Ricardo Darín (Gonzalo Palermo)

 

“Somos víctimas de un sistema que nos oprime”

Este jueves se estrena en Uruguay Relatos salvajes, dirigida por Damián Szifrón y con Ricardo Darín encabezando un reparto de grandes actores argentinos como Oscar Martínez, Leonardo Sbaraglia, Darío Grandinetti o Erica Rivas.

“La nueva de Darín”. Esa es la denominación popular que casi sin excepción han tenido todas las películas donde el actor, de 57 años, ha participado de un tiempo a esta parte, seguramente con El secreto de sus ojos (2009) como punto clave. En segundo lugar quedan los directores (aunque sean los grandes nombres del cine porteño como Fabián Bielinsky, Pablo Trapero o Juan José Campanella, entre otros), los géneros (comedia, policial, drama) o las latitudes (España o Argentina). Es siempre Darín, primero, y después todo lo demás.

En medio de esto llega Relatos salvajes, donde Darín sigue siendo probablemente el gran atractivo para muchos pero rodeado hoy más que nunca de indiscutibles actores que, en muchas otras, hubieran sido protagonistas exclusivos. Y, también, de un director que tras haber dejado huellas en la televisión (con Los Simuladores) vuelve al cine casi una década después de haber estrenado Tiempo de valientes. Darín es el primero en poner la potencia de la película y las historias por sobre los nombres.

“La película es de alto impacto por donde la mires, te hace pasar por distintos estados. La mayor parte de la gente que va al cine busca esa sensación. Contando historias que están basadas en cosas verosímiles se puede hacer ficción y hablar de cosas que nos interesan y preocupan, y al mismo tiempo que eso no sea tedioso, que sea algo que te movilice. Esta película lo logra”, es lo primero que responde el actor a El País.

Un día antes de este encuentro hubo una conferencia de prensa y al término de esta charla Darín se irá a un conocido programa de televisión. Pero lejos del desgano parece, por el contrario, ansioso por hablar de todo.

Relatos salvajes reúne seis historias breves todas con repartos distintos que giran en torno a los mismos temas: venganza, descontrol e injusticia. A Darín le toca la historia titulada Bombita, donde encarna a un ingeniero experto en explosivos y padre de familia, que sucumbe una y otra vez ante la exasperante cadena burocrática que un día le lleva el auto presuntamente mal estacionado, al otro le hace pagar una multa y después lo manda de aquí para allá sin oír sus reclamos. Hasta que el hombre no lo aguanta más.

“El ciudadano común, que no es amigo de ningún juez ni tiene contactos privilegiados, se enfrenta todos los días de su vida, en algún momento, a un ninguneo, una falta de respeto, un avasallamiento, una humillación. Aunque más no sea estar parado esperando un ómnibus y que pare cincuenta metros más adelante”, señala el actor vinculando su papel con la vida diaria.

“Todos somos víctimas de un mismo sistema extraño que nos oprime y nos está extorsionando permanentemente”, opina. “La película detecta gérmenes de violencia e injusticia. En un cuento estás parado en un lugar y de golpe en el otro estás parado en un lugar diferente. Esa movilidad de la que nos hace partícipes hace que necesariamente tengamos que reflexionar”.

Descontrol

En todas las historias hay personajes que se salen de control al punto de llegar a la violencia física. Y Darín reconoce que en ocasiones no estuvo tan lejos de lo que ocurre en la película. “No me enorgullezco de perder el control, para nada, me da vergüenza. Lo he perdido varias veces y todas las veces que me pasó me sentí muy avergonzado y no me gustó nada lo que vi de mí, porque la imagen que vi está en la vereda de enfrente de lo que yo quiero para mí y para mi familia”.

Partiendo de situaciones con las que cualquiera se puede sentir identificado, Relatos salvajes aborda temas universales con humor y profundidad, un equilibrio difícil. La prueba: en Cannes la aplaudieron de pie durante varios minutos. Estas cuestiones hacen que cada tema de la película derive irremediablemente en un asunto social e inmediato.

“Suelo irme por las ramas y este es uno de esos momentos”, admite Darín, aunque el desvío no es gratuito. “Nos sensibilizamos cuando vemos una película o leemos un libro pero estamos todo el tiempo narcotizados. Si no lo estuviéramos no podríamos convivir con los miles de pibes que están en los semáforos con los mocos hasta las rodillas, a las cuatro de la mañana, cagados de frío, absolutamente abandonados por su familia, por el Estado, por todos nosotros. Nuestro problema se soluciona cuando subimos la ventanilla y el semáforo se pone en verde. Pero no nos sacamos el problema de encima, todo lo contrario; lo estamos postergando. Ese pibe abandonado mira para adelante y la vida no le ofrece nada bueno. ¿Por qué cuando se cruce conmigo y tenga un arma en la mano va a creer que mi vida es algo respetable, si yo no lo respeté nunca?”, reflexiona.

La película pone en escena pequeños estallidos personales de una gran bomba de tiempo que es la sociedad, donde hay de todo: desde los que acaban incinerados hasta los que terminan con la conciencia tranquila. “Estamos considerando natural lo que es común. Que sean comunes las cosas que pasan no significa que sean naturales”, advierte el actor. “Estamos en problemas, no sé exactamente qué es lo que tenemos que hacer, pero de verdad creo que la única salida es el amor. No solamente en términos de pareja sino en que nos quiera el Estado, quienes nos administran y la ciudad, para que nosotros podamos quererlos a ellos”.

En una sociedad que termina por acorralar muchas veces a las personas, la violencia surge como una respuesta casi animal. De ahí el título de la película. “La educación, el sentido común, la buena onda, de qué estás hecho, hacen que vos no quieras matar a un tipo que te putea, aunque lo sentís en un momento. Hay un componente salvaje, animal, primitivo con el que tenemos que convivir y al que tenemos bajo control”.

Responsabilidad

Frente a esta realidad, Darín, en tanto persona pública, reconoce su parte. “No hago todo lo que debería hacer en función de mi reclamo. Me justifico a mí mismo diciendo que no tengo tiempo y estoy ocupado. Encuentro una salida mínimamente humana haciendo algunas cosas pero yo sé que no es suficiente”.

Y en un plano masivo, el asunto de los medios y especialmente la televisión aparece en la conversación y Darín no duda en cargar las pilas en este sentido. En Bombita, las redes sociales y los medios juegan un papel importante, aunque no necesariamente positivo.

“¿Cómo un medio tan importante como la televisión tan pocas veces se dedica a contarnos cosas buenas y estimulantes? Generalmente está enfocada a contarnos catástrofes, estamos intoxicados de eso. Cuesta mucho tener una mirada transparente y amable así. Tiene que haber un cambio. El individualismo seguro que no es, porque contribuye más a la mezquindad que a ponerte en el lugar del otro. La gente más solidaria es la que menos tiene, ¿cómo puede ser eso? Cuando pasa algún desastre los que ayudan son los que no tienen nada, porque saben lo que es tener nada”.

Tal como están las cosas, para Darín es necesario un cambio radical en la forma de vivir en sociedad: “Hace falta una revolución cultural y de valores”.

Desafíos de mantener la fidelidad de una historia con intención comercial

La película es una coproducción entre Telefé, Kramer & Sigman Films y la española El Deseo, de Pedro Almodóvar. Esto le facilitó la tarea de trascender fronteras y al mismo tiempo su director, Damián Szifrón, logró, según Darín, mantener exactamente las ideas que tenía en su cabeza y llevarlas a la pantalla, algo que en el afán comercial muchas veces se pierde.

“Lo bueno de Damián es que no se traicionó a sí mismo en función de haberse asociado a una productora que persigue su fin que es hacer cosas que estén bien pero que den resultado. Es muy difícil que un director no se traicione a sí mismo y yo te juro que este tipo es de una fidelidad consigo mismo que no te deja pasar una”, contó el actor.

Como ejemplo de esto, y de la pericia de Szifrón, está el hecho de que varios detalles de filmación terminaron de resolverse mucho después de lo habitual. “Yo terminé de filmar y a los cuatro meses hicimos retomas; eso no existe, no hay productora que soporte eso. ¿Buscar de nuevo la locación, vestuario, la gente? Yo protesté cuando me vinieron a buscar diciendo que le faltaban unos planos. Dije, `¿eh? ¿Pero qué planos? ¿Me estás jodiendo? Hicimos doce millones de planos`. `Pero dice Damián que le están faltando unos planos y que si querés está el material a disposición para que lo veas`. Lo vimos y sí, tenía razón”.

El brillo de una no estrella

Darín tiene en su filmografía varios créditos en algunas de las películas más importantes del cine argentino de las últimas décadas, empezando por Nueve reinas y El aura de Fabián Bielinsky. Además, cuatro películas con Juan José Campanella incluyendo la ganadora del Oscar a Mejor película extranjera, El secreto de sus ojos. Pero toda la trayectoria y el reconocimiento es algo que Darín valora aunque no confunde con el estrellato. “El que se considera una estrella se debe mirar al espejo y debe sentir una especie de resplandor que sale del espejo, eso a mí no me pasa”, asegura con ironía.

Gonzalo Palermo (El País, 17/08/2014)