“Thor: Un mundo oscuro” (Álvaro Sanjurjo Toucon)

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Apagón total

En la mitología nórdica y germánica, Thor es el dios del trueno, con influencias muy diversas, incidiendo en las leyes, los cultivos y otras áreas; y en los EEUU es un personaje de historietas de la editorial Marvel, muy libremente introducido en un mundo de fantasía heroica ligada a la ciencia ficción.

Los avatares de los grandes conglomerados del entretenimiento condujeron a Marvel Comics al área del imperio Disney. De ahí surgen en los dos últimos años un par de películas protagonizadas por Thor. Un Thor de 2011, con dirección parcial de Kenneth Branagh, y el que nos ocupa, con dirección de un desconocido Alan Taylor, proveniente de seriales televisivas, aunque ya capturado para empresas rocambolescas con un anunciado nuevo Terminator.

Disputas por el poder presentes en el ámbito familiar, libérrimamente impregnadas de mitología griega con algunos toques de Hamlet, Macbeth y otros de su estirpe shakespeareana, se hallan en la base de este segundo Thor fílmico. Pero no son sino el pretexto para desplegar una parafernalia de armas del futuro, que combinadas con nobles armas blancas del pasado, protagonizan combates con decididas deudas hacia Guerra de las Galaxias y su saga.

A ello se adiciona una imaginativa escenografía en la que parecen confluir el Medioevo, una antigüedad remota genérica e imprecisa, perdida en el túnel de los tiempos, más toques futuristas intergalácticos con aderezos de arquitectura “art déco” escapados de Metrópolis, de Fritz Lang.

Y en medio de esta verdadera ensalada donde los combates abundantes e increíbles, verdadero desafío para los encargados de efectos especiales, son los auténticos protagonistas, estalla una versión “sui generis” de la teoría de la relatividad más otras teorías de cuño hollywoodiano, insertando el tiempo presente; porque tiempo y espacio se separan, se unen, se bifurcan, se superponen y permiten que el ayer sea el hoy o quizás el mañana y un mismo personaje salte de una era a la otra.

Claro, hay actores encarnando a estas criaturas, los mismos de la parte inicial del díptico. Son, una vez más, meros portadores de armas y cuerpos donde ubicar un vestuario polifacético, multitemporal, acorde con las escenografías. Pudo ser un gran entretenimiento. Es un aburrido catálogo de Hollywood. Se ofrece en dos envases descartables: común y 3D.

“Thor: Un mundo oscuro” (Thor: The Dark World). EEUU, 2013. Dir.: Alan Taylor. Con: Chris Hemsworth, Natalie Portman, Tom Hiddleston, Anthony Hopkins.

Álvaro Sanjurjo Toucon (Semanario Crónicas, 15/11/2013)