“Cometas sobre los muros” (Mariángel Solomita)

Generación nini: las causas del rebelde

Federico Pritsch tiene 27 años y estrenó su primera película, Cometas sobre los muros, protagonizada por un grupo de adolescentes que cursa tercer año de liceo. Nieto e hijo de docentes, la enseñanza y sus problemáticas fue una de sus inquietudes desde siempre.

Hubo otra película, la francesa Entre los muros (Laurent Cantet), que lo entusiasmó a planear un acercamiento al drama estudiantil desde el registro audiovisual, con el objetivo de poner la atención en el protagonista más débil de esta discusión: el alumno.»Me gustaba la idea de mostrar una situación compleja e ir armando a sus personajes de tal forma de poder mostrar los grises, los errores. El esfuerzo estuvo puesto en ponerse en sus zapatos, en traspasar la barrera del aula para saber un poco más quiénes son estos adolescentes aparentemente desinteresados por estudiar. Creo que la película al terminar deja más dudas que certezas», explica Pritsch, con un rostro cansado y ansioso. Cometas sobre los muros empezó a cranearse en el 2010, cuando tenía 23 años y acababa de terminar la carrera de Comunicación. Desde entonces guionó, produjo (junto a Noelia Torres), filmó (otros cámaras fueron Manuel Larrosa, Ignacio Guichón y Nicolás Rodríguez) y editó un material que sumaba 150 horas.

El documental se asumió desde La Criatura Fílmica, colectivo integrado por otros egresados. «El primer paso fue buscar una profesora de literatura que aceptara la propuesta. Elegimos Literatura porque es la materia que mejor predispone el diálogo con los alumnos sobre cualquier otro tema.» Quien aceptó fue Nancy, la protagonista adulta de este film. Mientras esperaban la aprobación de Secundaria para poder filmar, el equipo ganó tiempo organizando talleres de video con uno de los grupos de literatura de esta profesora en el Liceo 59, en el Prado. «Es un liceo público típico de Montevideo, donde en una misma clase conviven alumnos de distintas clases sociales y realidades. La idea era generar previamente al rodaje confianza y acostumbramiento con los alumnos y con sus familia al hecho de estar filmando, y a nuestro esquema de filmación».

Luego de dos años de talleres, en 2012 se concretó la posibilidad de rodar. El proyecto no había ganado aún ningún fondo (a mitad de su realización obtuvo el FONA y Montevideo Filma) que le permitiera tener un presupuesto, pero la facultad y Extensión Universitaria aportaron los equipos que faltaban. «Fueron 55 días de rodaje, entre marzo y diciembre del 2012. La clave fue ser muy pacientes, poder observar -dentro de las muchas situaciones simultáneas- dónde ciertas acciones aparentemente rutinarias se volvían trascendentes». A su vez los alumnos tenían la posibilidad de llevar una cámara a sus casas.

«Se dio de personajes que empezaron a ser protagonistas cuando decidieron filmarse. Esos videos los recibíamos como regalos; a veces nos encontrábamos con una escena cotidiana que condensaba la esencia de la problemática. En proporción, utilizamos mucho más de ese material que del que filmamos en el liceo.» Esta herramienta le aportó al film una enorme naturalidad en varias de sus escenas, y autenticidad narrativa: demuestra sin manipulación cinematográfica cómo el sostén familiar y las responsabilidades que los adolescentes tienen puertas adentro, influyen en la conformación de su carácter como alumnos. «Las formas de ser y vincularse en el aula son las puntas del iceberg de situaciones familiares e intereses personales bien diversos», agrega su director.

En un sentido más humanista, esos mismos registros personales muestran la otra cara de la adolescencia, la que recuerda que a esa edad el tiempo pasa de otra manera. El descubrimiento del amor, el sexo, los deportes, nublan las responsabilidades recordadas por ese mundo adulto, que les exige cumplir con el deber para ser más libres en un futuro que sienten demasiado lejano.

«Los adolescentes son los grandes ausentes de nuestro cine pero también de nuestros medios de comunicación. Son una generación señalada por el resto de la sociedad, incomprendida, estigmatizada, temida, casi siempre representada por otros, desde una mirada muy lejana a su propio mundo».

El montaje llevó un año, «hubo momentos de mucho miedo, de no encontrar una historia entre tanto material, porque no tenía una estructura clara ni personajes con arcos dramáticos típicos. La estructura la fui armando por conceptos, al ir asociando cosas que le pasaba a un personaje en el salón y ver qué sucedía en su casa. La lógica que seguí fue que un personaje le pasa la posta a otro. En ese período nos ayudaron mucho con sus devoluciones Alicia Cano y Álvaro Buela».

Cometas sobre los muros viene precedida de una excelente serie documental dirigida por Federico Veiroj, Primera persona, que le dio voz e imagen a un grupo de jóvenes. Este documental genera en el espectador la misma sensación: sorpresa ante la renovación de sus códigos y lógicas, comprensión de sus confusiones y cierta nostalgia al recordar cómo y quiénes creíamos ser a esa edad. Y conocimiento, ese que quizás falta para entender mejor «por qué la educación y su adaptación a la contemporaneidad es uno de los grandes problemas de nuestro país».

Cometas sobre los muros” Uruguay, 2014. Director: Federico Pritsch. Duración: 76’

Mariángel Solomita (Sábado Show, 16/08/2014)