“Fuego en el mar” (Rosalba Oxandabarat)

Dos mundos

El título del documental significa, literalmente, fuego en el mar; así le llaman los pescadores de la isla de Lampedusa, el punto más meridional de Italia, a la apariencia del mar durante ciertas tormentas eléctricas. Tal lo que le explica la abuela, o tía abuela, a Samuele, un niño de 10 u 11 años, hijo de un pescador, y protagonista de la película. Gianfranco Rosi –que no es nada de Francesco Rosi– realiza una curiosa operación con este documental que ganó el Festival de Berlín y es nominada al Oscar por Italia. Es como si se tratara de dos películas, cada una introduciendo sus fragmentos en tramos de la otra, sin que se penetren o interactúen entre sí. Por un lado, la vida de Samuele, sus paseos solo o con algún amigo, fabricándose una onda, probando su puntería sobre lo que sea, estudiando inglés o consultando al médico y al oculista. El filme se detiene en detalles; la confección de una honda, la prueba oftalmológica, el mareo en el barco de su padre, el divertido ejército de tunas que los niños fabrican haciéndole un rostro a cada una de las hojas de una gran mata, para luego declararle la guerra a hondazos. Es la vida calma y libre de un pibe de provincia, sobre el que se muestra bastante pero no se explica nada; por qué no hay madre, por ejemplo, por qué alguien de esa edad va sin compañía a las consultas médicas. Las únicas preguntas que se contestan son las que Samuele formula a su padre y a su abuela. También estos merecen varios minutos dedicados a sus quehaceres o palabras. La otra película que se cruza con esa demorada pero poco reveladora crónica familiar consiste en una serie de registros sobre la llegada, rescate y recibimiento de los inmigrantes africanos que llegan por miles a esa isla, primer punto de la anhelada Europa. Antes de comenzar, se muestran cifras (aterradoras) sobre la cantidad de personas que han desembarcado allí, y sobre los miles que, a lo largo de los años, se ahogaron durante el viaje. Algunas escenas de rescate, con los barcos de la marina italiana, enormes frente a los frágiles y sobrecargados botes de los refugiados, tienen impacto por los contrastes que se dan tanto en los tamaños como en las luces, la luz azul, como de nave espacial, de los buques que rescatan, la mancha informemente oscura de los que llevan a los rescatados. Las escasas informaciones que da la película corresponden a dos instancias; el testimonio del médico, un hombre fatigado al que la repetición y la costumbre no le impiden sentir una opresiva angustia frente a cadáveres de mujeres embarazadas o de niños, y una historia de fuga, padecimientos y supervivencia contada en forma de reggae por un joven africano. Los cruces entre esas dos realidades no llegan jamás, sólo hay mínimas sugerencias para recordar que los calmos isleños y los angustiados emigrantes están sobre el mismo acotado territorio. El médico que revisa a Samuele es el mismo que reconoce a los migrantes. La radio, muy presente, para los primeros es la oportunidad de pedir la emisión de canciones dedicadas a un marido o un sobrino; para los segundos, es el angustioso pedido de auxilio que llega completo, o no, a quienes patrullan las costas. Bueno, quizá la idea sea mostrar cómo una montaña de sufrimiento humano no altera para nada la rutina existencial de otros seres humanos. Entre uno y otro registro, aparece intercalado cada tanto un solitario buzo que se mete de noche en el mar, impresionantes tomas de inmersión que no aclaran si se trata de un buscador de objetos perdidos, un deportista, o qué. Rosi es responsable en este filme de dirección, fotografía y guión, sobre idea de Carla Cattani. Su buen andamiento en festivales, prolongación de lo que sucedió con su filme anterior, Sacro Gra, que obtuvo el primer premio en Venecia, y fue la primera vez que ese premio fue dado a un documental, augura a Rosi un promisorio camino en ese ámbito peculiar de descubrimiento que son los festivales de cine, donde los misterios suelen ser apreciados.

Fuego en el mar” (Fuocoammare)

Rosalba Oxandabarat (Semanario Brecha, 17/02/2017)

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