“Misión no oficial” (Guilherme de Alencar Pinto)

Para la risa suelta

La legalización de la marihuana y el “presidente más pobre del mundo” tuvieron una repercusión mediática internacional que antes el Uruguay sólo había merecido por sus hazañas futbolísticas o la guerrilla tupamara. Viene circulando mundo afuera la idea de un país fiestero, de avanzada, desprovisto de corrupción y socialmente justo, que contrasta con una realidad que, vista de cerca, es mucho menos lucida. Esta película juega sobre esos elementos, pero además agrega, en sí misma, otro dato jugoso más para el surrealismo yorugua: el propio senador y ex-presidente Mujica trabaja como actor en esta comedia, haciendo el papel de él mismo. (Le sale perfecto.)

La idea nació de un video subido a Youtube en 2013, tomado con cámara oculta en una farmacia en la que Denny Brechner se hacía pasar por farmacéutico que estaría vendiendo marihuana. (En aquel entonces ya se había aprobado la legalización de ese comercio, pero faltaba mucho para que se implementara.) Aquel video se viralizó, y Brechner, junto a Alfonso Guerrero y Marcos Hecht, concibieron este proyecto más ambicioso. La historia es la de una supuesta misión, ordenada personalmente por el presidente Mujica a Alfredo (Brechner) y su mamá (Talma Friedler, madre de Denny en la vida real). Ante el problema de que la marihuana se legalizó en Uruguay pero no hay disponibilidad de la hierba en el país, ellos deben ir a Estados Unidos para encontrar una manera de importar 50 toneladas, sea como sea.

La película viene siendo descrita como un falso documental (mockumentary), pero no lo es exactamente, al menos no en la acepción de que un mockumentary sería una película con la apariencia consistente de un documental, que el espectador no advertido podría llegar a pensar que describe hechos verídicos. Aquí hay momentos que parecen ser documentales, pero hay otros que tienen tratamiento de ficción, satirizando el cine de espionaje (fundamentalmente, la trama básica). Una de las claves de la película es el estatus indefinido que tienen las escenas. Parecería que los actores principales se inmiscuyeron en distintos ambientes y se hicieron pasar realmente por una misión gubernamental, filmando las reacciones, quizá con cámara oculta, quizá con cámara visible pero con las personas pensando que se trataba de un reportaje en serio. La secuencia con el embajador uruguayo en Washington parece haber sido una joda práctica de este tipo, aunque uno nunca lo puede asegurar: capaz que el embajador, al igual que Mujica, se prestó a actuar, y esto puede haber ocurrido con algunos de los demás personajes. Que uno nunca esté seguro de nada de eso es parte del juego. Las escenas en que aparecen los actores se alternan con imágenes de archivo de reportajes periodísticos (sobre todo de la reunión Obama-Mujica), y otros reportajes que bien pueden ser fabricados también (con los periodistas haciendo de sí mismos, pero relatando hechos de la ficción).

Brechner y sus colegas se metieron en la gigantesca convención 420 (por 4/20, es decir, 20 de abril, Día Internacional de la Marihuana) en Denver, Colorado (el primer estado estadounidense en que se legalizó la marihuana, en 2012). Allí integraron mesas redondas, expusieron como representantes del “primer país del mundo que legalizó la marihuana” y como integrantes de la supuesta Cámara Uruguaya de la Marihuana Legal, de la que llegaron a armar un stand, anunciado en la calle con un afiche que parodia al famoso tío Sam (con el rostro de Mujica y las palabras I want you for Uruguay). Todos parecen haberlos recibido con los brazos abiertos, máxime si decían que venían de parte del pintoresco presidente uruguayo. Hablaron con figuras importantes en la causa por la liberación o de la pujante industria marihuanera de Denver, luego se trasladaron a Nueva York, entrevistaron varias personas en las calles de un barrio “latino” preguntando dónde podían conseguir un proveedor, se metieron con inmigrantes jamaiquinos, y finalmente con representantes políticos en Washington. Tanto Denny Brechner como Talma Friedler son desenvueltos y tienen la caradura suficiente como para sostener sus personajes en las distintas situaciones aparentemente improvisadas. El que se revela como tremendo actor cómico es Tato Olmos, que hace el rol de jefe de policía. Las personas con quienes se encuentran son todas cálidas, favorables a las libertades individuales. Algunas asumen esa posición en forma pública, otras con cierta timidez y cautela (como es el caso del embajador, así como de algunos inmigrantes que moran en barrios humildes y que, obviamente, temen alguna implicancia legal negativa). Curiosamente, no se topan con ningún conservador que condene el uso recreativo de la droga. Algunas de las personas aparecen en cámara sin impedimentos, otros tienen sus rostros pixelados, lo que insinúa que en algunos casos se obtuvo autorizaciones y en otros no, y se parece haber respetado la disposición o no de cada uno para aparecer en la película, aunque es probable que algunos sólo se hayan enterado a posteriori que los estaban filmando.

El conjunto de procedimientos es similar a los que suele usar Sacha Baron Cohen (en Borat: El segundo mejor reportero del glorioso Kasajistán o Brüno). Pero Cohen es mucho más bestia que Brechner, pone a sus interlocutores en situaciones más extremas e incómodas, los expone al ridículo. Acá todo es más amable. Entre la estructura medio casual, en que los actores fueron por ahí viendo dónde se podían meter y qué pudo salir de las improvisaciones y encuentros, y ese aire desprovisto de conflictos, la película puede resultar un poco chirla. Es decir, el humor es ligero e inconsecuente, uno asiste a todo con el agrado y buena disposición, pero se ríe una vez cada quince minutos. De algunos de los chistes uno puede llegar a reírse más en forma retrospectiva que durante la ocurrencia misma, quizá porque el momento esté dominado más por el desconcierto que por otra cosa (me pasó en la escena, cerca del inicio, en que, a falta de plata, Mujica decide remunerar a sus agentes con zapallos cultivados en su granja). Quizá sea una película ideal para asistir fumado, con la risa suelta y fácil, la sensibilidad abierta para captar los pequeños absurdos y las ganas de divertirse sin demasiada exigencia.

Misión no oficial”, dirigida por Denny Brechner, Alfonso Guerrero y Marcos Hecht. Con Denny Brechner, Talma Friedler y Tato Olmos. Uruguay/Estados Unidos, 2017.

Sala B (Nelly Goitiño), Torre de los Profesionales, Casablanca, Movie Montevideo, Nuevocentro, Portones, Costa Urbana, Las Piedras Shopping, Punta Shopping.

Guilherme de Alencar Pinto (La Diaria, 13/09/2017)

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