“Días de pesca” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Grandes historias mínimas

Cuando Carlos Sorín da a conocer su film El perro (2004), éste aparece a modo de extensión de la anterior Historias mínimas (2002), relato múltiple, ambientado en inhóspitas y pintorescas zonas del sur argentino. Fresco acerca de personajes cuyas existencias comunes y corrientes se van enlazando a la vez que dejan al descubierto, en sitial protagónico, sentimientos a los que un relato contenido, narrado con mano firme, le impide caer en la sentimentalina. Ahora, Días de pesca irrumpe a modo de otro capítulo de esa saga en la que el cineasta, en una formidable recuperación del viejo e histórico “neorrealismo” del cine italiano, sale “a la calle” a buscar sus personajes e historias, combina el trabajo de actores profesionales con quienes no lo son y se representan a sí mismos. Cine con lenguaje directo, despojado pero no pobre. Un film que fiel a sus antecedentes convierte al paisaje en otro protagonista, condicionador de cuanto acontece.

Ahora se trata de un hombre mayor, ex alcohólico que busca apoyar su recuperación a través de la pesca, por lo que se dirige al sur para intentar la captura de tiburones. En ese periplo hallará diversas criaturas (turistas juveniles, una joven pugilista y su “manager”, los instructores de pesca, etc.), si bien la elección del árido y gélido lugar que es su meta no es casual. Allí procurará recomponer la deteriorada relación con una hija casada a la que hace años no ve, cuyo hijo no conoce, descubriéndose, al progresar el metraje, un pasado complejo y perfectamente determinado.

El dolor y la esperanza de restaurar lazos filiales, el temor o el desdén ante la muerte, la dura interrogante acerca del futuro inmediato, corren por debajo, golpeando fuerte sin énfasis innecesarios. Las vicisitudes emocionales no solamente se ven sino que “se sienten”. Sorín no se repite, continúa el díptico anterior, y lo hace sin forzar nuevas anécdotas, porque estas surgen a modo del natural devenir de ese vasto fresco humano.

Estamos una vez más ante la creación de uno de los más importantes cineastas del cine argentino actual, figura de relevancia en el cine mundial. Un talento que domina a los intérpretes equiparando el trabajo de experimentados profesionales con aquellos que se ubican por vez primera ante la cámara, que sabe mantener un estilo narrativo dentro de tres films que constituyen uno solo, y que ha demostrado fehacientemente su absoluto dominio de la narrativa fílmica con otros títulos, caso de El gato desaparece, donde los ejercicios de estilo son un absorbente y virtuoso juego de sintaxis y estilo cinematográficos.

El entorno paisajístico, fascinante de por sí, hermosamente rescatado por la cámara, fue manipulado con invisibles efectos que saben someterse sin alardear de su presencia, a cuanto buscaba el autor (un cielo puede ser artificialmente insertado, etc. etc.). Un invisible mérito aparte.

Un dato marginal pero nada desdeñable. Quien haya conversado con Carlos Sorín hallará a un individuo sencillo, directo, un hombre común y corriente, como esos entrañables y cotidianos personajes de sus historias, “gente como uno”, dispuesto a hablar de cine, de sus preferencias musicales donde la ópera ocupa importante lugar, o de su trabajo alejado de las cámaras y del bullicio urbano. Es toda una personalidad fascinante, aunque procure no serlo.

Días de pesca”. Argentina, 2012. Dir.: Carlos Sorin. Con: Alejandro Awada, Victoria Almeida, Oscar Ayala, Sandra Ximena Hoyos.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 29/11/2013)

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