«Solo» (Rosalba Oxandabarat)

Solo Rocamora

Músico silencioso

Un músico (Enrique Bastos) que cumple religiosamente con sus deberes en la banda de la Fuerza Aérea a la que pertenece lleva una vida ordenada y rutinaria. Ensayos, presentaciones en escenarios públicos, traslados en moto, cena silenciosa con su mujer, visitas esporádicas a su madre (Marilú Marini). Pero además, compone canciones y sueña con ganar un concurso de música inédita organizado por una radio, en el que se anota y en el que, con el concurso en guitarra de un compañero de la banda, pasa las dos primeras selecciones y llega a la instancia final.

Hay dos conflictos en esta historia asordinada. El primero, el abandono de su mujer; el segundo, que debe elegir entre participar en esa instancia final del concurso y cumplir así su sueño de afirmarse como compositor, o aceptar el viaje a la Antártida que significa un honor y un ascenso en su carrera militar. Pero la palabra “conflicto” funciona apenas como un aleteo en el desarrollo de esta película, debut en el largometraje de Guillermo Rocamora, jugada al relato visual, con cuidadoso diseño de situaciones, donde no sólo todo estallido está meticulosamente evitado sino, incluso, silenciado hasta en cualquier formulación verbal. Uno no puede concluir o siquiera intuir si el músico sargento está apenado o aliviado por la partida de su esposa, si cuando ronda por el trabajo de ella busca reconciliación o que le devuelva el dinero que se llevó, ni por qué lleva una vida tan solitaria, con el escaso contacto del compañero de la guitarra, las visitas a la madre y un apurado —y con algo de interesado— asunto sexual con la mujer que la cuida.

Solo se presenta como una apuesta inusual, al incursionar en un mundo tan desconocido —para la mayoría no familiarizada con asuntos militares cotidianos— como el que aborda, y para lo que contó con la directa colaboración y presencia de los actores reales de esa banda y de la misma Fuerza Aérea. Por otra parte, la película despierta sensaciones encontradas. Por un lado, ese relato fundamentalmente visual e intimista se desarrolla con tersura, con tiempos ajustados, con el uso apropiado de la música en instancias en que permite abrir la mirada a espacios y colectivos populares, con un protagonista al que, sometido al silencio, cabe sostener con matices faciales la insinuación de sus estados de ánimo, y lo logra. Por otro, uno no puede evitar sentir que ese relato parece estar habitado, más que por uruguayos, por finlandeses, no los que andan por las tierras de Finlandia —cuya forma de ser no conocemos—, sino los que pueblan las películas de Kaurismaki. Parcos, silenciosos, con una incapacidad total de llevar un diálogo que exceda las tres frases, contención que no es asunto de uno con determinada personalidad, sino de todos.

Y suena raro —mejor, no suena— un mundo así, donde nadie tiene casi nada que decir, al punto tal que el desenlace, expresado exclusivamente en unas tomas en la Antártida y la mirada del primer actor, no parece un desenlace, pero no por tratarse de esas tomas y esa expresión, sino por cómo se llegó allí. Se ha hablado de minimalismo en relación a esta película, como a propósito de buena parte del cine uruguayo, como si fuera una senda irremediable en un país pequeño y de cine tardío. Puede ser. Pero en la bolsa “minimalismo” caben muchas cosas, y en este caso, llevado a la comunicación humana con tanta determinación, se transforma en una rara sensación de ajenidad.

Solo”. Uruguay / Argentina / Holanda, 2013. Dir.: Guillermo Rocamora. Con: Enrique Bastos, Fabián Silva, Bartolo Aguilar, Claudia Cantero.

Rosalba Oxandabarat (Semanario Brecha, 15/11/2013)