Emir Rodríguez Monegal (Homero Alsina Thevenet)

La crítica como vocación

Los nombres de Franz Kafka, Henry James, André Gide, William Faulkner, Marcel Proust, Ernest Hemingway, James Joyce o Virginia Woolf son ya moneda común en los textos y en la conversación, del aficionado local a la literatura. Pero no siempre fue así. Su conocimiento y su difusión, tanto en esos casos como en el de muchos otros autores, dependieron ante todo de la importación del libro extranjero al Uruguay, y aun antes dependieron de lo que la crítica literaria más informada pudo impartir al lector local. En esa tarea fueron importantes las páginas culturales del semanario MARCHA, desde 1944 en adelante, no sólo en letras sino también en cine, teatro, música y artes plásticas. Cuando se define a Uruguay como uno de los países más cultos del continente, con una mayor proporción de público preparado en relación a la superficie y al volumen de habitantes, se está hablando también de lo que la crítica consiguió aportar a ese movimiento. Aquel período terminó por ser reflejado en posteriores artículos y libros.

Emir Rodríguez Monegal (1921-1985) no fue por cierto el único crítico destacado en aquellas tareas, donde estuvo acompañado por Carlos Martínez Moreno, Antonio Larreta, Mario Benedetti, Ángel Rama, Idea Vilariño, Carlos Real de Azúa, Sarandi Cabrera, Ida Vitale, Hugo R. Alfaro, Domingo L. Bordoli, entre otros integrantes (y rivales) de lo que dio en llamarse «generación del 45» o «generación crítica«. Pero es cierto en cambio que Rodríguez Monegal fue un precursor y un activo practicante en esa tarea de difusión, no sólo en notas informativas y muy precisas sino también en numerosos artículos esclarecedores sobre la trayectoria y la obra de aquellos y otros autores, examinando sus vidas cuando ellas iluminan sus textos.

El punto se hace especialmente nítido con la dedicación de Rodríguez Monegal a la obra de Jorge Luis Borges. Mucho antes de que éste obtuviera el Premio Formentor que le llevó a la fama (1961), Rodríguez Monegal había reunido, analizado y difundido 25 años de esa producción, desde las primeras reseñas literarias en El Hogar de Buenos Aires (1936) hasta los numerosos libros posteriores del escritor argentino. La dedicación a Borges derivó a que Rodríguez Monegal fuera reconocido como el mayor especialista en el tema, al punto de que la Enciclopedia Británica le confió el texto «Borges» para su edición 1977. A eso se agregó después su libro Borges, una biografía literaria (Dutton, New York, 1978, en inglés, y Fondo de Cultura Económica, México, 1987, en castellano).

Los autores norteamericanos y europeos, el Borges revisado hasta las raíces familiares y hasta el sondeo psicoanalítico, no fueron sin embargo los únicos terrenos explorados por Rodríguez Monegal. El dominio de cuatro idiomas (castellano, portugués, francés, inglés), la vocación absoluta por la literatura, una habilidad y una velocidad como virtudes naturales para el periodismo, una voluntad de llegar a la convicción del lector, lo llevaron primero al profesorado en liceos de Montevideo y después a extenderse en el conocimiento y la difusión de muchos terrenos literarios cercanos. Profundizó en algunos autores de América Latina (como Pablo Neruda, Andrés Bello, Guimarães Rosa) y desde luego en los de Uruguay, con textos sobre José Enrique Rodó, Acevedo Díaz, Horacio Quiroga, Delmira Agustini, entre otros nombres mayores.

Parte de ello quedó en libros propios, pero ha sido también esencial su labor para revistas. A sus años de Marcha agregó las muchas colaboraciones en Número yFilm, su crítica de cine y teatro (particularmente en el diario El País), la fundación y dirección de Mundo Nuevo (en París), sus años de cátedra en la Universidad de Yale.

Una obra tan amplia y tan intensa, desplegada y a lo largo de cuatro décadas, merecía por lo menos una recopilación de textos todavía dispersos, y eso es lo que Ediciones de la Plaza (Montevideo) ha emprendido ahora, con un libro que se titula simplemente La obra critica de Emir Rodríguez Monegal, donde se recopilan muchas de sus notas. El primero de esos cuatro volúmenes, que aparece en estos días, comprende solamente el material sobre autores uruguayos.

Otro derivado de aquella obra es la edición de un suplemento cultural dedicado enteramente a esa larga tarea de crítico y ensayista. No es probable que las páginas siguientes digan algo novedoso a quienes fueron sus lectores de antaño, pero ya parecía necesario informar a quienes no lo fueron. En tal tarea, esta edición ha querido incluir los elogios y las objeciones, como el mismo Rodríguez Monegal lo habría deseado. Era un hombre discutido, con pronunciamientos que otros llegaron a combatir, y eso se ha querido reflejar en las páginas de esta edición. Como lo supieron los críticos de todos los tiempos, y los de la «generación del 45» en especial, la materia opinable genera a menudo una controversia áspera, pero es también un rico material educativo. Esa es la idea central de este suplemento, que sólo puede dedicar unas pocas páginas a una obra crítica notable, mientras Ediciones de la Plaza puede dedicarle cuatro libros completos, aunque no llegue a cubrirlo todo.

Homero Alsina Thevenet (El País Cultural, nº 207, 22/10/1993)