«Algunas horas de primavera» (Álvaro Sanjurjo Toucon)

Drama implacable

Con cruel acidez, no poca razón y un amargo dejo de humor negro, alguien dijo que la vida siempre termina mal. Esa muerte ineludible, siempre dolorosa para todos, adquiere particulares y crueles perfiles cuando quienes la enfrentan son ancianos conocedores de su inminente final.

Recientemente Michael Haneke abordó el asunto con extremo pudor en Amour, con Jean-Louis Trintignant y Emmanuelle Riva, y ahora lo hace, con similar característica Stéphane Brizé en Algunas horas de primavera.

Luego de cumplir año y medio de prisión por llevar droga en su vehículo, el camionero cincuentón retorna a casa de su madre anciana. La difícil convivencia con esa divorciada, prolija y amante del orden y la limpieza hasta la obsesión, una mala reinserción laboral y sentimental, un vínculo no resuelto con su padre, y problemas con amigos, ocupan inicialmente el centro del relato. Tema rápidamente desplazado, cuando este individuo descubre los planes de su progenitora para trasladarse a Suiza, donde es legal el suicidio asistido con el que evitará el cruel proceso de dolor de la enfermedad terminal que la aqueja.

Al igual que en su anterior Une affaire d’amour, acerca del amor entre una maestra y un obrero de la construcción en pequeño pueblo francés, el realizador y coguionista Brizé despliega su mirada de entomólogo, contempla a sus personajes con distanciamiento, recurre a una cámara objetiva, diríase que neutra en sus movimientos y encuadres, fría pero no ajena a cuanto acontece.

El doble juego de los personajes, su apariencia visible y su interioridad sugerida, palpable en definitiva, quedan expuestos sin necesidad de enfatizar en ello. Mérito del guión y también de formidables intérpretes, con una conmovedora Hélène Vincent como la madre, que se cuidan muy bien de no caer en la fácil sensiblería a que es proclive el asunto. Con lo cual el drama parece intensificarse, poniendo a prueba la resistencia emocional del espectador.

El pudor ante la intimidad de la muerte alcanza su punto culminante cuando la camioneta que conduce a la anciana a la clínica donde pondrá voluntariamente fin a su existencia se pierde en un silencioso, frondoso y soleado bosque. Y es aquí cuando esa opción del realizador de convertir la muerte en referencia lúgubremente poética, se aferra al costado casi documental existente en el film, volcándose a un detallismo de perfiles morbosos. Es una opción y es legítima. También puede ser una valla para públicos a los que se exige especial temple.

«Algunas horas de primavera» (Quelques heures de printemps). Francia 2012. Dir.: Stéphane Brizé. Con: Hélène Vincent, Vincent Lindon, Emmanuelle Seigner.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 11/10/2013)

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