“El viajante” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Aporte americano, cine iraní

Varios géneros y una sola historia caracterizan este original film. En Teherán (Irán) un edificio de apartamentos, mal construido, provoca el abandono colectivo del inmueble. Una de las parejas allí residentes se mudará a una edificación similar, quizás tan deficientemente construida como la que deben abandonar. Enfocado todo ello en el tono de comedia costumbrista dramática.

Un asalto y ataque a la mujer cuando estaba sola, abre paso a un “thriller”, en el cual el marido se abocará a ubicar al delincuente en una pesquisa infatigable.

Alguien dijo que el cine iraní, muestra abundantemente la nuca de sus actores: es cierto. A su vez los flms suelen resolver escenas en (innecesario) tiempo real, con alta probabilidad de enlentecer el relato aunque este posea acción interior. Mucho de ello se halla en El viajante, si bien formal y anecdóticamente rezuma agilidad, infrecuente en un cine que parece hacer sus films para satisfacer jurados de Festivales.

Asghar Farhadi (Irán, 1972) se alínea con otros de sus compatriotas, parcializando el retrato de su mundo (con códigos diferentes a los del mundo occidental). El escenario en que se mueven los protagonistas, deja por el camino la realidad social, cultural y política. Sus personajes quedan suspendidos en un entorno físico y humano, alejado de una conflictividad y complejidad característicos de la zona.

En el tramo final, la realización enfrenta al marido con el asaltante, en un ámbito cerrado, en larga secuencia con condiciones para convertirse en un film independiente, con expresiva y ritmíca utilización de primeros planos. El duelo de ambos contendientes, rebasa la anécdota, dando cabida a la tercera parte: el enfrentamiento. Concebido como duelo verbal y físico, donde el tema de “la culpa” y “la venganza” están presentes en esta culminación filosófica.

Atravesando y alternando las tres corrientes del film, el realizador y guionista Farhadi, utiliza el teatro en una especie de juego de semejanzas, donde los límites entre la fantasía y la realidad son permeables. La pareja protagónica y otros, integran un elenco teatral que representará “La muerte de un viajante”, drama de Arthur Miller, incorporado al film a modo de complemento de lo que aquí acontece.

La pieza de Miller, considerada por algunos una alegoría acerca del derrumbe de los EE.UU., traspasa esa cualidad apocalíptica (¿sobre Iran?) al film que estamos viendo.

La marginación, el silencio a que son sometidas las mujeres pergeñadas por Farhadi, y el machismo que subrepticiamente esconde el film, acaso sean una parábola acerca de una sociedad bien conocida por el autor. El film proviene de una nación donde las autoridades civiles y religiosas castigan a la mujer adúltera apedreándola hasta morir. La igualdad entre los géneros no es concebida.

El viajante ganó el Premio “Oscar” (Mejor film en lengua no inglesa). Su realizador se vió impedido de asistir a la ceremonia a causa de prohibición dispuesta por Donald Trump. En Irán, el cineasta Jadar Panafi está preso y con prohibición de hacer cine por veinte años. Su oposición al gobierno bastó para semejante arbitrariedad. El Irán real no aparece en las galardonadas obras de estos y otros realizadores de esa nacionalidad.

Una notable labor actoral, contribuye a pasar por alto algunas deficiencias del guión. Es gran cine, aunque sea machista y misógino.

El viajante” (Forushande). Irán 2016. Dir. y Guión: Asghar Farhadi. Con: Shahab Hosseini, Taraneh Alidoosti, Babak Karimi, Mina Sadati.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 12/05/2017)