“Solo” (Jaime Costa)

Balada triste de trompeta

Si cualquier espectador atento no supiera que esta película es uruguaya se daría cuenta en los primeros cinco minutos. Y no precisamente porque su protagonista sea miembro de la banda de música de la Fuerza Aérea, donde se muestran banderas, escudos, desfiles y marchas militares, sino por su estilo concentrado, minimalista, de pocas palabras y largos silencios. Ya es una marca de fábrica, y ni siquiera vale decir que su director estuvo vinculado a Control Z y fue asistente de producción en Whisky y La perrera: esa escuela la lleva metida en la sangre.

En sí, eso no es bueno ni malo. Es centrarse en un personaje reconocible, que está pasando por un punto de inflexión clave en su vida y termina por no resolverse a hacer nada. Tiene que tomar una decisión y no se anima, prefiere seguir como está. Es el consabido síndrome depresivo, algo que parece imponerse por encima de tema y personajes como una visión del mundo que pertenece exclusivamente a los autores de las películas. Y como en Uruguay se hace preferentemente cine de autor siempre va a ser su visión la que se imponga. Si el protagonista de la historia puede elegir uno de dos caminos, va a elegir el menos comprometido, el menos arriesgado, el que le permita que todo siga como está porque tal vez, con algún golpe de suerte que venga del exterior, su destino cambie, pero nunca será por su propio esfuerzo.

El problema de Nelson Almada (Enrique Bastos, actor profesional, trompetista auténtico y fundador de la “antimurga” BCG) es que su vida no funciona. Sabe que es el mejor músico de la banda de la Fuerza Aérea, pero no tiene oportunidades de sobresalir. Está unido en un aburrido matrimonio con una mujer que lo abandona. Quiere realizarse como compositor de melodías populares y se presenta a un concurso donde llega a la final. Pero esa final coincide con un viaje obligado a la base uruguaya de la Antártida, que le servirá para ascender en su carrera a costa de renunciar a ganar el concurso y grabar, tal vez, su primer disco. Esa historia está filmada en locaciones auténticas con la colaboración expresa de la propia Fuerza Aérea.

Pero la narración es excesivamente morosa, los planos son larguísimos, la historia se empantana un par de veces en reiteraciones de lo que ya se ha dicho o mostrado. La virtud es que todo está contado en imágenes bien fotografiadas por Bárbara Álvarez, que hay toques auténticos en lugares, personajes y banda sonora, que su actor principal transmite lo que debe transmitir. Como ópera prima es una promesa. Le falta aún el oficio y la madurez para comunicar ese drama individual con algo de sentimiento y un poco más de emoción.

Solo”. Uruguay-Argentina-Holanda, 2013. Dirigida por Guillermo Rocamora. Escrita por Guillermo Rocamora y Javier Palleiro. Duración: 90 minutos.

Jaime E. Costa (Semanario Búsqueda, 14/11/2013)