“Jackie” (Paula Montes)

Navegando en un agua de origen y ceniza

El filme Jackie, no es una biopic acerca del trigésimoquinto presidente de Estados Unidos, el demócrata John Fitzgerald Kennedy (J.F.K.), un hombre que tuviera gran carisma presidencial, por cierta sinceridad, comunicación y sentido del humor para tratar con los medios de prensa, con la gente, aunque su quehacer quedara trunco, debido a su asesinato ocurrido el 22 de noviembre de 1963 en Dallas, Texas, en pleno día, cuando había sido recibido por una multitud que colmaba las aceras, debido a que Lee H. Oswald, el presunto homicida, fue el origen de el o los disparos que se abatieron sobre su cabeza.

El ominoso hecho configura hasta el presente, uno de los mayores enigmas históricos, ya que Oswald fuese ultimado de muerte a su vez.

Kennedy (1960-1963) había alcanzado a impulsar una ley por los derechos civiles de los negros, que más tarde se concretará por su sucesor Lyndon Johnson, por realizar un acuerdo con el ministro ruso Nikita Kruschov, para que la potencia soviética retirara sus misiles de Cuba, comprometiéndose a no invadir más la isla, aspiró a estimular el desarrollo económico de América Latina, que la posterior praxis inmediata en cierto modo desvirtuara, echó las bases de un posible entendimiento con Moscú, alejando el fantasma de una guerra nuclear, dentro del contexto de la llamada guerra fría.

La inesperada muerte, el lejano magnicidio no deja de ser, – si analizamos hoy al imperio con Donald Trump en la égida, en la cual emerge o se presentifica para algunos espectadores, la “Oda a Roosevelt” del gran poeta nicaragüense Rubén Darío -, una hora muy aciaga y patética.

El filme Jackie, en la notable actuación de Natalie Portman (nominada al Oscar por su actuación protagónica), como su esposa, se centra, discurre a partir de lo trágico en los días siguientes al homicidio, en las oscilaciones anímicas que se presentarán, en ocasión de una entrevista, que la ex primera dama, le concede a un periodista. Es curioso que sea el muy contestatario director chileno Pablo Larrain, quien se adentre en la intimidad de Jackie, en su dolor, en su ira, en su crisis, en su desolación, en su punto de vista.

En las imágenes se aprecia que en la evocación de la gira política con su marido, le hayan obsequiado en otros estados flores amarillas, y en Dallas le entregasen las muy significativas rosas rojas.

La rememoración de la muerte violenta del presidente, subrayada por la muy impactante música clásica, es desgarradora. De aquí que el realizador privilegie los ojos de Portman que no pueden despegarse del horror acaecido e interrogante, en su dramático sonambulismo; aunque los flashbacks muestren para mitigar, suavizar, cómo en el ayer, Jackie le cambió la cara a la Casa Blanca, llevando artistas – entre otros -, de la talla del gran violonchelista y compositor español, Pablo Casals, recreando para el espectador el mundo conocido como “Camelot”, en una suerte de imágenes de archivo.

La juvenil pareja admiraba la figura ejemplar de Abraham Lincoln, y tenía un espacio de la Casa, dedicado a quien luchara denodadamente por la abolición de la esclavitud de los negros, hasta su homicidio perpetrado por un sureño pro-esclavista en 1865. Imposible olvidar la actuación del actor Daniel Day-Lewis en el film Lincoln de Steven Spielberg, y el momento clímax en el cual se vota la igualdad de todos los hombres ante la ley. Lincoln hablaba de “ese pecado moral llamado esclavitud”.

Jacqueline piensa que el cortejo fúnebre y el sepelio deberían ser semejantes al de Lincoln, – pero su aspiración será primariamente desestimada -, para luego marchar detrás del féretro, en procesión con sus hijos, familiares y demás mandatarios y/o representantes de innumerables países, hasta llegar a la catedral de San Mateo.

Pero los pequeños niños terminarán trasladándose en automóvil, en tanto Jackie y Bobby Kennedy (Peter Sarsgaard) en su incondicional apoyo anímico, emocional, se desplazarán caminando, acompañados por los dignatarios extranjeros y estadounidenses.

El viento mueve con serenidad el velo negro que tapa su rostro, pero la fuerza inquebrantable, la entereza de Jackie es inefable. El mundo entero vio y vivenció la injusta muerte de su esposo y las honorables exequias fúnebres que le correspondían a un estadista.

La conversación que mantendrá Jackie con un sacerdote, no está exenta de matices muy enriquecedores. Son inescrutables los designios divinos, y la aceptación última es un largo, sombrío camino sin respuestas.

En el devenir fílmico están muy logrados los códigos de la reconstrucción epocal, mobiliario, vestimentario, así como la banda sonora, y el estrato fotográfico.

Los primeros planos que se ciernen sobre el rostro inquietante, dan la tónica del duelo de un corazón aterido, que está muriéndose de pena, de una esposa y madre volcada a enaltecer y honrar la persona de John, en ese dolor que no cesa, que no la abandona, que por momentos le hace desear su propia muerte.

El opus merece ser visionado con intensidad, ya que genera una mezcla de encontradas emociones. La performance de Natalie Portman es la noche de un alma abisal que trata de no quebrarse, puesto que John Kennedy fue un presidente “diferente” y muy querido por todos los norteamericanos.

Jackie”, Estados Unidos-Chile-Francia-Hong Kong 2016. Dirección: Pablo Larrain. Guión: Noah Oppenheim. Fotografía: Stéphane Fontaine. Música: Mica Levi. Vestuario: Madeline Fontaine. Elenco: Natalie Portman, Peter Sarsgaard, Billy Crudup, John Hurt, Greta Gerwig, John Carroll Lynch, Richard E. Grant, Max Casella, Beth Grant, Caspar Phillipson, Julie Judd, Sara Verhagen, Sunnie Pelant, Hélène Kuhn, Deborah Findlay, Corey Johnson.

Paula Montes (28/03/2017)