendo cómo algunos pueden seguir tomando como válida la hipótesis de que Deckard fuera él mismo un androide. Aun suponiendo que él hubiera sido otro modelo experimental que, como Rachael, tuviera una memoria implantada, y aun suponiendo que además, sin que esto se explicitara, tuviera un tiempo de vida ilimitado, y aun asumiendo que, en forma bastante inverosímil, su encuentro y enamoramiento con Rachael fueron programados, habría que asumir que los fabricantes hicieron androides que envejecen, lo que no tiene justificación alguna.

Me cuesta pensar en cómo pegará la película para alguien que no vio Blade Runner. Supongo que como una ciencia-ficción mejor que el promedio, tendiendo a seria —no es para niños, el ritmo no es vertiginoso y la trama es relativamente compleja—, tremendamente bien realizada, en la que vas a reconocer rostros famosos de la televisión (Robin Wright de House of Cards, Lennie James de The Walking Dead) y del cine reciente (Barkhad Abdi de Capitán Phillips, Dave Bautista de Guardianes de la galaxia). Ningún fan de la primera película la va a perder, y las referencias a la anterior van a producir emoción. No creo que vaya a dejar una marca duradera por sí misma, aunque sí va a suscitar un saludable interés en la película original.

Blade Runner 2049” Dirigida por Denis Villeneuve. Con Ryan Gosling, Harrison Ford, Sylvia Hoeks. Estados Unidos/Reino Unido/Canadá, 2017. Ejido, Movie Punta Carretas, Movie Montevideo, Nuevocentro, Portones, Costa Urbana, Las Piedras Shopping, Punta Shopping, Stella (Colonia), Colonia Shopping, Shopping Paysandú, Shopping Salto, Siñeriz (Rivera)

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 10/10/2017)

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