“El abogado del crimen” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Ufa 2

El inescrupuloso abogado se introduce en el mundo de los narcotraficantes para así obtener dinero fácil. La maniobra no es tan sencilla como suponía y ello abre paso a dificultades inesperadas de las que participan bellas mujeres; en algún caso alardeando de ávidos y excitantes apetitos sexuales.

El guión del novelista Cormac McCarthy, reverenciada figura de la actual novela norteamericana, alterna los lugares comunes del cine policial (traiciones, mujeres fatales, inesperadas vueltas de tuerca) con la fría rigidez de los libretos confeccionados según pautas preestablecidas de violencia, sexo (el film se abre con escamoteado cunnilingus) y ambientes enrarecidos, adornados por largos parlamentos que actúan (confusamente) a modo de nexo entre esas dinámicas (y progresivamente escasas) secuencias en las que el realizador Ridley Scott impone, a fuerza de oficio, un ritmo al cual es decididamente ajeno el guión. Tener en su haber films como Los duelistas, Blade Runner, Thelma & Louise, La caída del Halcón Negro, etc., implica compensar parcialmente carencias en esta oportunidad atribuibles al novelista, que no se desliga del componente literario.

Un elenco brillante y brilloso es antes que nada un atractivo externo.

La Ley Volstead, más conocida como Ley Seca, que prohibió el consumo de alcohol en los EEUU entre el 17 de enero de 1920 y el 5 de diciembre de 1933, y la crisis de los llamados Años de la Depresión, en la década de los 30, fueron en buena medida los provocadores del “cine negro norteamericano”, films en los que el gangsterismo tuvo rol protagónico. Aquellos títulos irrumpieron ya en el período mudo y alcanzaron niveles mayores en décadas siguientes. Impresionante lista en la que se hallan numerosas producciones de la Warner, caracterizadas por su fotografía fuertemente influida por el expresionismo germano, el aporte de numerosos novelistas especializados en la novela negra (con Raymond Chandler y Dashiell Hammett encabezando extensa lista) y no menos brillante nómina de actores en la que relucen Humphrey Bogart, Paul Muni, James Cagney, Edward G. Robinson, Mary Astor y un largo etc., donde Sidney Greenstreet era el honorable corrupto. Seguramente hoy hubiese sido el protagonista de El abogado del crimen.

Desaparecida la Ley Seca y la Depresión (al menos con sus manifestaciones más rotundas), el cine norteamericano de gangsters, procurando recrear convulsiones contemporáneas, se apoya en la ilegalidad de las drogas y las acciones de los narcotraficantes. El presente parece similar al pasado. Sin embargo la semejanza argumental no tiene su equivalente fílmico. La acción, como la acertadamente desplegada por Ridley Scott, no halla el sustento anecdótico que la justifique y los diálogos, extensos, tediosos, carecen de la apoyatura dramática que, por ejemplo alcanzaran en El halcón maltés bajo la firma conjunta de Hammett y John Huston, no trasluciéndose los méritos atribuidos a la literatura de Cormac McCarthy comparada por algunos especialistas con la obra de William Faulkner.

En otras palabras, las realizaciones hollywoodianas policíacas de antaño poseían, incluso en sus expresiones más rutinarias, méritos que hoy prácticamente han desaparecido de un género policial hecho trizas.

Acaso Traffic (Steven Soderbergh, 2000) ejemplifique a un cine policial de narcotraficantes, digno heredero de aquel “cine de gangsters” que tuviera en Chinatown (Polanski, 1974) y El honor de los Prizzi (Huston, 1985) los mejores ejemplos de reciclaje de un glorioso “pasado alcohólico” del cine negro. El abogado del crimen es una droga. Probablemente se trate de nostalgia.

El abogado del crimen” (The Counselor). EEUU / Reino Unido, 2013. Dir.: Ridley Scott. Con: Michael Fassbender, Penélope Cruz, Cameron Díaz, Javier Bardem, Bruno Ganz, Brad Pitt, Rosie Pérez, Ruben Blades.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 13/12/2013)

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