“La La Land: Una historia de amor” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Entre la fascinación y el rechazo

Los libros de historia, de cualquier disciplina, suelen ofrecer fechas precisas para sucesos, inventos o todo acontecimiento producto de un proceso. Con el cine sonoro acontece eso. Las experimentaciones y uso parcial de sonidos previos, quedan relegados al señalarse a El cantor de jazz (1927), como primer film sonoro. Aseveración que posee su cuota parte de razón. Igualmente se afirma que cuando Al Jolson (un judío ruso llamado Asa Yoelson) interpreta, con su inconfundible voz nasal, la canción “Mammy” en el referido film, marca el instante en que el cine comienza a cantar y hablar. Indudablemente es más pintoresco señalar al judío ruso, cantando un tema indiscutiblemente norteamericano, pintándose la cara simulando ser negro, que la realidad. Quien primero canta en el cine de los EE.UU. (y de todo el mundo) es un niño de trece años, interpretando al protagonista de El cantor de Jazz en su adolescencia, personaje que en su etapa madura representará Al Jolson.

Los avances tecnológicos allí utilizados, no solamente partieron en dos la historia del cine, sino que permitieron la irrupción de un nuevo género: el musical. Rapidamente, Hollywood inundó las pantallas del mundo con historias de “chico encuentra chica”, donde al menor pretexto o sin él, los actores cantaban, cantaban y cantaban. La TV no existía y aquellas películas fueron vehículo para aumentar la popularidad de figuras conocidas o imponer figuras nuevas.

Las canciones fueron acompañadas de bailes y las historias no dejaron de ser pretexto para adornar musicalmente una insustancial anécdota. Corresponde a Gene Kelly y Stanley Donen, el haber sido los renovadores del cine musical. En sus films, danza y canto no eran un relleno sino parte del relato. Junto a estas figuras, muchos otros dieron memorables films del género. Un insuperable alarde de coreografías y escenografías adecuadas para cantar y bailar en ellas. Extensa lista donde además de los citados debe incluirse a Fred Astaire, Ginger Rogers, Eleanor Powell, Ann Miller, Busby Berkeley… Cantar y bailar debieron saber hacerlo hasta las figuras más distantes del género.

El formato CinemaScope parece adaptarse espléndidamente al registro de danzas en particular, generando títulos paradigmáticos, como Siete novias para siete hermanos (1954). Broadway se ha convertido en proveedora de Hollywood. 1961, la decadencia del musical se acentúa en esta época en la que no obstante existen films memorables: Amor sin barreras (West Side Story, 1961) es uno de ellos, a la vez que ratifica la predilección de Hollywood por aprovechar éxítos de Broadway que no siempre tuvieron igual repercusión en la pantalla.

Sin desaparecer totalmente, a medida que avanzaban los años 60 el musical se doblega ante su irreversible decadencia. Amor sin barreras (1961), Jesucristo Superstar (1973), y en tiempos más cercanos Chicago (2002). El cine norteamericano continuará ofreciendo material musical, aunque de escasa creatividad (que no impidió al francés Jacques Demy insertarse en el género con Las señoritas de Rochefort y Los paraguas de Cherburgo).

La escasez de nuevos y apreciables musicales es una realidad que la M-G-M se apresta a aprovechar mediante los cientos de películas que aún subsisten en sus depósitos. .

En 1974, Jack Haley Jr., hijo de quien representara al “Hombre de lata” en El Mago de Oz, dirige Érase una vez en Hollywood. Una extraordinaria y parcial antología del cine musical norteamericano. Esta senda funcionó algunas veces (Amor sin barreras), fracasando en muchas otras.

La copiosa producción de espléndidos musicales, que incluyeron a presencias tan curiosas como la de la húmeda Esther Williams, inició una decadencia solamente quebrada de manera esporádica. No obstante la fábrica que era Hollywood tomó conciencia del magnífíco patrimonio que habían acumulado a lo largo de los años, muy especialmente en los estudios de la M-G-M.

En 1974, Erase una vez en Hollywood irrumpe como antología del cine musical que tendrá sus continuaciones ´no siempre felices. ¿Qué fue lo que hizo Hollywood con este film? Rescató secuencias y escenas memorables de películas valiosas y de otras que no lo fueron, jerarquizando la labor de muchos nombres injustamente olvidados.

Los John Travolta y semejantes mantuvieron en diversos momentos al género, descubriendo a su vez su decadencia y agotamiento, excepcionalmente quebrados.

Tras esta ubicación del cine musical (que no fue patrimonio de Hollywood pero sí un referente ineludible) a grandes brochazos, hallamos que en 2016 un joven realizador y guionista llamado Damien Chazelle, salta a la fama con su película musical La la land: Una historia de amor, con Ryan Gosling y Emma Stone como la pareja (chica encuentra chico) integrada por un frustrado pianista y una joven deseosa de convertirse en estrella del mundo del espectáculo. Cantando y bailando las alrededor de dos horas del film, sus personajes no hacen sino expresarse a través del canto, el baile y la música (alguien lo comparó con la francesa Las señoritas de Rochefort y agregamos Los paraguas de Cherburgo, ambas de Jacques Demy.

La la land: Una historia de amor” (La la land). EE.UU. 2016. Dir. y guión: Damien Chazelle. Con: Ryan Gosling, Emma Stone, Aimée Conn, Terry Walters, Tom Shelton.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 20/01/2017)