“Wilson” (Paula Montes)

Evocación conmovedora de un líder inserto en la historia grande

Hace algunos días fue estrenado el film documental Wilson, acerca de la vida política, familiar del indiscutido, pasional líder del Partido Nacional, Wilson Ferreira Aldunate, hasta su muerte provocada por una terrible enfermedad que se asocia al continuo “stress” padecido, en su azarosa, intensa vida, en el año 1988.

La autoría de este opus imprescindible, se debe al director Mateo Gutiérrez, de quien hace algunos años visionáramos DF, Destino Final sobre los aciagos destinos llevados por su padre Héctor Gutiérrez Ruiz (Toba) y Zelmar Michelini, ex-legisladores uruguayos, secuestrados, torturados, asesinados en Buenos Aires, en el contexto dictatorial reinante, de los regímenes instalados “de facto” en Uruguay y en Argentina, extensivo a otras partes de América, de denostación sangrienta, mutiladora de las democracias.

Wilson es un valioso, emotivo documental, – basado en parte en la rigurosa investigación histórica, llevada a cabo por el historiador Marcelo Pereira, a la que se suma el archivo personal del yerno de Wilson, el fotógrafo León Morelli -, para registrar la evocación de un líder que debería ser conocido por los jóvenes de hoy, en un mundo olvidadizo de los valores humanistas, y de los ideales de servicio que hacen posible “ser” a las personas, en su real esencia y dignidad respecto de los “otros”, de una suerte de “viento purificador”, que dejara en todos los uruguayos, “la ilusión, la esperanza de lo que pudo haber sido” y que la fatalidad le negara, más allá de banderías partidarias.

Según algunas opiniones de ese tiempo infame, el plan operativo incluía a Wilson, que se tuviera que exiliar primeramente en Buenos Aires, luego del Golpe de Estado llevado a cabo en Uruguay el 27 de junio de 1973, véase la imagen que se visiona en el documental, de la disolución de las cámaras y la finalización de su discurso parlamentario, alzando los brazos y exclamando ¡“Viva el Partido Nacional”!.

Será acogido temporariamente en la vecina orilla, donde insensatamente con su esposa, concurría al muy emblemático café Tortoni, pero advertido de los hechos trágicos, muy dolorosos y llorados por el caudillo, que no quiso ser doctor, que advenirían, tendrá que asilarse en la embajada austríaca, para luego emprender el periplo europeo y finalmente el exilio londinense. Vivió situaciones indescriptibles que se recrean en el opus, “que ni la más feroz película de Hitchcock podría superar”, según una reseña biográfica que hiciera del caudillo blanco, Lincoln R. Maiztegui.

Las primeras imágenes de archivo en blanco y negro del opus, muestran cuando decide regresar a la patria, con su compañera de vida y su hijo Juan Raúl en el Vapor de la Carrera, presintiendo el horror, que al desembarcar en el puerto de Montevideo será una certeza, pues lo tomarán prisionero. Le sucede a padre e hijo. Un helicóptero llevará a Wilson al Cuartel de Trinidad, y lo liberarán cinco días después de efectuadas las elecciones de 1984. Volver lo sentía como un deber republicano, un imperativo ético, de profunda adhesión a la tradición blanca.

El documental está armado como un puzzle, ya que el director muestra su infancia en el campo, su crecimiento en la ciudad de Melo, su trabajo en el establecimiento rural, el casamiento con Susana Sienra, su vida pública como ministro y senador, – sus incisivas interpelaciones -, sin descuidar su vida familiar, sus afectos como esposo y padre.

Se pone de manifiesto su carisma, el afán por desentrañar verdades, la rebeldía, su lúcida oratoria, el corrosivo sentido del humor, y de la muy fina ironía.

Se pone de relieve su “hobby” como coleccionista, pero también colaboró como crítico de cine con el semanario Marcha, fundado por Carlos Quijano, con quien se reencontrará en el exilio, en una lucha común por la libertad.

Ideas como la reforma agraria, la nacionalización de la banca, rondaba en su mente abierta, aperturista, valiente, desafiante.

A pesar de ser el candidato más votado, le trampearon las elecciones de 1971, donde se entronizara Juan María Bordaberry, que después continuará obsecuentemente con los militares golpistas.

Políticos de todos los partidos van cincelando su inabarcable retrato, así se asiste a los diferentes testimonios de Luis Alberto Lacalle, Jorge Batlle, José Mujica, a los atendibles testimonios de obreros sindicalistas del Partido Comunista – la llamada Convergencia – e integrantes del Movimiento de Liberación Nacional Tupamaros, como Julio Marenales. Su compañero del Movimiento de Rocha, Carlos Julio Pereyra, es un sabio hilo conductor del relato. El político Ignacio De Posadas, economistas como Danilo Astori, Enrique Iglesias, e historiadores como Gerardo Caetano, comunicadores como Serrano Abella, cantautores como Pepe Guerra, hacen aportes significativos sobre su persona, sus ideas, sus lecturas, su sensibilidad, su tesonera lucha, su infatigable quehacer.

También Eduardo Platero, el periodista Esteban Valenti, – entre varios más -, se detienen sobre diferentes facetas de una inteligente, empática, polémica personalidad. La visión omnipresente de sus hijos, de su prima, constituyen acercamientos inefables. La franqueza, sencillez de las palabras del Intendente de Tacuarembó, Eber Da Rosa, lo enaltece aún más, y la voz anónima que surge de la muchedumbre, la noche de la despedida bonaerense – “que Dios te bendiga” -, habla por sí misma.

Wilson “peregrino de la libertad” como lo llamara Lincoln R. Maiztegui, en el exilio llevará su prédica anti autoritaria a los Estados Unidos, y será escuchado por el Congreso, y en especial por el congresista Ted Kennedy, con la finalidad que se le retire toda ayuda económica al régimen de facto uruguayo, implacable, represivo, violador de los derechos humanos, régimen anti libertario que se extendiera hasta el año 1984 y después, dejando desgraciadas, trágicas, nefastas secuelas.

El riquísimo material audiovisual que se explana, fue aportado por familiares, particulares, por los archivos de Cinemateca Uruguaya, por los videos encontrados en la Biblioteca del Congreso estadounidense, por diarios de la época, por entrevistas televisivas, y un largo etcétera.

Hay momentos del film documental muy emotivos, uno de ellos es el que registra el día 27 de noviembre de 1983, la concentración multitudinaria acaecida en el Obelisco, en la cual se escucha la proclama en la voz del actor Alberto Candeau, donde se exigía elecciones sin proscriptos, sin excluídos. Una forma de ir desgastando al gobierno cívico militar, que pretendía legitimarse. No obstante no se logró la realización de elecciones con todos los candidatos. Así el General Líber Seregni, que estuviera encarcelado durante 11 años no pudo presentarse como postulante natural del Frente Amplio a las inminentes elecciones.

Y Wilson luego de su tardía liberación y exclusión tampoco, pero con infinita grandeza política y moral, – aunque el Partido Nacional se abstuviera de concurrir a las negociaciones realizadas en el Club Naval con los militares -, en la Explanada Municipal, anuncia con gran fuerza interior su apoyo a la gobernabilidad del país, sin pedir nada a cambio al gobierno electo, mostrando una vez más su estatura de estadista, concitando la admiración y respeto de todo un país. Durante la trayectoria desde Flores hasta la Explanada, recibió muestras del afecto recíproco de los trabajadores de la tierra, de una fiesta cívica plural que vivaba el pasaje de la caravana.

La fórmula Sanguinetti-Tarigo fue la triunfadora. Los presos políticos fueron amnistiados, y la Ley de Caducidad de la Pretensión Punitiva del Estado, aprobada por el parlamento en 1986 que establecía la amnistía de los delitos cometidos por los militares durante el régimen y que fuera plebiscitada más tarde por polémica, pero que sería refrendada por el voto popular. Wilson tuvo que pasar por el trago amargo de aceptarla, de votarla, en aras de la concordia y del alejamiento de la brutal pesadilla de esos años de plomo. Renovador y tradicionalista expresará: “ si no somos capaces de asegurar una vida digna a los tres millones y medio de uruguayos somos unos criminales”.

En 1987 se le diagnostica a Wilson una fatal enfermedad, cáncer.

El realizador muestra con austeridad y congoja la tumba en el Cementerio del Buceo, donde yace el líder nacionalista de “Por la Patria”, y desde la cual parecen emerger sus últimas palabras: “me voy a morir”… “cuando yo no esté, no se peleen”.

Wilson”, Uruguay, 2017. Dirección: Mateo Gutiérrez. Producción ejecutiva: Mariana Secco y Cecilia Matto. Investigación histórica: Antonio Pereira. Montaje y color: Sebastián Cerveñansky. Dirección de sonido: Fabián Oliver. Música: Los Olimareños. Fotografía: Martín Espina.

Paula Montes (14/08/2017)