Fidel Castro, de extra a astro (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Epílogo a modo de Prefacio

Este trabajo fue iniciado hace ya unos veinte años y con sucesivos agregados fue publicado en diferentes revistas uruguayas y extranjeras. A efectos de recabar más datos se sumó a esta tarea la investigadora peruana Violeta Nuñez, radicada en Los Angeles, y hemos contado con la ayuda, en México, de nuestro amigo Nelson Carro. Estas colaboraciones acrecentaron, una vez mas, la investigación, proporcionando datos que aún no hemos dado a conocer, ya que muy probablemente la labor de Fidel y el Che en el cine de los EE.UU. y Mexico, y las peripecias para obtener declaraciones al respecto se conviertan en libro.

Ahora, diciembre de 2016, ante la muerte de Fidel Castro, este material fue utilizado por agencias noticiosas, periodistas especializados y gacetilleros para informar sobre esta desconocida faceta del líder cubano. Algunos, los menos, citaron la procedencia del material que reprodujeron, otros dejaron que pasara por una cosecha propia.

Introducción

Esta es una aproximación a la azarosa historia de un extra hollywoodense llamado Fidel Castro, luego gobernante de Cuba. Todos los personajes son reales y nada es mera coincidencia.

Prólogo en flash forward
En una calurosa tarde de diciembre de 1986, ya en el cuasi invierno cubano, se inauguró la Escuela de Cine y TV de San Antonio de los Baños, en las proximidades de La Habana. La ceremonia tuvo dos notorios, destacados e infatigables oradores, que en inacabables discursos detallaron cada uno de los pequeños pasos dados para arribar a aquella histórica jornada. Ellos fueron Fernando Birri, primer director de la Escuela, y Fidel Castro, que acumulaba tantos cargos y funciones como Kerenski en su infinito ascenso por las escalinatas del palacio en Octubre.


Un artista enojado
Poco tiempo después, Néstor Almendros, notable director de fotografía, iluminador de Rohmer, Truffaut y otros nombres prestigiosos, publicaba un artículo titulado «A los dictadores suele gustarles el cine». La nota, fechada en 1987, en Nueva York, recorrió el mundo. Almendros, de destacada participación en el cine cubano entre 1959 y 1961, se había marchado en ese último año de la isla a causa de la censura artística y moral puesta en funcionamiento desde esferas oficiales. El artículo en cuestión fustigaba duramente al régimen revolucionario, al ICAIC (Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográfica), a la recién creada Escuela de San Antonio de los Baños y, por supuesto, al mismísimo Fidel Castro. Escrito con pluma fluida y permanente ironía, comenzaba así:
«A los dictadores suele gustarles el cine: Benito Mussolini mandó construir en 1938 los más monumentales estudios cinematográficos de Europa: Cinecittà; Josif Visarionovich Stalin, según la biografía de su hija Svetlana, se hizo
equipar una magnífica sala de proyecciones en sus apartamentos del Kremlin».
De sus gustos y humores dependían las subidas y caídas en desgracia de los realizadores soviéticos. Juan Domingo Perón y Mao Tse Tung sufrieron también la fascinación del cine al casarse con dos actrices de la pantalla, Evita y Jiang Qing. Al generalísimo Francisco Franco, aparte de sus discursos, no se le conoce gran producción literaria. Una curiosa fantasía suya fue el argumento cinematográfico que escribiera en 1940 bajo el pseudónimo de Jaime Andrade. La película se tituló significativamente
Raza. Fue una producción de gran presupuesto en los albores del triunfo del «glorioso movimiento nacional». Se estrenó a bombo y platillo y fue puesta de ejemplo para el cine épico español que se esperaba.
El líder máximo de la Revolución Cubana, el Comandante Fidel Castro, no podía escapar a la regla. Después de haber creado en 1979 el Festival Internacional de Cine de La Habana, inaugura en 1986 personalmente una «importante Escuela de Cine.»
En esas frases iniciales, Almendros omite varios hechos. Olvida que Mussolini no solamente hizo construir estudios sino que colocó a su hijo Vittorio al frente de la revista Cinema, portavoz del sistema en materia de temas cinematográficos. Minimiza la pasión que Stalin sentía por el cine y por su persona al no señalar el rol que se autoadjudicó en el film
La caída de Berlín (1949) de Chiaureli para señalar uno de los ejemplos más destacados, y por razones cronológicas no pudo referirse a ese Stalin amante del cine según la óptica de Andrei Konchalovski en The Inner Circle (1991) (El círculo del poder). Almendros también reduce la participación cinematográfica de Franco a Raza, cuando hay un antecedente tan estrafalario y arrogante como La malcasada,(1926) de Francisco Gómez Hidalgo, donde Franco aparece representándose a sí mismo, en medio de una historia de ficción, al igual que lo hacen los generales golpistas Millan Astray y José Sanjurjo (ninguna familia es perfecta). Pero la más imperdonable omisión del brillante Almendros es ignorar a Fidel Castro, blanco principal de su ira, en su trayectoria como actor secundario y extra hollywoodense en los años cuarenta.


Nace una estrella
El descubrimiento rioplatense de la incursión hollywoodiana de Fidel corresponde a Julio Lista, un contador uruguayo, aficionado al cine, que preparando su participación para un programa de preguntas y respuestas tuvo en sus manos el libro
The Best of MGM (The Golden Years 1928-1959) de James Robert Parish y Gregory W. Mank (Nostalgia Book, Des Moines, Iowa, 1981), que en el reparto del film «Bathing Beauty» (Escuela de sirenas), realizado por George Sidney en 1944, incluye al que sería futuro líder de la Revolución Cubana, junto al pelirrojo Red Skelton, al sonoro Xavier Cugat y a la húmeda Esther Williams. El dato fue comentado por Lista a algunos periodistas que lo citaron ocasionalmente y allí quedó el asunto hasta hoy.
La curiosidad me llevó a revisar las más diversas fuentes para profundizar en la trayectoria hollywoodiana de Castro, y en el CD-Rom
The Motion Picture Guide (Cine Books, Nueva York, 1995) hallé la presencia de Fidel Castro en «Holiday in Mexico» (Festival en México, 1946), también de George Sidney, con Walter Pidgeon, Ilona Massey, Roddy McDowall, Jane Powell y los musicales y latinos José Iturbi y Xavier Cugat. Allí también se señala que «de acuerdo a (Xavier) Cugat, (Fidel) Castro apareció en varias escenas de multitudes en varias películas de tema sudamericano porque él era el típico latinamerican boy».

El aficionado argentino Norberto Volante halló en el CD Corell All-Movie Guide (1995), referencia a la participación de Fidel Castro en el film “You Were Never Lovelier” (1942) (Bailando nace el amor), de William Seiter, con Fred Astaire y Rita Hayworth, remake hollywoodiana de la producción argentina “Los martes orquídeas” (1941).

A su vez, el crítico uruguayo Jaime Costa nos señaló que en la edición en DVD de “Harvey Girls” (Las chicas Harvey, EE.UU. 1946), en uno de los documentales allí contenidos, el realizador George Sydney manifiesta que Fidel Castro fue “extra” en varias realizaciones por él dirigidas.

Cuando trabajó en estos films, Fidel Castro tenía entre dieciocho y veinte años y su presencia en los EE.UU. no era algo excepcional. Se trataba del joven hijo de un poderoso terrateniente cubano de origen español. Quizás otra investigación no cinematográfica revele aspectos nada conocidos de la poco difundida vida privada del líder cubano. Su madre biológica no habría sido la esposa del terrateniente que lo engendró, sino una enfermera que atendía a aquélla. Pero ésa es otra historia y fue contada por Juan Bosch, ex presidente de República Dominicana, en su casa de Santo Domingo, al profesor Julio Sanjurjo Bugallo (familiar de quien escribe).

En este instante, seguramente todos los lectores ya han obtenido un video de Escuela de sirenas y estarán buscando al juvenil Castro. No lo verán. Cuenta Julio Lista que recuerda haber identificado a Fidel en la película. Ello acontecía en 1987 en la copia proyectada por la Alianza Cultura Uruguay-EE.UU. de Montevideo. Sin embargo, tiempo después, al ver el film en video, Lista comprobó que la escena había desaparecido.¿Acaso una supresión de la misma en el negativo original?


El (cerrado) círculo del poder
El «affaire» Fidel en Hollywood se convirtió en obsesión personal, en necesidad de revelar esa «petite histoire» que es madre de la otra, la Historia con H mayúscula.

Fue entonces que recordé mi visita a un importante museo de Washington en el año 1989. Allí se exhibían cartas que famosas personalidades habían dirigido a diferentes presidentes de los EE.UU. Entre ellas había una firmada por el casi adolescente cubano Fidel Castro, quien expresaba al primer mandatario del país norteño la admiración que sentía por su persona y por la nación que representaba.

Curioso compulsivo, me dirigí a las autoridades del museo preguntándoles cómo era que se había conservado esa carta si quien la envió era en el momento un anónimo niño latinoamericano. A lo que respondieron que se archivaban absolutamente todas las cartas dirigidas a los presidentes
norteamericanos, clasificándose las mismas, para así en cualquier circunstancia poder detectar si tal o cual persona en cierto momento de su existencia escribió a un presidente norteamericano.

Obviamente, cuando Castro toma el poder y cuestiona a la potencia vecina, las más diversas reparticiones oficiales norteamericanas se pusieron a rastrear los antecedentes del molesto cubano y allí apareció la vieja carta luego expuesta al público.

Dando por sentado que los antecedentes hollywoodenses de Castro también habrían sido registrados por el gobierno estadounidense, dirigí la pesquisa hacia el Departamento Cultural de la Embajada de los EE.UU. en Montevideo, solicitando se requiriera a las reparticiones que correspondiese me facilitasen la información disponible sobre el periplo cinematográfico de Fidel en aquel país.

La consulta, verbal, tuvo una respuesta, también verbal, en cuanto a que el Departamento Cultural no tenía contacto con esas reparticiones a las que yo me refería y que nada sabían al respecto. Sin embargo, por lo menos un par de publicaciones norteamericanas hacían mención al tema.


El silencio del amigo
El XXV Festival de Cine de Gramado (Rio Grande do Sul, Brasil), realizado en agosto de 1997, tributó un homenaje a Alfredo Guevara Valdés (71), nuevamente factótum del ICAIC, prominente figura del régimen cubano, a quien Almendros en su artículo define como «amigo y confidente» de Fidel. La ocasión parecía propicia para formular las preguntas del caso. Luego de varias evasivas telefónicas a cargo de un secretario ansioso por saber cuál era el motivo por el que deseaba conversar con Guevara y al que finalmente dije que era por «una investigación sobre la trayectoria cinematográfica de algunas figuras cubanas» logré encontrarme con tan esquiva personalidad. Fue en uno de los agasajos del evento gramadense y allí se registró el siguiente diálogo:
-Señor Guevara, soy el periodista que desde hace varios días le pide una entrevista. Estoy haciendo un trabajo sobre algunas celebridades que pasaron casi anónimamente por Hollywood…
-Ya sé, ya sé lo que me va a preguntar, pero yo de eso no sé nada. No quiero responder.
-Bueno, si sabe qué le voy a preguntar, déme la respuesta.
-Sí, sobre Fidel Castro trabajando en cine. No sé nada de eso, no sé nada.
-Pero yo sí sé. El trabajó en por lo menos dos películas:
Holiday in Mexico y Escuela de sirenas.
-No creo que sea cierto. Si acaso, fue en el cine mexicano.
-Pero Fidel Castro ama el cine y quizás ese amor se inició en Hollywood.
-Según mi concepción ésa no es manera de comenzar a amar el cine. Si acaso trabajó en cine, lo hizo por razones económicas en México.
-Lo pudo haber hecho en Hollywood también.
-De eso no sé nada, no sé nada. Mejor pregúnteselo a él.

Guevara en ningún momento negó la presencia de Fidel en Hollywood, solamente dijo no creer que la misma fuera cierta o no saber nada, y en su afán por eludir el asunto nos dio un valioso dato: «quizá» Fidel Castro hizo cine en México.

Más perlas para el mismo collar

En el Festival internacional de Cine Independiente de Buenos Aires realizado en abril de 2003, referí estos hechos a Ivan Trujillo, Director General de la Dirección General de Actividades Cinematográficas de la UNAM (México) quien manifestó conocer la historia, tener la certeza de la participación del líder cubano en el cine mexicano, y que enviaría la lista de films donde fuera “extra”. Según me informara luego, no pudo identificar esos films, señalando que probablemente fueran algunos melodramas de la época.

Realizada una consulta via mail al ICAIC (abril de 2003) la respuesta fue la misma que ofreciera Alfredo Guevara: “no tenemos información, sería conveniente que lo preguntase directamente a Fidel Castro”.

Más perlas para el mismo collar (II)

Nuevamente en el Festival Internacional de Cine Independiente de Buenos Aires (2005) la presente investigación fue referida a otras personalidades que podían aportar datos.

Jorge Ayala Blanco, historiador del cine mexicano, dijo que varios investigadores de su país le habían referido lo de la participación de Fidel en el cine de su país pero que estos buscaron infructuosamente la presencia del por entonces juvenil lider cubano. Para Ayala, quien dijo que esta participación había sido ampliamente comentada, probablemente se trató de tomas finalmente no incluidas en el montaje.

(III)

En cierto festival encontramos a una prominente figura del cine cubano quien señaló que años atrás una persona le dio los datos de los films en que había actuado como extra Fidel, pero que “por su tranquilidad personal” prefirió olvidar el conocimiento de esos hechos. No obstante, esta personalidad, quien apoya la Revolución Cubana pero manifiesta confidencialmente discrepancias con la situación en su país, señaló que buscaría la información en la vieja libreta donde la anotara y nos la enviaría por mail.. “Solamente indique los títulos de los films”, le dijimos. Esta persona anotó en el reverso de una tarjeta nuestra solicitud “en una forma discreta” según sus propias palabras. La respuesta nunca llegó.

(IV)

Días atrás (febrero 2009), recibimos el siguiente informe del periodista mexicano José Luis Belmar:

Lo que sé sobre Fidel Castro y el Ché Guevara en el cine mexicano, lo supe porque en la época en que estuvieron, todavía escribía yo sobre el cine mexicano frecuentaba los estudios de cine.“
No recuerdo la fecha, pero fue un Jefe de Repartos muy amigo mío, de apellido Palomino, quien en una ocasión en que estaba yo un en set, me señaló a dos extras de cine y me dijo que eran cubanos que le andaban haciendo al cuento de la revolución. Me dijo que uno se apellidaba Castro y el otro Guevara. Eso sucedió unos meses antes de que ambos se embarcaran en el Granma para iniciar la revolución cubana. No platiqué con ellos porque no me interesó hacerlo. Para mí, no tenía importancia y lo consideré como un chisme de Palomino.”

Acaso Belmar se refiera a Felipe Palomino, asistente de dirección que se desempeñara en los años 40 y seguramente después.

 

(V – hace unas horas noviembre 25 de 2016)

En un libro de memorias “Así es la vida (vals para piano)”, publicado el pasado año por el actor y realizador mexicano Alfonso Arau, este recuerda que en sus primeros trabajos en el cine, como extra, compartió la pantalla con dos jóvenes, uno cubano, el otro argentino, llamados Fidel Castro y Ernesto Guevara. En los próximos días Nelson Carro nos informará al respecto, ya que tiene vínculo personal con el actor que, entre otras cosas, trabajó en la Cuba revolucionaria, en tareas ajenas al cine.

Continuará

Álvaro Sanjurjo Toucon

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