Dios, Cristo, Navidad, Cine y Coca Cola

La Navidad y el nacimiento de Cristo son un mismo asunto. Sin embargo en el cine hallamos films de temática “navideña” y films acerca de la figura de Cristo.

Es el cine norteamericano –considerando la cantidad de producciones dedicadas a estos asuntos- el que ejemplifica estas líneas.

– Sine supremae delectationis sexualis,

Las películas sobre Cristo suelen concentrarse en los últimos años de su vida, con especial énfasis en la Crucifixión, minimizando el nacimiento, ocurrido para los católicos y algunos sectores protestantes, por obra y gracia del Espíritu Santo.

El Padre, el Hijo y el Espíritu Santo, parte de una trilogía que a su vez constituye una unidad de imposible comprensión para un racionalista, permitió a los creyentes atribuir a María, madre de Cristo, la condición de Virgen. O sea mujer que no ha tenido relaciones sexuales. La aceptación de la virginidad de María, fue para los creyentes uno de los pilares de la religión, en tanto para escépticos como Don José Batlle y Ordoñez, se trató del “mayor embuste de la Historia” según editorializara en el diario “El Día”.

La más moderna tecnología reproductiva hizo posible la reproducción a partir de mujeres vírgenes. Ya sea introduciendo un óvulo fecundado en el que será el llamado vientre de alquiler; o bien intentando fecundar el óvulo con semen inyectado en el momento propicio.

Hace dos mil y pocos años nada se sabía al respecto, si bien cabía la posibilidad que una mujer introdujese sus dedos (o dedos ajenos) o un objeto con adherencias de semen, y este, penetrando a través de las frecuentes perforaciones existentes en el himen, fecundara al óvulo.

De haber existido Jesucristo, su nacimiento y muerte, según estableciera la Iglesia Católica y se encargara de popularizar icónicamente el Cine, fueron acompañados por dos hechos naturales cuya presencia puede determinarse con precisión de día y hora por la Astronomía: la “estrella de Belén” que brillante y de gran tamaño signó el parto de María, fue una muy real conjunción astral, y el oscurecimiento del cielo cuando Cristo moría en la cruz, correspondió a un eclipse total de Sol, visible desde aquel sitio.

– Muriendo en la Cruz

Al cine “holywoodiano”, con fuerte presencia en su economía de “no cristianos”, le importó capturar a las enormes plateas cristianas de su país y del mundo con un imaginario de Cristo, acorde con los tiempos de las distintas producciones. En un muestrario no exhaustivo hallamos:

Rey de Reyes que Cecil B de Mille rodara en 1927, con la escena de la resurrección en color, mediante el primitivo sistema de bicromía.

Pero otra vida de Cristo había formado parte de un clásico del cine norteamericano nueve años antes, en 1916, cuando el maestro David D. Griffith da a conocer su monumental película Intolerancia.

Intolerancia es un clásico cuyo tema es desde luego la intolerancia, pero la gran particularidad del film es su estructura. En él existen cuatro historias ambientadas en épocas diferentes, en época contemporánea a su realización, en tiempo del imperio Babilonio, durante la noche de San Bartolomé en Francia y una historia de Cristo que dentro de Intolerancia era identificada como “La vida de Jesús de Nazareth”. Intolerancia no era una sucesión de episodios con un tema común, sino que los cuatro relatos eran fragmentados, entremezclándose entre sí y avanzando al unísono desde el punto de vista dramático. Allí reside parte de la genialidad de Griffith y su obra. Un título donde la crucifixión y muerte de Jesús se yergue como una de las formas de Intolerancia que conoció la humanidad.

Como se ve y se sabe, este film, aunque de 1916 ya utilizaba dramáticamente el color, tiñendo las escenas con diversos colores según un criterio donde predominaba ocasionalmente lo psicológico y también lo ambiental.

A más de noventa años de realizada, Intolerancia mantiene su vigencia creativa y conceptual.

El Rey de Reyes que Cecil B. De Mille ofreciera en 1927 conoció una versión actualizada en 1961, cuando Nicholas Ray rueda una espectacular versión en color y pantalla ancha, con la voz de Orson Welles como relator y el agalanado Jeffrey Hunter en el papel de Cristo.

Estas aproximaciones a Cristo no ofrecieron posiciones discrepantes con las tradicionalmente aceptadas, y lo mismo podríamos decir del Jesús de Nazareth que el español José Díaz Morales dirige en México en 1942, con participación del actor José Cibrián en el papel central. Como dato curioso digamos que por estas latitudes este film se estrenó en el cine Azul, hoy desaparecido, aunque su edificio subsiste, en 18 de Julio frente a la Intendencia.

También dentro del tradicionalismo se ubica el Jesús de Nazareth que Franco Zeffirelli ofreciera en 1977 o el más olvidable Jesús de 1979, dirigido por Peter Sykes y protagonizado por Brian Decon, película que incluso no fue estrenada en una sala céntrica en nuestro país, sino en el también desaparecido cine Princess de la calle Rivera.

Por cierto, hubo aproximaciones fílmicas a Cristo que fueron objeto de sonadas controversias. Y allí aparecen El Evangelio según San Mateo, de 1964, donde el marxista Pasolini daba paso a una cuestionada aproximación a la figura de Jesús. Es que el cine, aunque tome al pasado, tamiza a este de acuerdo a la época en que se produce el film y de acuerdo a la óptica de su autor.

Igualmente entre las visiones fílmicas sobre Cristo que dieran lugar al debate se halla la atractiva ópera rock Jesucristo Superstar, dirigida con gran despliegue visual por Norman Jewison a partir de una previa puesta en escena teatral. Los juicios encontrados en este caso se produjeron incluso en el seno de la Iglesia.

No menos polémicas fueron La última tentación de Cristo, que en 1988 dirigiera Martín Scorsese a partir de novela de Nikos Kazantzakis, o el atractivo Jesús de Montreal, del canadiense Denys Arcand, quien construye su visión de Cristo a partir de un grupo de intérpretes teatrales dispuestos a abordar la vida de Jesús sobre las tablas.

Y por supuesto está La pasión de Cristo, de Mel Gibson, un film donde las opiniones discordantes se centraron antes que en los aspectos religiosos en la propuesta formal del realizador.

– Destapando Transformers

El solsticio producido alrededor del 25 de diciembre fue algo movedizo según se considerara el calendario Juliano o el Gregoriano. Pero lo muy concreto fue que esta efemérides astronómica era gozosamente festejada por diversas culturas:

Los romanos interrumpían guerras y negocios, se beneficiaban con mutuos regalos y dejaban en transitoria libertad a esclavos y esclavas. Los escandinavos y germanos festejaban al dios nórdico del sol naciente, la lluvia y la fertilidad. Y adornaban un árbol de hoja perenne que luego fue sacralizado por los cristianos colocando en lo alto la estrella de Belén. Quizás en esos entretelones del solsticio, de haberse percatado antes, otros bien podrían haber colocado la Estrella de David. Décadas atrás en Montevideo alguien hizo su árbol con una estrella de cinco puntas con otra significación.

Lo cierto que el mentado árbol fue “confiscado” por las huestes cristianas, del norte de Europa primero y del mundo después.

La expropiación de celebraciones y personajes es producto de intereses políticos, filosóficos, religiosos y económicos (y aquí entra el cine).

La separación de la Iglesia de Estado en el Uruguay transformó y no eliminó las fechas de las celebraciones religiosas. La Navidad se convirtió en “Día de la Familia” y el llamado “Día de Reyes” (de connotación religiosa) en “Dia de los Niños”.

Santa Claus o Papá Noel, posee muy amplia filmografía, complementada por los títulos de espíritu navideño. Películas que atraen una masa de público sumergida en el ritual y consumen films que no verían en otra época del año, a la vez que ocupan pantallas que no desean “quemar” películas con mejores perspectivas en otro período.

Papá Noel es otro tránsfuga de los ritos paganos incorporado por la religión y el empresariado, utilizado para desplazar (en todo el mundo) a los Reyes Magos.

Según Wikipedia:

Papá Noel, Santa Claus o San Nicolás son algunos nombres con los cuales se conoce universalmente al personaje legendario que según la cultura occidental trae regalos a los niños por Navidad (la noche del 24 al 25 de diciembre).

Es un personaje que formaba parte del antiguo mito solar del solsticio de invierno al que el cristianismo sincretizó con la figura del obispo cristiano de origen griego llamado Nicolás, que vivió en el siglo IV en Anatolia, en los valles de Licia (en la actual Turquía). Era una de las personas más veneradas por los cristianos de la Edad Media, del que aún hoy se conservan sus reliquias en la basílica de San Nicolás de Bari, Italia.”

Este Papá Noel usaba vestimentas de un solo color que, sin embargo, podía ser variable: amarillo, azul, verde, rojo, etc. Es en la década de los años 20 que la Coca Cola comienza a utilizar un Papá Noel vestido de rojo, al que ya én la década del 30 adquiere su aspecto actual, siendo utilizado también por otras empresas, y en particular el cine que, en forma subliminal, voluntaria o involuntaria, propagandean al refresco. Si ud. descubre un aviso de Pepsi con Papá Noel rojo (pero occidental y cristiano), será un pionero.

La infinita lista de películas navideñas, posee invariablemente esos “happy end” de felicidad y bienaventuranza solamente digeribles (con esfuerzo) en Frank Capra. Un mundo feliz pergeñado por el “american way of life” en el cual basan su propaganda grupos económicos que apuestan a Papá Noel y no a los Reyes Magos, porque el viejo de la bolsa, está más cercano al cobro de sueldos y aguinaldos, ya inexistentes al seis de enero.

El cine de Navidad es ideológico, furiosamente ideológico. Tómelo con el refresco que le imponga su cine. En la pantalla hay un mundo feliz.

Merry Christmas (“Feliz Navidad” en la versión doblada).

¡Oh qué maravilla!
¡Cuántas criaturas bellas hay aquí!
¡Cuán bella es la humanidad! Oh mundo feliz,
en el que vive gente así.

Parece de Disney, es de Shakespeare, “La tempestad”, acto V

Alvaro Sanjurjo Toucon (especial para página web de A.C.C.U., 23/12/2017)

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